¿Vivimos en un mundo más seguro?

La mezcla de júbilo y críticas por la muerte de Osama ben Laden en una acción militar invita a hacerse esta pregunta. Sé que no soy original y que ha sido un tema muy debatido estos últimos días pero no sé si se están utilizando los argumentos correctos para una y otra posición.

Los que opinan que el mundo es más seguro sin ben Laden se basan en el viejo dicho «Muerto el perro, se acabó la rabia», dicho que en algunos casos ha funcionado. Tenemos, por ejemplo, el caso de la Baader-Meinhoff donde un más que conveniente suicidio en la cárcel de sus dirigentes acabó con el terrorismo en Alemania. Más cercano a España, tenemos el caso del MPAIAC, causante indirecto del accidente de Los Rodeos, en que un atentado contra su líder, Antonio Cubillo, fue suficiente para que desapareciese del mapa. Pueden, por tanto, darse casos en que la desaparición del líder provoque la disolución del movimiento.

Por el otro lado, tenemos casos en que el líder se convierte en mártir de una causa y le da a ésta más fuerza. Tenemos también ejemplos como el caso de Emiliano Zapata en México, el del comandante Riego en España y tantos otros que, llegado un momento, son mas valiosos en su papel de mártires que en el de revolucionarios en activo.

Estamos, por tanto, en el terreno de lo opinable: ¿Era ben Laden tan importante para AlQaeda? ¿desaparecerá AlQaeda con él o lo convertirán en mártir y les dará nuevos bríos? Cuando los americanos tratan de explicar el exquisito respeto con que han tratado el cadáver y cómo se han deshecho de él conforme a los ritos islámicos, lo hacen simplemente porque tratan de evitar el segundo escenario y no por un hipotético respeto por el enemigo caído en combate.

Hay cosas, sin embargo, que están fuera del terreno de lo opinable: Desde la descomposición de la Unión Soviética hubo numerosos científicos que, sin más motivo que el universal vicio de comer todos los días, vendieron su saber al mejor postor. Gracias a ello, es fácil conseguir un ejército de un solo hombre con un armamento biológico, químico o nuclear suficientemente letal para representar una amenaza real. ¿Qué pueden hacer frente a eso grandes ejércitos? Quizás los servicios de inteligencia puedan hacer algo más pero ¿son sus redes suficientemente tupidas como para cazar ese tipo de actores sin que, a la vez, se produzca una anulación real de la libertad para el ciudadano corriente?

Con ocasión del 11S, se criticó a la CIA por su inutilidad aludiendo a la cantidad de información que tenían previamente. Por desgracia, es muy fácil profetizar el pasado porque ya sabemos cuál fue la cadena causal que funcionó; con el futuro es un poco más difícil porque, entre otras cosas, es necesario filtrar e interpretar la información y el problema de cualquier servicio de inteligencia no es la falta de datos sino el exceso de indicios que pueden apuntar en todas las direcciones imaginables.

Por ese motivo, no se puede considerar que la desaparición de ben Laden implique que el mundo sea más seguro: Con él no ha desaparecido la posibilidad de utilización de armamento fácil de manejar, que ocupa poco espacio y mortífero por poca gente y con escasa formación.

¿Implica esto que la muerte de ben Laden sea inútil? De ninguna forma; en estos días nos estamos enterando de que, sin lugar a dudas, el Gobierno pagó el rescate de un atunero -llamémoslo «semivasco» tanto por su matriculación como por la composición de su tripulación- a piratas somalíes y que, incluso, no utilizó la oportunidad que tuvo para atacarlos debido a una orden directa recibida por los militares. ¿No es un mensaje de invitación al siguiente secuestro? La muerte de ben Laden también manda un mensaje al próximo ben Laden y, probablemente, ese mensaje sea mucho más adecuado para la seguridad de todos que el enviado por el Gobierno español.

A pesar de todo, la combinación de armamento pequeño y mortal utilizado por poca gente sigue estando ahí. Mientras esto sea así, siempre habrá gente dispuesta a utilizarla, sean cuales sean sus motivos. Probablemente eso hará que tengamos que acabar renunciando a parcelas de libertad individual -esperemos que las menos posibles- porque el mundo del futuro será más seguro o, simplemente, no será. Einstein dijo que no sabía qué armas se utilizarían en la III Guerra Mundial pero la cuarta si libraría con palos y piedras. Pues eso.

