Categoría: Temas sociales y políticos

Las autonosuyas: Cuando la realidad supera la ficción

http://pccine.blogspot.com/2010/05/ver-pelicula-las-autonosuyas-online.html . En este vínculo puede verse en el ordenador la película de 1983  «Las autonosuyas» de Fernando Vizcaíno-Casas. Creo que en aquel momento todos nos reíamos de las ocurrencias de un personaje que era visto como de los ya entonces escasos recalcitrantes del franquismo.

27 años después, en 2010, tenemos otro vídeo http://www.youtube.com/watch?v=TbCm4iC8vd8 que es casi idéntico a una secuencia de la película «Las autonosuyas». Hay, eso sí, una diferencia: En «Las autonosuyas» era una parodia mientras que el actual es una triste, cara y estúpida realidad. Probablemente Vizcaíno Casas se veía a sí mismo como un humorista y no como un profeta pero hemos llegado a que la parodia se convierta años después en realidad aunque, ahora como entonces, muchos lo veamos igual de necio.

Índice global de innovación

Todos los años, INSEAD publica un índice con distintos parámetros para definir cuál es el grado de innovación por países:

Índice de innovación.

Dentro de que el resultado español no sea especialmente bueno, quedando de modo global en el número 30, hay algunas partes que lo hacen preocupante como, por ejemplo, la eficiencia del marco legal dentro del ámbito de los negocios donde se desciende hasta el puesto 67 :

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=1.3&countryid=109

Esto significa que, en ese capítulo específico, España queda detrás de países tan señalados por la calidad de sus instituciones como Ghana, Zambia, Mali, Malawi, Tanzania, Azerbajan, Arabia Saudí, Marruecos o Nigeria.

Si cambiamos de índice y vamos al peso que impone el marco regulatorio, la cosa es peor todavía. No estamos en el lugar 30 sino en el 107 inmediatamente detrás de países como Bolivia, Burundi, Costa de Marfil y Camerún:

http://www.networkedreadiness.com/gii/main/analysis/showdatatable.cfm?vno=2.2&countryid=109

Es peor todavía el índice referido al tiempo necesario para poner en marcha un negocio y, en este entorno, varios datos que sorprenden:

En calidad de las escuelas de negocios estamos en el sexto lugar mientras que en calidad del sistema educativo caemos a plomo hasta el puesto 77, detrás de Rumanía, Ghana, Lesotho, Etiopía, Malawi, Senegal, Nigeria, etc.

Parecería contradictorio, si no fuera por la observación de que las escuelas de negocios españolas tienen cada vez más extranjeros tanto entre los alumnos como entre los profesores. A lo mejor, nos estamos acercando a la triste situación de que el español medio salido del sistema educativo de su país no da el nivel suficiente para acceder a las escuelas de negocios del propio país que, mientras eso sea así, prefieren mirar hacia fuera. Tampoco hay que extrañarse demasiado cuando en buena parte del país se tienen serios problemas para estudiar en español -con el consiguiente deterioro del dominio del idioma- y hoy mismo había una sesión del Senado donde Sus Señorías se entendían a través de un dispositivo de traducción simultánea a pesar de tener todos ellos un idioma común que, al parecer, les resultaba molesto. Si esto lo llevamos al terreno de los contenidos, encontraremos fenómenos similares: Al colegial catalán el río Guadiana y su desembocadura en Ayamonte les sonarán a chino mientras que al colegial andaluz le ocurrirá lo propio con el Ebro y su nacimiento en Fontibre, cerca de Reinosa mientras que el madrileño sabrá describir con detalle el curso del Manzanares pero no el del Tajo.

No es un fenómeno exclusivo español. En Guatemala pueden encontrarse, en pueblos situados en las islas del lago Atitlan, indigenistas que defienden el uso de lenguajes específicos de esos pueblos y la eliminación del español. Naturalmente, si el intento triunfa, eso significa que los habitantes de estas islas no pueden salir de ellas porque sus padres y sus políticos les han impuesto una condena que se parece mucho a una pena de prisión. Tal vez sea por eso que Guatemala es uno de los ya no muchos países que todavía está por debajo de España en el terreno educativo pero hay que mantener la esperanza: Si se quedan quietos unos años, los alcanzaremos.

Animo a quien vea este comentario a que entre en los vínculos y saque sus propias conclusiones sobre dónde estamos y hacia dónde vamos.

¿Qué clase de reforma laboral se necesita?

Después del discutido anuncio de los recortes en pensiones y en salarios en la Administración Pública, llega ahora el turno de la reforma laboral. Quizás alguien se pregunte por qué se puede discutir tanto cuando hay una realidad y es el hecho de que no hay dinero suficiente. La respuesta es muy sencilla y se puede resumir en una sola palabra: Ejemplaridad.