PNV: O está mal informado o está demasiado bien informado.

Tras la escasamente velada amenaza al gobierno de Zapatero en caso de que no se legalizase Bildu, alguien se podría sorprender: Según la Constitución, existe una división de poderes y la cuestión de la legalización o ilegalización de los proetarras es algo que correspondería al ámbito judicial.

Como en alguna ocasión han repetido los miembros y portavoces del Gobierno, «nosotros respetamos las decisiones judiciales» y, además, parece que no cabría hacer otra cosa por lo que la amenaza del PNV no tendría sentido alguno.

Sin embargo, algunos casos recientes y menos recientes han mostrado que ese respeto a las decisiones judiciales se produce sobre todo hacia las decisiones que encajan con la línea de actuación del poder político; por otro lado, es un hecho que el sistema de nombramiento de jueces y fiscales está politizado hasta unos extremos vomitivos y que los componentes del CGPJ o del TC se adjudican por «ganaderías» y no por méritos profesionales.

A la vista de esto, es inevitable plantearse la pregunta:  ¿No sabe de qué habla el PNV al amenazar al Gobierno si sale una resolución judicial que no les gusta o lo sabe perfectamente?

Ignorancia política de los nuevos votantes

Escándalo: Encuesta sobre conocimientos del funcionamiento político a los que van a votar por primera vez y resulta que no tienen ni la más remota idea de cuestiones como quién nombra al presidente del Gobierno, cuántos diputados hay o unas ciertas nociones del who’s who en política.

Tuve la curiosidad de realizar la encuesta y conseguí unos resultados del 100% -realmente no era muy difícil para alguien con una cultura política mediana- pero dudo mucho de que a mis 18 años hubiera conseguido ese 100% e incluso me pregunto si mis resultados no habrían sido perfectamente comparables con los actuales.

Galbraith decía que la gran amenaza para la democracia es la ignorancia pero ¿es la ignorancia un factor diferencial de los más jóvenes? Estoy seguro de que se podría diseñar una encuesta para votantes por encima de los treinta años y podríamos encontrar un mayor conocimiento episódico pero dudo mucho que ante preguntas sencillas como, por ejemplo, el impacto de la ley electoral en el funcionamiento de la política española, las consecuencias de la politización de la justicia y cómo y por qué se llevó a cabo ésta, cuál es el mecanismo de representatividad de los sindicatos y su validez…mucha gente se quedaría en blanco o contestaría cualquier trivialidad.

Es cierto que la historia del sistema educativo español es la historia de un deterioro constante pero seguramente no es ahí donde hay que buscar la causa de la ignorancia sino en el desinterés. Cuando un político habla de juventud, conviene echarse mano a la cartera porque la tónica general es la utilización de una especie de pensamiento icónico destinada a captar un voto poco o nada reflexivo a cambio de venderles como derechos básicos temas que distan mucho de serlo o, en otros términos, a tratar a los jóvenes como imbéciles. ¿Tiene algo de extraño el desinterés y, como consecuencia, la ignorancia?

Si vamos a la población de más edad, no nos engañemos. El pensamiento icónico funciona igualmente y quien decide unas elecciones generales es un grupo que podría no superar los dos millones de personas. El resto votará siempre a los mismos hagan lo que hagan por el convencimiento de que los otros lo harían todavía peor.

Ése es el país que tenemos. Galbraith tenía toda la razón y la ignorancia es una amenaza pero, desde luego, la ignorancia ni es de ahora ni es exclusiva de la juventud.

Psicología: ¿Qué hay de nuevo?

Durante mucho tiempo me he considerado ajeno a las preocupaciones de la psicología «oficial». Como buena parte de los que se inician, comencé con un cierto complejo de «aprendiz de brujo» pensando que el ideal de un psicólogo podía ser un personaje como el de la serie de «El mentalista«. A medida que transcurren los estudios, se espera que la parte importante empiece el año siguiente y se pasa el tiempo aprendiendo cosas que, en gran parte, tienen un interés marginal, y eso siendo extremadamente generosos.

No parecen haber cambiado demasiado las cosas: El programa de la licenciatura en la actualidad tiene algunos cambios en relación con el que me cayó en suerte pero, ahora como entonces, no se aprecia más coherencia que la que pueda prestar un diseño realizado en función de la disponibilidad e intereses del profesorado en lugar de hacerlo atendiendo a intereses y posibles salidas profesionales de los alumnos.

En una materia como epistemología que daría para escribir cientos de tratados -que otros escribían mientras los aspirantes a psicólogos dormitábamos en una de las clases más aburridas que se pueda imaginar- no pasaban de repetir una y otra vez las bondades del criterio de falsación de Popper, como si Popper no tuviera nada más que eso y como si no hubiera otros autores que tocar en teoría del conocimiento.

Sobre la teoría del aprendizaje, mejor no hablar porque los perros de Pavlov y las ratas de Skinner resumían para algunos todo lo que había que ver; el resto eran adornos, «cajas negras» o complicaciones sin sentido. Los restos que entonces quedaban de psicología dinámica no tenían más atractivo que lo peculiar que resultaba la persona que impartía la asignatura y, en la permanente guerra entre prebostes, empezaban a predominar los de la onda de la psicología cognitiva en su modalidad más cerril, es decir, la concepción de la persona como un programa de ordenador con serios fallos de diseño, tanto en el programa como en el ordenador.

Sería injusto decir que todo fue inútil pero creo que respondería a la verdad afirmar que aproximadamente un 70% de lo estudiado se componía de temas que no tenían interés ni relevancia más allá de las guerritas de despachos y de quién tenía el poder, aunque fuera un poder sobre la nada. Una  mera revisión de un programa de grado parece mostrar que no hay grandes cambios -aunque van ya para 30 años los transcurridos desde que acabé- pero lo peor no es esto. Lo peor es que hay muchos lugares donde la psicología tiene muchas cosas que decir pero no ESTA psicología que vive en su propio mundo.

En su momento, la monomanía en el ámbito universitario estaba en demostrar a todos que la psicología era una disciplina científica y, en lugar de hacer ciencia, había que discutir qué era la ciencia y cómo la psicología entraba en los estándares correspondientes. Bizantinismo puro.

En el ámbito laboral, también había una monomanía: La de reclamar, con escaso éxito,  como terreno propio multitud de ámbitos en los que, al parecer, se necesitaba un psicólogo. Lo peor, en este segundo caso, es que podían tener parte de razón: Un psicólogo adecuadamente formado podría haber aportado elementos interesantes en diversas profesiones; puesto que la condición de «adecuadamente formado» distaba mucho de ser cierta, el psicólogo era fácil y ventajosamente sustituido por profesionales con conocimiento específico del terreno en el que se fuesen a aplicar los conocimientos de psicología. Ejemplo: Es posible que un psicólogo pueda aportar algo interesante en cursos de Crew Resource Management referidos a cómo debe funcionar el equipo de trabajo que compone la tripulación de un avión; es muy dudoso que pueda aportar algo interesante un psicólogo que, a la vez que imparte tales cursos, cuenta orgullosamente que nunca ha tenido curiosidad por viajar en cabina y, por tanto, no lo ha hecho. ¿Qué puede aportar entonces salvo teorías fuera de contexto?

Hay aportaciones muy interesantes en psicología -aportaciones que, en buena parte, no están realizando psicólogos- que probablemente no lleguen a pisar la Universidad salvo de refilón. Hay todo un mundo en el ámbito de la teoría de la decisión o Decision Science en que un psicólogo con la formación adecuada tendría mucho que decir. A estas alturas, sabemos que el homo economicus de los economistas de Chicago no funciona. Muy bien. ¿Cuál es la alternativa? Tenemos ya un psicólogo con un premio Nobel (Kahneman) que trató este tema pero tampoco es necesario que nos quedemos ahí: ¿Cómo se toman las decisiones en situación de incertidumbre? ¿Cómo se trata el riesgo? ¿Qué ocurre cuando hay restricciones temporales? ¿Cómo «rellenamos» las cosas que no sabemos? ¿Cuáles son las conductas «irracionales» esperables y cómo se pueden utilizar en los ámbitos comercial o político? Las aplicaciones son virtualmente infinitas.

Es mucho lo que hay que hacer un mucho lo que se puede aportar pero no en vano no hay ninguna universidad española entre las 100 primeras del mundo y el psicólogo en ciernes puede llevarse una tremenda decepción si piensa que la psicología consiste en lo que aprende en la universidad. Hay muchos e interesantes temas en los que trabajar. Lo difícil, al menos en España, es encontrar el sitio donde simplemente se los muestren. La universidad debería ejercer ese papel pero allí hay muchos que están muy ocupados en sus cositas para encargarse de un alumno que viene a perturbar el orden.