Cuando alguien pide sacrificios, pierde toda legitimidad para hacerlo si, a su vez, no lo hace en las cosas que le tocan más de cerca. Hay muchos ejemplos e incluso un periódico Internet ha sacado una especie de juego con el título «Zapatero nos necesita»(http://especiales.libertaddigital.com/recorte-zp/)  invitando a sus lectores a elegir en qué terrenos se deben hacer recortes presupuestarios. Es posible que haya que bajar sueldos, es posible que haya que congelar pensiones e incluso es posible que haya que aumentar impuestos y, sin embargo, todo ello sigue siendo discutible porque:

  1. La crisis que hoy se vende con tintes trágicos y requiriendo el esfuerzo de todos fue negada hasta la víspera de las elecciones generales, como puede verse todavía en los videos del debate Solbes-Pizarro en Youtube.
  2. Las autonomías son un auténtico pozo sin fondo de recursos aunque la deuda es del Estado o, dicho de otra forma, el despilfarro absurdo de cualquier autonomía, consentido desde el Estado central por razones electoralistas,  lo pagamos todos y no sólo los que residen y votan en ella.
  3. Hay costosísimos sacos de corrupción como el PER, que nadie se ha atrevido a reformar ni menos aún a quitar por el impacto electoral que habría tenido cualquier acción en ese sentido.
  4. Existen ministerios completamente absurdos con su correspondiente dotación de recursos y altos cargos que podían estar mejor empleados en otros lugares. Lo mismo puede decirse de los centenares de asesores que pueden encontrarse en la propia presidencia del Gobierno o en ayuntamientos como el de Madrid.
  5. Los partidos políticos y los sindicatos  viven del presupuesto, es decir, de todos en lugar de hacerlo de las cuotas de sus afiliados,  habiendo dado lugar a formas de vida: El político o el sindicalista no son ya profesionales que circunstancialmente se dedican a la política o al sindicato y si, en un momento, no están de acuerdo con lo que hacen sus jefes de filas, simplemente se marchan. Son, incluso a niveles bastante bajos profesionales de la política o del sindicato e intentan sacar el máximo de su profesión en términos económicos, de poder o ambos. Ese cambio ha dado lugar a un nuevo perfil, considerablemente más bajo, tanto del político como del sindicalista promedio.
  6. Se derrocha dinero a manos llenas en capítulos completamente absurdos, desde la subvención a películas que jamás llegan a una sala de cine, equipos de traducción en el senado para que puedan entenderse entre sí personas que tienen como lengua común y nativa la oficial en todo el Estado hasta grupos nacionales o extranjeros sin más razón que la afinidad con el gobierno de turno y la vanidad de éste de poder ejercer de dadivoso con otros que estén todavía peor.
  7. Se saca a centenares de inspectores de Hacienda de su labor de persecución de operaciones en paraísos fiscales para dedicarse a la persecución de PYMEs y autónomos y se tocan las rentas del trabajo pero no las SICAV.

Probablemente, algunos de estos capítulos tienen una importancia cuantitativa menor pero lo que no es menor es el carácter de ejemplaridad. Del mismo modo que en una empresa no se puede llamar a la austeridad y decir que se van a bajar las dietas y bajar la categoría de los hoteles en los viajes profesionales a la vez que la dirección continúa haciendo ostentación de todo tipo de gastos suntuarios, en el Estado tampoco y con mucha mayor razón. Éste es el capítulo que se lleva varios días discutiendo y se seguirá discutiendo con sobrada razón por la falta de legitimidad que conlleva la falta de ejemplaridad en la conducta de quien pide sacrificios. Ahora viene la segunda parte: La reforma laboral.

Michael Porter, conocido gurú de la estrategia en la Harvard Business School, identificó hace años los conceptos de barrera de entrada y barrera de salida pero, aunque no lo hizo totalmente explícito en su modelo, quedaba bastante claro que no eran conceptos independientes sino que tenían una estrecha relación entre sí: Si un negocio tiene una barrera de salida muy elevada, es dudoso que haya mucha gente que invierta en él porque, si las cosas salen mal, puede perder hasta la camisa. Aunque venga de Harvard y los conceptos tengan nombres tan sonoros como «barreras de entrada» o «barreras de salida», esto no es otra cosa que el más elemental sentido común. ¿Qué ocurre si nuestro «negocio» consiste en contratar a alguien? ¿No seguiremos la misma lógica? ¿No nos lo pensaremos más cuanto mayores sean las «barreras de salida»?

En la dialéctica al uso de sindicatos y del gobierno actual, se habla de que las reformas no deben «recortar los derechos de los trabajadores». Sea; no los recorten. El principal derecho de un trabajador es, precisamente, el derecho al trabajo y mediante el mantenimiento de un trato de privilegio a algunos, están dificultando el ejercicio a ese elemental derecho por parte de casi cinco millones de personas. En «Camino de servidumbre» (https://factorhumano.wordpress.com/2009/12/09/camino-de-servidumbre-de-friedrich-a-hayek/) Hayek ya avisaba de que el nazismo sobrevino precisamente por la creación de castas privilegiadas por parte de los gobiernos alemanes de la época en estos términos:

El conflicto entre el fascista o el nacionalsocialista y los primitivos partidos socialistas tiene que considerarse, en gran parte, como uno de aquellos que es forzoso surjan entre facciones socialistas rivales. No había diferencia entre ellos en cuanto a que la voluntad del Estado debía ser quien asignase a cada persona su lugar en la sociedad…pero, mientras los viejos partidos socialistas o las organizaciones laborales dentro de ciertas industrias no encontraban, generalmente, mayores dificultades para llegar a un acuerdo de acción conjunta con los patronos en sus respectivas industrias, clases muy amplias quedaban marginadas. Para ellas, y no sin alguna justificación, las secciones más prósperas del movimiento obrero parecían pertenecer a la clase explotadora más que a la explotada.

¿No le suena a conocido esto a cada uno de los casi cinco millones de parados o a la cantidad de personas que tienen contratos precarios, vía ETT, temporales, por obra o servicio o como falsos autónomos cuando no directamente sin contrato alguno? Cuando sus «defensores» tienen su puesto blindado ya que, incluso en el caso de un ERE (expediente de regulación de empleo) en la empresa en la que ellos están en calidad de «liberados», a ellos no se les puede tocar e incluso su sindicato se lucrará con el ERE.

Los «parias de la tierra» de la Internacional no son los trabajadores de los que se dice que no se quieren recortar sus derechos sino aquéllos que los tienen recortados desde hace bastante tiempo y éstos no están representados.  ¿Por qué en España, a diferencia de otros países, se empieza a crear empleo sólo cuando el PIB está creciendo por encima del 3%? ¿No dice eso nada? Está claro que sí; dice que, puesto que la barrera de salida es muy elevada, no se contrata si no se está muy seguro de que las cosas van a ir razonablemente bien al menos en el medio plazo. No existen los derechos de «los trabajadores». Hoy, más que nunca, se puede decir que existen derechos «de unos trabajadores» que entran en conflicto con los derechos «de otros trabajadores» , fundamentalmente los de los trabajadores en desempleo.

Que hay que tener un modelo laboral más flexible y no sólo en el apartado de coste de despido sino en muchas más cosas es algo que hoy debería ser difícilmente discutible y, sin embargo, continúa siendo discutido por organizaciones que, ante todo, se defienden a sí mismas y a los privilegios graciosamente otorgados con el dinero ajeno, es decir, el nuestro. Que los sindicatos y los partidos políticos tienen una utilidad es algo difícil de dudar; otra cosa es que «estos» sindicatos y «estos» partidos políticos la tengan. Unos y otros se arropan con el manto de los intereses generales cuando, a estas alturas, parece bastante claro que los únicos intereses que les preocupan son los suyos propios.

La imaginería sindical al uso en España no funciona para mucha gente que ha visto hasta donde se puede llegar por el camino de favorecer a los amigos y seguir un camino marcado por la ideología sin permitir nunca que la realidad estropee la película que cada uno se haya montado. Quizás de esta etapa se pueda sacar algo positivo: La vacunación contra la demagogia y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Los excesos, lamentablemente, siempre han provocado un movimiento pendular; en un momento en que la defensa de los intereses propios casi ha llegado a romper el péndulo, es difícil saber cuál será la intensidad del próximo movimiento pero hemos aprendido que Scott Adams no acertó en «El principio de Dilbert» cuando dijo que el trabajador que no funciona es desplazado al lugar en que menos daño puede hacer, es decir, a la dirección de la empresa. Quien no lo supiera antes, tiene ya suficientes elementos de juicio para saber que los Nerón y los Calígula son más peligrosos cuanto más poder tienen y, antes de apoyarlos pensando en sus propios intereses, a lo mejor había que mirar un poco más allá pero esto parece estar más allá del alcance de la casta político-sindical que actualmente tiene en sus manos algo tan serio como el modelo laboral y el derecho al trabajo de los casi cinco millones de personas convertido en papel mojado por incompetentes y rufianes propios y ajenos.

Nos jugamos mucho y no es seguro que las personas que se supone van a negociar una reforma laboral sean conscientes de ello y si, en caso de serlo, les importa lo más mínimo.

«Intellectuals and Society» de Thomas Sowell

No es el mejor Sowell. El mismo tema lo había tratado de una forma más breve en un libro anterior,  «The vision of the anointed», que probablemente va mucho más a los puntos clave que éste. Sowell es un defensor sin complejos del liberalismo («ultraliberal» lo llamarían los que ven mal al liberalismo) pero que, al igual que su mentor Hayek, no concibe el liberalismo como la vieja receta del laissez faire sino que implica mucha actividad para asegurarse que todos respetan las reglas del juego.

En «Intellectuals and Society» nos pinta un tipo de personaje que está dispuesto a hablar de cualquier cosa -como un tertuliano con pedigree- sin asumir jamás ninguna responsabilidad por lo dicho o hecho y, sobre todo, inmune a la experiencia.  Como siempre ocurre con Sowell, el libro tiene muchas ideas que valen la pena pero, en algunos casos, se le va la mano y comienza a actuar de una forma que hace que se le pueda atribuir a él la idea de «intelectual» con la connotación negativa que implica. Para Sowell, en este contexto, la definición de intelectual es la siguiente:

Aquí, por intelectual se entiende una categoría ocupacional, gente cuyas ocupaciones tienen que ver sobre todo con ideas -escritores, académicos y demás-. Muchos de nosotros no vemos a los neurocirujanos o los ingenieros como intelectuales a pesar del intenso trabajo mental que cada uno precisa…en el fondo de la noción de intelectual está el concepto de vendedor de ideas -no aplicación personal de las ideas como podría ser el caso de un ingeniero que aplica complejos principios científicos para crear estructuras físicas o mecanismos…El trabajo del intelectual comienza y trabaja con ideas, a pesar de lo influyentes que hayan podido ser esas ideas sobre cosas concretas en las manos de otros. Adam Smith nunca dirigió un negocio ni Karl Marx gestionó un Gulag. Eran intelectuales.