14 de abril: Día de la memoria selectiva

Se cumplen hoy 80 años de la proclamación de la II República en España. ¿Es motivo de celebración? En su caso ¿Qué es lo que habría que celebrar?

La II República española ha quedado como un mito entre buena parte de nuestra clase política. El mito llega hasta el extremo de que un periodista, hace pocos días, se permitía denominar a ese periodo como «democrático». Otros políticos, algunos en el poder, con una urgente necesidad de repasar lecciones de historia en el caso de que alguna vez las hubieran aprendido, quieren arrancar su propia legitimidad de una oscura etapa de la historia española prescindiendo de todo lo que vino después y, especialmente, prescindiendo del «borrón y cuenta nueva» que se quiso hacer en 1977. Al final, esto se haría tan torpemente que los fantasmas de una época afortunadamente pasada parecen seguir gozando de buena salud.

Empecemos por la etapa inmediatamente anterior al 14 de abril: La República se proclama tras unas elecciones municipales (atención al dato) en las que, a la vista de los documentos de la época,  hay un acuerdo casi general en que ni siquiera fueron ganadas por el bando contrario a la monarquía. Eso sí, cuando alguien le dijo a Alfonso XIII que «no podían garantizar su seguridad», se apresuró a recoger sus bártulos y largarse, acción tras la cual resulta difícil de justificar que se volviera a permitir a un Borbón poner los pies en España.

No fue éste su único mérito: La Dictadura de Primo de Rivera se produjo durante su reinado y con su aquiescencia aunque tal vez algunos de los que hoy conmemoran el Día de la República no deberían escandalizarse demasiado. El mutuo apoyo entre el dictador y el PSOE y la UGT de entonces haría que uno de sus principales dirigentes, Indalecio Prieto, llegase a decir que ojalá todas las dictaduras fueran como ésta. Parece que todas las partes tienen demasiados cadáveres en los armarios: Los que hoy pretenden hacer abstracción de 80 años de historia corren el riesgo de que les recuerden interesantes comentarios de su fundador, Pablo Iglesias, mientras que por el bando contrario, José Calvo Sotelo, cuyo asesinato a manos de la escolta de Indalecio Prieto -hermosa muestra de democracia-  sería el detonante de la guerra civil,  fue ministro de Hacienda durante buena parte de la dictadura.

Hoy, 80 años después de la proclamación de la II Republica, no se puede defender seriamente que aquélla fuera una etapa democrática. Es posible que haya buenas razones para dudar de la legitimidad de la monarquía –sucesor de Franco a título de Rey entre otras– pero eso no puede ni debe significar añoranza alguna de una de las etapas más negras de la historia española reciente. Ni la salida del entonces Rey tras unas elecciones en las que no se discutía la forma de Estado y que, además, habían sido ganadas por sus partidarios, ni la actuación de los partidos que apoyaron la dictadura y más tarde organizaron el intento de golpe de 1934… ni el que llegase un momento en que ir a misa o haber votado al Frente Popular fueran motivos suficientes para ser asesinado son motivos de orgullo ni añoranza.

Cuando alguien quiere rescatar la «memoria histórica», es mejor que tenga cuidado porque le pueden dar con la propia en la cabeza. El mejor símbolo de «memoria histórica» y que tiene mucho que ver con esa añoranza desmemoriada que algunos practican respecto de la II República es la retirada de la última estatua de Franco que quedaba en Madrid, y lo es por los siguientes motivos:

  1. No se eligió un día cualquiera para la retirada de la estatua sino que fue el fin de fiesta del cumpleaños de Santiago Carrillo, responsable -sin ninguna duda tras la desclasificación de papeles soviéticos- de las matanzas de Paracuellos, episodio del que no es para sentirse precisamente orgullosos.
  2. A escasos 50 metros de la estatua retirada, se encuentra -porque nadie la ha retirado- la estatua de Indalecio Prieto, cuya escolta asesinó al entonces líder de la oposición, Calvo Sotelo, y organizador, según confesión propia del intento de golpe de 1934, golpe cuya represión fue dirigida por Franco quien, para tal menester, tuvo bajo su mando entre otros al mitificado abuelo del actual presidente del Gobierno.
  3. A una distancia muy parecida, puesto que las dos estatuas están casi juntas, se encuentra la estatua de Francisco Largo Caballero -que tampoco ha retirado nadie- aclamado en su día como el «Lenin español» y que representó el ala más extrema del PSOE de entonces, siendo utilizado por el PCE que, cuando le vino bien y una vez en la guerra civil, lo retiró con la colaboración de su delfín Santiago Carrillo que, no olvidemos, provenía en primera instancia del PSOE.
  4. Las partes negras de nuestra historia son también historia. Si la memoria histórica pretende ser tal, sólo hay dos opciones: O dejan todas las estatuas en paz o retiran todas. No hacerlo así es muestra de un sectarismo digno heredero de esa negra etapa que algunos quieren conmemorar. A lo mejor es por eso.