Sowell utiliza ejemplos de personajes como Sartre y su posición pro-Stalin y cómo jamás modificó sus planteamientos a pesar de que la realidad parecía invitar a ello o los numerosos personajes que, en vísperas de la II Guerra Mundial proclamaban la necesidad de un desarme unilateral como forma de que Hitler no se considerase amenazado y, por tanto, desapareciera la amenaza de guerra.

Sin embargo, aunque el tipo sea fácilmente reconocible en los términos en que Sowell lo describe, como alguien que se considera parte de una elite y que no acepta las limitaciones de las leyes a las que quiere evitar por vía interpretación libre y que, por supuesto, piensa que la sociedad estaría mejor organizada si, en lugar de dejar a cada uno que decida sobre su propia actuación, ésta es dirigida por los que «saben» que es lo que se requiere y están dispuestos a imponer sus recetas, todo esto ya estaba en «The vision of the anointed». Sin embargo, hay dos puntos en que se le va definitivamente la mano:

  1. La generalización: Cierto que hay muchos personajes prominentes que son inmunes a la realidad -no sólo entre los intelectuales tal como los define Sowell- pero, en particular, se dedica a lanzar dardos a un personaje que no sólo no fue inmune a la realidad sino que ésta le hizo cambiar completamente sus planteamientos: Bertrand Russell. En el terreno político, tiene muy poco que ver el Russell de los años 20 con el Russell posterior a la Segunda Guerra Mundial donde había visto los efectos e incluso había visitado las famosas «aldeas Potemkin» y, como consecuencia, alteró por completo sus posiciones iniciales. No todos han hecho lo mismo pero, tal vez, habría que introducir también el factor de honradez intelectual. No todo el mundo la tiene en el mismo grado.
  2. La negación de la contribución positiva. A pesar de que él mismo da ejemplos de personajes que han tenido una contribución, a través de las ideas, sobre las actuaciones de otros, no siempre esa contribución ha de ser necesariamente negativa y, si así fuera, nos veríamos obligados a preguntarle a Sowell qué opina de su propio papel y de la incidencia que éste pueda tener en el pensamiento económico y social. Puesto que Sowell acusa a los «intelectuales» de salirse de su ámbito de conocimiento, lo mismo le sería aplicable a él cuando comienza a tocar temas como la organización social, a menos que arbitrariamente decida ampliar el ámbito de la economía también a estos asuntos, en cuyo caso quedaría definitivamente inscrito en la casta de «intelectuales» que denigra.

En suma, piezas brillantes pero dentro de un conjunto deslucido. El original, «The vision of the anointed», resulta mucho más aconsejable como lectura.

La beatificación de Mario Conde

¿Es casualidad que la apología de Mario Conde se produzca en un momento en que las dudas sobre la incompetencia de Gobierno y oposición van dejando de ser dudas y pasando a ser certezas? ¿Es un primer paso para lanzarse de nuevo a una carrera política aprovechando la ausencia de alternativas creíbles por uno y otro lado?

Mario Conde y sus portavoces mediáticos no nos dicen nada nuevo cuando desvelan que detrás del caso Banesto hubo una maniobra política de gran envergadura. Sin embargo, es mucho más difícil sostener que Mario Conde aterrizó en la cárcel EXCLUSIVAMENTE por causas políticas y que no había metido la mano en la caja.

Uno, Felipe González, temía a Mario Conde como oponente en un momento en que los escándalos de corrupción le saltaban por todas partes; otro, José María Aznar, acababa de conseguir librarse del padrinazgo de Fraga y temía a Mario Conde como eventual sustituto. Ambos, por tanto, tenían motivos para desear la caída de Mario Conde pero eso no convierte a éste en inocente de toda culpa.

Mario Conde puede quejarse, con razón, de que con él se cometió un agravio comparativo ya que otros Bancos, fundamentalmente el entonces Banco Hispano Americano, se encontraban en una situación completamente crítica pero la amistad de su entonces presidente, Claudio Boada, con Carlos Solchaga y su grupo llevó a que los tratamientos de los casos Banesto e Hispano fueran radicalmente distintos.

La entrada de Mario Conde en Banesto fue una maniobra magistral: Banesto era un Banco ineficiente con una plantilla con la edad media más elevada de toda la Banca y cuyos pobres resultados hacían que sus acciones estuvieran valoradas a la baja. Sin embargo, el grupo industrial que había detrás tenía una dimensión mucho mayor de lo que podía pensarse por el valor de las acciones en el mercado, o sea, Banesto era el candidato ideal para una OPA hostil encaminada a trocearlo. Al vender piezas del grupo industrial a precio de mercado, mucho más elevado que el valor contable que reflejaba el valor de adquisición mucho tiempo atrás, eso podía transformarse en una máquina de hacer dinero durante bastantes años. Por añadidura, la elevadísima edad media de la plantilla permitía un cambio total hacia un modelo mucho más eficiente de funcionamiento sin necesidad de ningún tipo de soluciones traumáticas sino, simplemente, recurriendo a prejubilaciones de verdad, no de las que se comenzaron a hacer poco más tarde afectando a personas por debajo de los 50 años.

Mario Conde tuvo una gran perspicacia cuando se dio cuenta de qué era realmente Banesto y su enfrentamiento con el poder comenzó porque alguien más se había dado cuenta de lo mismo: José Ángel Sánchez Asiaían, entonces presidente del entonces Banco de Bilbao, quien quiso comprar Banesto contando con todas las bendiciones del poder político del momento. La negativa de Mario Conde a aceptar la compra de Banesto por el Banco de Bilbao sería el inicio del enfrentamiento que, en su primera fase, concluyó con su llegada a una cárcel en la que el régimen penitenciario debía ser lo suficientemente relajado como para permitir verle, mientras estaba encarcelado, comiendo en una conocida arrocería de los alrededores de Madrid. Aclaro que esto último nadie me lo ha dicho; estaba en la mesa contigua a la mía.

Si repasamos la historia de Banesto durante la época de Mario Conde, encontraremos que los beneficios que daba Banesto no procedían de su actividad bancaria sino del capítulo de «atípicos», es decir, de la venta con gran beneficio de una serie de empresas del grupo industrial y del reparto del dinero. Al parecer, maniobras políticas aparte, una parte de ese dinero no llegó nunca a los accionistas sino que se quedó en el camino y ésa fue la causa de la condena aunque, lamentablemente, tengamos que coincidir con Mario Conde en que eso le habría salido gratis si hubiera tenido las amistades convenientes y no hubiera estorbado los intereses políticos de los que tenían en su mano los resortes del poder para imponerlos.

La hagiografía de Mario Conde ha sido emitida por un medio que se identifica a sí mismo como «la derecha en España». A cualquiera le puede sorprender un mensaje publicitario que coloca a Sarkozy como «la derecha en Francia», a Merkel como «la derecha en Alemania» y, sin embargo, cuando llega a España no identifica a Mariano Rajoy como «la derecha en España» sino que se identifican ellos mismos como tales. Como en este ámbito nadie da puntada sin hilo, no podemos pensar que esa atribución o falta de atribución sea accidental sino que, de una forma absolutamente transparente, nos están diciendo que no consideran a Mariano Rajoy el líder de la derecha en España…y probablemente coincidan en la apreciación con muchos miembros del PP. Si esto es así ¿cuál es la alternativa a Rajoy?

Desde una posición de alguien que se considera «la derecha en España» no cabe pensar en que la solución venga de un recambio de Zapatero que haga dar un giro de 180 grados (360 que diría Ana Mato) a la política del PSOE. Si hablamos de un partido emergente como UPyD, mucha gente no afín al PSOE puede coincidir al 100% con el mensaje de Rosa Díez y mucha gente que sí es afín al PSOE pero no a Zapatero también. Sin embargo, es una alternativa más que dudosa. En primer lugar, el sistema electoral español favorece a los grandes partidos y a los que tienen su voto concentrado en pocas circunscripciones y un partido nacional minoritario tiene unas posibilidades mínimas. Sin embargo, no es éste el problema más grave: En la remota hipótesis de que UPyD llegase a alcanzar un número de votos que le permitiese ejercer como bisagra ¿contribuiría UPyD a limpiar el sistema o la diversidad de procedencias y tendencias de sus miembros haría que asistiéramos a una subasta del voto pudriendo todavía más el sistema de lo que ya lo está? Por último, UPyD es básicamente de izquierdas y muchos de sus miembros lo utilizan como una especie de «PSOE en el exilio» que espera la caída de Zapatero para volver a su papel de «senadores romanos» una vez desaparecidos Calígula y su caballo.

En estas condiciones ¿cuál es la apuesta de Intereconomía o, como ellos se califican, «la derecha en España»? Un líder de la derecha que pueda representar una alternativa a Rajoy y que pueda recoger a militantes y votantes descontentos con su acción o su inacción. Algunos no ocultan sus preferencias para ese papel por Esperanza Aguirre pero ésta no se ha decidido a dar el paso definitivo; además, Esperanza Aguirre, como ella misma reconoció cuando le preguntaron por su valoración en las encuestas, tiene adhesiones incondicionales y enemigos mortales. Alguien con un perfil intelectual más alto que una persona que no había leído a la famosa escritora «Sara Mago», como Esperanza Aguirre, pero con unos principios liberales igualmente sólidos  y dispuesto a defenderlos sin complejos sería una opción ideal. Exigir que, además,  fuera honrado sería ideal pero utópico.

A estas alturas, creo que somos muchos los convencidos de que el sistema político se sustenta en la doctrina MAD (Mutual Assured Destruction) que consiguió la paz en la época de la guerra fría. Nadie asciende en el escalafón de un partido si tal partido no tiene los recursos para, cuando le sea necesario, poder destruir al que se ha convertido en molesto. Es posible que alguien más optimista que yo piense que no es así; en tal caso, no estará de más recordar que las filtraciones que descabalgaron a Borrell de su puesto de candidato a la presidencia nacieron dentro del PSOE y, por idéntica razón y con idéntico origen, tenemos en estos días las informaciones que van saliendo encaminadas a la caza y captura de Bono con la finalidad de anularlo como alternativa. A alguien dentro del PSOE y partidario de Zapatero, si no él mismo, le puede venir bien liquidar políticamente a Bono y a alguien, que se autodefine como «la derecha en España», le puede venir bien publicar esa información para que no se produzca el relevo de Zapatero en el PSOE en la forma de un personaje que pudiera tener algún tirón populista. Por supuesto, al igual que en el caso de Conde, el hecho de que Bono sea atacado por motivos políticos no presupone en modo alguno su inocencia.