Por supuesto, no fueron éstos los únicos actores de la época pero hubo muchos otros que no han tenido una «línea sucesoria» que los vincule con la actualidad, llámense Gil Robles, Alcalá Zamora, Azaña, Lerroux, Calvo Sotelo… Otros si la han tenido pero, por distintos motivos, han sido relegados al olvido.

Se puede ser favorable a la república como modelo de Estado pero hay poco que celebrar ni conmemorar -como no sea para intentar asegurarse de no caer nunca más en lo mismo- en el advenimiento de la II República.

Los que hoy, haciendo gala de desconocimiento de la historia, se proclaman herederos de aquella época deberían pensar que escaso favor se hacen a sí mismos, dado el historial de sus correligionarios de entonces. En el caso del PSOE, único partido nacional de los existentes actualmente importante en aquella época, resulta asombroso que mitifique a líderes que contribuyeron decisivamente a que la II República desembocase en la guerra civil y, por el contrario, haya relegado al olvido al único líder socialista de la época merecedor de ser recordado tanto por su intento de evitar que se llegase a la guerra civil como por el papel en su finalización: Julián Besteiro.

Definitivamente, hay partes de la historia en las que lo mejor es pasar página. Cuando alguien no quiere hacerlo, si es porque no conoce la página, malo. Si la conoce, aún peor.

NOTAS POSTERIORES:

  1. No me resisto a hacer un añadido de «memoria histórica»: Hoy, 14 de abril, se conmemora también el hundimiento del Titanic. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no ha podido escoger mejor momento para definir a España como un poderoso trasatlántico.
  2. Intereconomía ha publicado en la web el siguiente documento conmemorativo: http://www.intereconomia.com/sites/default/files/especiales_gaceta/80_aniversario_ii_republica.pdf No se puede calificar de imparcial porque, como suele suceder cuando se habla de este periodo de la historia española, sólo se mira hacia uno de los lados. No obstante, la información del documento es suficiente para poder afirmar categóricamente que no había democracia en la II República en España. Si otro medio de tendencia opuesta publicase otro documento de sentido contrario -cosa perfectamente factible y sin necesidad alguna de mentir- eso no llevaría a mover ni una coma de la afirmación anterior. Más bien, la reforzaría.

Excelencia educativa: La solución de la Comunidad de Madrid

Que la calidad del sistema educativo español está en caída libre es un hecho; algunos, como Alicia Delibes, colocan el inicio del deterioro en la época de Echegaray con un punto de inflexión, siempre a peor, con la infame LOGSE.

Que no todo vale para solucionar esa situación también tendría que ser un hecho a considerar por los que toman decisiones en este ámbito.

La iniciativa de la Comunidad de Madrid parece casi un intento de oponerse a la totalidad de la que en su día tuvo el en su día ideólogo educativo del PSOE, Álvaro Marchesi. Marchesi, bajo la excusa de «no crear ghetos» optó por la integración, es decir, por meter a niños con deficiencias intelectuales en las clases normales. Lo único que consiguió es retrasar la marcha de las clases y aumentar innecesariamente el sufrimiento de niños, forzados a ser conscientes de sus propias limitaciones por comparación con otros.

La solución de la Comunidad de Madrid, por su parte, consiste en separar a los alumnos de mejor rendimiento. Por supuesto, eso bajará el nivel medio de las clases normales aunque no significa quebaje también el rendimiento individual de los alumnos de nivel promedio: Se pierde un modelo a imitar en la clase pero, por desgracia y dado el ambiente educativo general, es dudoso que el alumno de mayor rendimiento sea considerado el modelo a imitar en gran parte de los colegios. Desde este punto de vista, y sin entrar en detalles como el deterioro que refleja el que la excelencia no sea objeto de imitación, parecería una solución perfecta.