Con todo este cóctel ¿qué nos queda? Mario Conde. Mario Conde fue víctima, además de sus propias acciones, de una maniobra política en la que convergieron los intereses de las cabezas de los dos grandes partidos. Ahora, paradójicamente, nos lo quieren beatificar por idéntico motivo: Necesidad de buscar urgentemente un recambio tanto en el liderazgo de la derecha como en el de la izquierda.

Sanciones de tráfico y más que dudosa constitucionalidad

Hace algún tiempo  me comentaron algo que me pareció increíble y tomé nota para, en caso de que fuera real, llegar hasta donde hiciera falta, incluso al Tribunal Constitucional aún sabiendo que decisiones pasadas e indecisiones presentes hacen que, por decirlo suavemente, no se encuentre en su momento de mayor prestigio. La cosa era que una infracción de tráfico cometida sin ir al volante de un vehículo que exigiera carnet de conducir podía, igualmente, suponer puntos en el carnet de conducir.

La objeción que se puede hacer es absolutamente clara: Supongamos que voy conduciendo una bicicleta -que no requiere carnet de conducir- y me salto un semáforo. Me tropiezo con un guardia urbano de la variedad normópata y decide que me va a sancionar y que la sanción me va a suponer pérdida de puntos en el carnet de conducir. Supongamos que en el mismo momento otro ciclista actúa de idéntica manera y el guardia le sanciona también a él pero, puesto que no tiene carnet de conducir, la misma acción tiene una sanción distinta en uno y en otro caso.¿Dónde está la lógica?

Pues bien, ahora sale el nuevo Código Penal que establece que, en determinadas situaciones como conducir con una alta tasa de alcohol en sangre, una de las sanciones asociadas es la confiscación del vehículo. Supongamos tres posibilidades:

  1. Voy conduciendo pero el coche no es mío o es alquilado.
  2. Voy conduciendo y el coche es mío pero es un cascajo que estoy encantado de que me quiten de encima.
  3. Han pillado a Cristiano Ronaldo conduciendo un Ferrari recién comprado y a su nombre.

Idéntica situación. ¿Puede el Código Penal establecer sanciones distintas para el mismo acto en función de quién lo cometa? Si todos somos iguales ante la ley, parece que no. ¿No tienen nada que decir a esto ni la férrea oposición ni el prestigioso Tribunal Constitucional? ¿Tendrá alguien que llegar hasta Estrasburgo para intentar restablecer la cordura?

Google: Decisiones con significado político en empresas privadas

Aparece hoy la decisión de Google sobre la autocensura exigida por China y a la que, finalmente, Google ha decidido negarse:http://www.pc-actual.com/Actualidad/Noticias/Google-pone-fin-a-la-censura-china

No puede sino darse la enhorabuena a Google por una decisión que, en el corto plazo, seguro que va a afectar negativamente a su cuenta de resultados -la renuncia al mercado chino- pero que ha puesto el principio de la libertad de información de sus usuarios por encima de la rentabilidad. A lo mejor, al final resulta cierto que son distintos de Microsoft y no intentan simplemente establecer un monopolio de facto y hay algo más. Ojalá sea así.

No es la primera vez que una empresa toma o se ve obligada a tomar decisiones interpretables en un sentido político. En España, hace algún tiempo tuvimos el caso Air Berlin donde, para vergüenza de las empresas españolas, tuvo que ser una empresa alemana la que diera un puñetazo en la mesa cuando, dentro del intento de eliminar el español por algunos gobiernos autonómicos,  pretendían obligarla a utilizar el catalán en lugar del español, idioma oficial en toda España por el momento.

En Cuba todavía está pendiente la controversia que trajo la famosa ley Helms-Burton que trataba de boicotear en Estados Unidos a las empresas con negocios en la Cuba castrista y hace sólo unos días hemos podido escuchar amenazas a las empresas españolas en Venezuela a cuenta de las acusaciones de colaboración con ETA.

Si muchas empresas mostrasen los principios de actuación que hoy muestra Google, la vida sería mucho más difícil para las dictaduras de cualquier signo, izquierda, derecha o nacionalista.

La otra cara del cambio climático

En Youtube puede encontrarse un documental, en su día emitido por Telemadrid, dividido en varias partes. Ésta es la primera: http://www.youtube.com/watch?v=D-cXe0HHaZ8 y deja claro que cuando un asunto de carácter científico es utilizado por los políticos, se produce un fenómeno parecido al rey Midas…éste transformaba todo lo que tocaba en oro mientras que aquéllos transforman todo lo que tocan en algo mucho más maloliente y menos valioso que el oro.

El punto principal sostenido por el documental es que, a la vista de los datos disponibles, la idea de que el calentamiento está causado por el CO2 que, a su vez, proviene de la actividad humana no tiene un origen científico sino político y da argumentos científicos bastante razonables para pensar que el documental puede estar en lo cierto, incluso antes de conocer las falsificaciones de datos que salieron a la luz gracias a la actividad de un hacker por parte de los defensores de la teoría del cambio climático.

Ésta es una parte del documental, en el que aparecen científicos supuestamente vinculados al IPCC a pesar de que dimitieron por no estar de acuerdo con las conclusiones o con la censura de datos o conclusiones producidos en esa organización. La idea que se transmite es que el clima está cambiando constantemente y que un factor infinitamente más importante para determinar el clima que el CO2 es la actividad solar y sus variaciones.

La otra parte es menos agradable: El documental critica a los partidarios de la teoría del calentamiento global como políticos ejerciendo de falsos científicos pero parece que sus autores han decidido combatir al fuego con fuego y también se realizan críticas y valoraciones de tipo político y, al entrar en ese terreno, se omiten algunos datos de carácter científico porque tanto partidarios como detractores de la idea del calentamiento global están ya en el trazo grueso y en el navajeo político más que en tratar de averiguar qué hay de cierto en todo esto.

Se puede estar de acuerdo en que el registro de temperaturas no llega más allá de principios del siglo XX, se puede estar de acuerdo en que hay un sesgo de los datos por haberse cerrado algunas de las estaciones de observación situadas en Siberia y que contribuían a bajar la media global pero, si es así, la teoría del cambio continuo no es ni más ni menos respetable que la del calentamiento. Si recursos como el análisis del hielo polar permiten establecer con certeza la existencia de cambios a lo largo de toda la vida del planeta ¿qué importancia tienen los registros y el hecho de que sean recientes? ¿Es realmente necesario tratar de convencernos ahora de que la malaria no es una enfermedad tropical porque hubo una epidemia en Arkangel a principios del siglo XX? Parece que todo vale para criticar al contrario, incluso cuando la critica pueda dejar en evidencia lo poco consistente de algunos argumentos propios.

La conclusión sería que es un documental que hay que ver. Los argumentos científicos parecen sólidos y muestran la debilidad de la teoría del calentamiento global que, efectivamente, parece provenir más del activismo político que de la ciencia o de un movimiento ecologista ajeno a la política. Es una pena que, junto con esos argumentos científicos, también se aproveche la ocasión para entrar en la batalla política. O ciencia o política; las dos cosas juntas hacen muy mala mezcla sea cual sea la querencia política de quien intenta tal mezcla.

¿Hablamos de crisis económica o de crisis de principios?

Hace pocas semanas, Carmen Posadas publicaba un artículo sobre «el pensamiento en pack»:http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=4947&id_firma=10572. En el artículo, se quejaba de algo que cualquier observador de la realidad reciente española puede atestiguar: En el momento en que un partido toma posición por algo, ese algo pasa a ser «de derechas» o «de izquierdas» aunque, en principio no tenga absolutamente nada que ver con la política.

Siguiendo esa absurda lógica, ya hemos visto que los trasvases son de derechas y las desaladoras de izquierdas, las nucleares de derechas y los molinillos de izquierdas, alejar un barco de la costa es de derechas y llevarlo a puerto de izquierdas, empurar a Garzón es de derechas y cubrirlo es de izquierdas, criticar la ley del aborto es de derechas y apoyarla de izquierdas e incluso podríamos llegar al máximo despropósito de que algo pueda ser alternativamente de derechas para pasar a serlo de izquierdas: Mantener a Montes en su puesto en el hospital de Leganés pasó en un tiempo record de ser de derechas a ser una exigencia irrenunciable de la izquierda.

Clamar por la igualdad de la mujer y llevar principios de discriminación positiva incluso al Código Penal al tiempo que se acepta que, en otros sitios o a veces aquí mismo, en nombre del relativismo cultural sigan dándose prácticas como la ablación del clítoris, clamar porque la pareja homosexual se denomine «matrimonio» para normalizarla más al tiempo que se calla ante países donde se ejecuta a homosexuales simplemente por serlo, atacar a unos dictadores mientras se ejerce de alfombra con otros, no menos repugnantes que los primeros, porque dicen ser de otro signo…podríamos continuar y no acabaríamos con las contradicciones que dejan en evidencia que los políticos o sus lacayos cuando incurren en ellas, lo hacen porque no les importan los principios y lo que defienden son sus intereses particulares.

Los principios son una excusa como muestra claramente su utilización selectiva. Si son principios, lo son siempre; si unas veces se invocan y otras, en que sería de aplicación idéntico principio, se opta por callar, está claro que son intereses lo que se está defendiendo. El «Derecho es lo que aprovecha al pueblo alemán» de los nazis está mucho más cerca de la práctica política actual de lo que a muchos nos gustaría. Cámbiese «pueblo alemán» por «nosotros», es decir, el grupo, partido, secta o como se quiera llamar y se encontrará que define exactamente muchos comportamientos.

El pensamiento no funciona en «packs», como señala Carmen Posadas. Eso, simplemente, no es pensamiento sino esperar a ver qué dicen los que se suponen propios para, a continuación, repetir el mensaje. Es posible que la gran crisis que tenemos que afrontar no es otra que la representada por la renuncia a pensar por cuenta propia y la disponibilidad para repetir consignas hueras.