Sin embargo, aunque éstos son temas sobre los que se puede discutir mucho, hay otro más básico que no está siendo planteado en el debate: La igualdad forzada no funciona, entre otras cosas porque siempre se iguala por abajo. Si asumimos la necesidad de discriminación. ¿Cuál ha de ser el criterio? ¿Discriminación por rendimiento o por capacidad?

Por puro azar, he tenido dos ejemplos cercanos en mi ámbito familiar y los dos me han dado elementos en qué pensar para evaluar cuál debería ser el enfoque:

Caso 1: Niño superdotado:

En el colegio se dan cuenta, a los cinco años de edad,  de que un niño es probablemente superdotado y proponen hacerle las pruebas correspondientes. La primera sorpresa -en la Comunidad de Madrid- fue que la unidad administrativa que se encargaba de los superdotados era la misma que se encargaba de los deficientes (todos los «raros» al mismo saco). En caso de que las pruebas revelasen que, efectivamente, era superdotado, le permitirían matricularse en asignaturas de cursos superiores en su mismo colegio permitiéndole, como máximo, finalizar la enseñanza secundaria dos años antes de la edad que le correspondería.

Ante tal escenario, los padres decidieron que no realizara las pruebas. Si un resultado positivo hubiera conducido a que el niño asistiera a un colegio de especial exigencia en aquellos puntos donde el niño manifestaba la superdotación, perfecto. No hacerlo así y dejarlo en el mismo colegio significaba marcarlo y, probablemente, no habría tenido una vida fácil en el colegios, conviviendo con niños hasta dos años mayores y siendo carne de bullying.

Resultado: A sus veinte años, no había desarrollado ningún tipo de hábito de trabajo -no lo necesitaba para pasar con la gorra los exámenes del colegio- hasta el punto de que llegó a suspender exámenes en aquellas áreas donde más claramente se manifestaba la superdotación. No fue un alumno bien visto por sus profesores: Alguien que se dedica a mirar por la ventana o está medio dormido en la clase para, después, pasar los exámenes con facilidad cuando quiere no es bien visto y le pasan factura: Hay pocas cosas más desmotivadoras para un profesor que la demostración de que su trabajo sirve de poco y la insolencia de un adolescente superdotado contribuye a ello.  Si puede, el profesor se venga y la prueba de esto fue que se produjo el infrecuente caso de que la puntuación en los exámenes de selectividad fuera superior a la obtenida en el colegio. Durante toda la etapa colegial, el chico insistió en que los profesores le puntuaban injustamente y, a la vista de los resultados en selectividad, era de creer. En un entorno escolar que permite a un alumno superar los exámenes yendo al ralentí, se desarrollan todo tipo de problemas de actitud.

Caso 2: Niño de alto rendimiento:

Situación casi opuesta a la anterior e igualmente real. Por una serie de conflictos familiares cuya guinda es la aparición de su padre en un programa de telebasura con el impacto que esto pudo tener en su entorno, el niño se refugia en los libros, no tiene prácticamente ninguna vida social, es un alumno agradecido para los profesores y saca las máximas puntuaciones.

Una breve conversación con él puede bastar para darse cuenta de que no tiene un intelecto especialmente brillante e incluso que su capacidad de razonamiento puede estar algo por debajo del promedio. A pesar de ello, sus puntuaciones en el colegio son excelentes y es un alumno muy apreciado. Sus resultados, en una especie de profecía autocumplida, lleva a su entorno más inmediato a pensar que está dotado de una gran inteligencia y, en ese entorno, «ejerce» como la gran promesa familiar.

Sus puntuaciones en selectividad, tanto por las que llevaba del colegio como por las resultantes del examen, son espectaculares y le permiten elegir la carrera que prefiera y en ese momento aparece un problema: Sacar unas notas muy altas en el colegio le exigía pasarse tardes enteras pegado a un libro. ¿Es eso un buen indicador de futuro éxito en una carrera universitaria? No lo fue. El precario equilibrio mantenido con la ayuda de la inmersión en el estudio desapareció cuando los hechos mostraron que su capacidad era insuficiente para el nuevo reto. El chico acabó teniendo necesidad de tratamiento psiquiátrico.

No sirven las recetas facilonas en educación; no sirve, en nombre de una supuesta integración, tratar a todos igual; no sirve tampoco, en nombre de una igualdad mal entendida, tratar de que todo el mundo tenga que llegar al mismo punto. Es necesario recuperar el valor del mérito en el sistema educativo y evitar que se convierta en una gigantesca guardería o, más tarde, en un disfraz del desempleo real. Aunque esto sea muy poco «políticamente correcto», es necesario recuperar la discriminación entre alumnos pero eso sí: No vale cualquier tipo de discriminación y la que ahora quiere establecer la Comunidad de Madrid puede tener unos cuantos e importantes flecos a resolver.

¿El final del misterio del AF-447?

Parecía lógico que se acabase encontrando el avión casi entero como demuestran las fotos. Por muchas corrientes y mucha profundidad que haya, en el sitio donde cayó el avión tenía que haber una chatarrería submarina compuesta por los elementos pesados como, por ejemplo, los motores y…las cajas negras. Cosa distinta es que hayan mantenido la estanqueidad y que puedan contar algo útil aunque mucha gente no espera que aporten nada radicalmente nuevo, en caso de que finalmente se encuentren y estén en condiciones de ser utilizadas.

En aviación, y en cualquier otra actividad que implique la existencia de peligro, se empieza siempre por lo que se denomina en el argot un risk assessment pero, por desgracia, éste es un proceso que está demasiado teñido por intereses de distintas partes para poder considerarse fiable.

Recientemente hemos tenido el caso de la central nuclear japonesa, al borde del mar en una zona con riesgo de tsunamis por su actividad sísmica. Ayer mismo  se comentaba que la ola gigante llegó a alcanzar una altura de 40 metros mientras nos informan de que otra central nuclear en California está a 8 kilómetros de una falla en el lecho marino pero que no hay ningún peligro porque tiene un muro exterior de…8 metros. Aunque tuviera 50 metros, es dudoso que ningún muro pudiera aguantar el impacto de una ola gigante pero no; ni siquiera los tiene. ¿Quién ha hecho el risk assessment tanto en la japonesa como en la californiana y bajo qué presiones?

En el AF-447 tienen identificado al «malo»: Se llama Thales, fabricante del sensor  que, según las hipótesis más verosímiles, daría una falsa información de velocidad desencadenando el problema que acabaría con la destrucción del avión con sus ocupantes dentro. Probablemente las cajas negras confirmen esa hipótesis. ¿Nos quedaremos ahí? ¿Daremos por cerrada la investigación hablando de un sensor defectuoso? ¿Cuántos sensores de distinto tipo tiene un avión? ¿Cualquiera de ellos puede provocar la destrucción de un avión una vez que los automatismos empiecen a actuar sobre la información incorrecta? Si es así…¿el problema está en el sensor o hay algún fallo de mucho más calado en el diseño del avión que permite que esto pueda ocurrir?

Echarle la culpa al sensor tiene muchas ventajas desde el punto de vista del mantenimiento del statu quo: Hay que cambiar algo para que nada cambie. La misma lógica se produce en muchas ocasiones cuando se habla de «error humano» sin entrar en cuáles son las circunstancias que han conducido a ese error. El sensor puede haber fallado, podría incluso estar mal diseñado y peor mantenido pero si, dentro de unos meses, alguien llega a la conclusión de que el problema ha sido el sensor y le da carpetazo al asunto, sólo un consejo: Recuérdense las centrales nucleares al borde del mar en zonas sísmicas. Estaremos hablando de idéntico fenómeno: Riesgos previsibles con un fuerte incentivo para mirar hacia otro lado.

Tiempos interesantes tras el anuncio de salida de Zapatero

Aunque ahora diga que pensó que dos legislaturas eran bastantes, el que no lo dijera anticipadamente invita a pensar lo contrario: Si hubiera podido, se habría quedado 14 legislaturas y lo han sacado a empujones sus compañeros de partido por el lastre electoral que representaba.

Aunque ha anunciado su permanencia hasta agotar la legislatura, es poco creíble que pueda conseguirlo. Ejercer de «pato cojo» durante un año es demasiado tiempo, máxime cuando ante la inminencia de las elecciones municipales y autonómicas, sus compañeros van a tratar de tomar distancia y le van a manifestar el más abierto de los desprecios. De esta forma, en la medida de lo posible, intentarán hacer creer que Zapatero se eligió a sí mismo y que, cuando todos le aplaudían con las orejas, ellos no tenían nada que ver sino que también era culpa del propio Zapatero.