En la situación actual, hay que explicar cosas incómodas, especialmente incómodas para quienes nunca han querido que sus aborregados altavoces dejen de serlo. Por ejemplo ¿cuál es el sentido del derecho al trabajo en un país donde el nivel de desempleo alcanza cotas históricas? ¿quién paga el derecho a la vivienda o el derecho a una pensión digna? ¿prima la excelencia y el esfuerzo el sistema educativo en todos sus niveles? ¿es justo que los políticos, desde el rey hasta el último sindicalista liberado, vivan en su burbuja y se encuentren ajenos a la situación que padecen todos los demás y fabriquen reglas sólo para ellos? Un autor, al que no tengo demasiado aprecio en su faceta de historiador, definía hace unos días a nuestra «clase política» como «chusma política» y las conductas de que estamos siendo testigos invitan a darle la razón.

¿Es justo que se responda a los hechos en función de quién los haya cometido en lugar de hacerlo en función del hecho cometido? Noriega, el ex-dictador panameño, resumía su programa político en una frase tan refinada como «A los amigos, el culo; a los enemigos, por el culo». ¿No se está haciendo lo mismo en España cuando se apoya a un juez porque es amigo y eso, según la lógica Noriega, debería ser suficiente para que  no importe lo que haya hecho? ¿No se está actuando de esa forma cuando unos dictadores son tratados con mimo mientras que otros son criticados? ¿No se está destrozando lo que queda de un estado de derecho cuando, además de sentencias más que cuestionables, se tiene el estatuto catalán en la nevera y en cuestiones como la negociación con ETA y el 11-M algo huele a podrido y se esté intentando enterrar antes de que se sepa qué es?

José Antonio Marina decía que un mal gobierno puede sumir a un país en unos abismos de imbecilidad de los que puede ser difícil salir. Probablemente, eso es lo primero que hay que hacer: Salir del abismo de imbecilidad que representa ese «pensamiento en pack» según el cual cada uno se entera o no se entera de aquello que le dicen y, además, acepta sin crítica alguna la versión que le venden de los hechos: No sólo nos dicen dónde hay que mirar sino qué es lo que hay que ver.

¿Es tan difícil decir cuál es la situación y partir del principio de que aquí nadie regala nada y, en consecuencia, va a tocar trabajar o estudiar con mayor empeño y posiblemente en peores condiciones? Naturalmente, sí que lo es en un país que creyó ejercer de nuevo rico y, entre incompetentes y golfos propios y ajenos, le han pinchado el globo. Nada tiene que ser intocable, incluyendo a los políticos y sus privilegios que hoy resultan ofensivos. Si eso se tiene claro, saldremos. Si no es así, a lo mejor alguien ha pensado que todos esos derechos, de los que nunca se ha querido decir que comportan obligaciones, los va a pagar «Uropa» y que España va a poder vivir en una situación tipo PER a costa de daneses, alemanes, ingleses, franceses, etc. Si ésa es la idea, que esperen sentados y que miren casos como los de Grecia o Islandia.

La otra opción ya la daba Serrat: «Escapad, gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer». Sin embargo, hay esperanza pero ésta pasa por tirar por la ventana a los demagogos de cualquier signo que se han acostumbrado a vivir -muy bien- a costa nuestra y no darle vacaciones ni al pensamiento ni a los principios comenzando por la meritocracia y sus parientes, la ética del esfuerzo y la igualdad en la línea de salida pero haciendo que la llegada se la gane cada uno.

Garzón y el porquero de Agamenón

Dícese que «la verdad es la verdad díganla Agamenón o su porquero» y de ahí la referencia.

Está claro que una figura como la de Baltasar Garzón tiene muchas pasiones y muchos intereses encontrados pero lo que se está juzgando en este momento con respecto a él son tres hechos muy concretos:

  • Garzón le pidió dinero -más de 300.000 euros- a un banquero que tenía una causa abierta en su juzgado.
  • Garzón grabó conversaciones telefónicas entre detenidos y abogados a pesar de que esto está expresamente prohibido salvo para delitos de terrorismo.
  • Garzón pretendió encausar a Franco y a algunos de sus generales muertos hace muchos años contradiciendo los mismos argumentos que utilizó correctamente para no encausar a Santiago Carrillo que estaba y sigue vivo.

Se podrá decir, como ha dicho el propio Zapatero, que Garzón ha sido muy valiente. Se podrá o no estar de acuerdo con el comentario de Zapatero pero el problema es que no hace al caso como tampoco hacen al caso muchas otras actuaciones nacionales e internacionales del juez-estrella y las opiniones que éstas le puedan merecer a cada uno.

Ya tenemos experiencia de actos delictivos que son perdonados si uno se envuelve en la bandera adecuada (Pujol y Banca Catalana, por ejemplo) o si cazan con la persona adecuada (los Albertos). Podrán existir amistades e intereses en un sentido y en el contrario pero, si se permite que esos prevalezcan para librar a Garzón de una expulsión que se ha ganado a pulso con los tres hechos señalados, creo que habrá que darle la razón a Pedro Pacheco cuando, siendo alcalde de Jerez, afirmó literalmente que «la justicia es un cachondeo» e incluso se podría ir bastante más allá: Cuando la justicia sale por la ventana, la dictadura -por muy sonriente que quiera aparecer- ha entrado por la puerta.