Visto lo visto en anteriores elecciones, todavía es posible que haya quien compre esa idea y decida olvidar que cuando un partido, sea el que sea, pone a un incompetente o peor en su cúpula, todos se colocan en primer tiempo de saludo y no existe la menor crítica interna…y que eso es responsabilidad del propio partido y no del incompetente. El modelo de disciplina interna en los partidos políticos es tal que, una vez puesto en su sitio, defenderán al incompetente, lo halagarán y le descubrirán cualidades ocultas. Puntuación en crítica interna: Cero. Puntuación en «obediencia debida», la doctrina repugnante utilizada para justificar conductas infames por los nazis y por los militares argentinos: Diez. ¿Por qué? Puntuación en democracia interna gracias a las listas cerradas: Cero.

Zapatero podría tener que aguantar en los próximos tiempos demasiados desprecios y demasiados desplantes para el estómago de cualquiera: Todo el que quiera tomar posiciones en la era post-Zapatero intentará exhibir distancia cuando no oposición respecto de Zapatero y, en la esperable guerra que se va a producir en el seno del PSOE, la distancia, real o fingida, con Zapatero va a ser considerada como un activo electoral…de hecho, esto es lo que impedirá la posibilidad de que Zapatero, en uno de sus múltiples cambios de opinión, decidiera presentarse; sus compañeros se encargarán de hacerlo astillas en los próximos meses.

Como dije hace algún tiempo, no excluyo la posibilidad de un candidato-sorpresa como sería el propio Felipe González. Entre los que aparecen ahora mismo visibles en la carrera sucesoria, ninguno parece tener el peso necesario: Bono ha sido liquidado por las corruptelas convenientemente aireadas desde áreas supuestamente afines; Carmen Chacón, por mucho que digan Público y La Sexta, representaría una reedición de la «operación Roca«. En una de las pocas ocasiones en que la derecha ha manifestado habilidad propagandística, esta operación fue destrozada por Fraga con una simple frase: «¿Cómo vamos a elegir como número uno de España al número dos de Cataluña?».

En cuanto a Rubalcaba, tiene demasiado pasado y un presente muy ocupado por el proceso del «caso Faisán» y las recientemente aparecidas actas de ETA que, por mucho que se quieran desmentir, tienen la incómoda característica de que encajan con los hechos de los últimos años. El apoyo de otro medio de comunicación, PRISA en este caso, puede ser insuficiente. Eso sí, dada la experiencia de Rubalcaba para moverse por las alcantarillas del Estado, en caso de que realmente pensase presentarse, habría que esperar más de un «11M incruento» hasta el día mismo en que se produjesen las elecciones: La aparición de asuntos escandalosos del lado contrario y el manejo de los tiempos de los jueces y de los fiscales (últimas manifestaciones de este hecho: La reapertura de los «espionajes en Madrid» en vísperas de las elecciones por una juez, casualmente hermana de Cristina Almeida, en tiempo récord y el intento de la fiscalía de la Audiencia de llevarse el «caso Faisán» a Irún) puede ser una constante en el tiempo hasta las elecciones.

No; la verdad es que los que han sacado la cabeza hasta ahora como potenciales sucesores son, por unos u otros motivos, poco creíbles. Todos ellos, sin duda, tendrán algo en común: Su peaje de entrada a la carrera consistirá en arrojar unas cuantas piedras contra Zapatero, cosa que alguno de ellos hará con gran placer, pero es dudoso que su viaje llegue a ninguna parte. Una opción aparentemente razonable sería que estuvieran dando por perdidas las elecciones legislativas próximas -teóricamente en 2012- para recomponerse internamente pero esta opción tiene algunos elementos en contra:

  1. No es fácil que encuentren a alguien dispuesto a sacrificarse y presentarse a unas elecciones sabiendo que las tiene perdidas de antemano.
  1. Los partidos son, en buena parte y lamentablemente, sindicatos de intereses donde hay mucha gente cuya nómina depende del cargo que, a su vez, depende de su presencia en unas listas realizadas con unos mecanismos cuya democracia interna es digna de toda sospecha. Es dudoso que la enorme cantidad de personas que vive de la política esté dispuesta a quedarse en el dique seco durante cuatro años porque eso le pudiera venir bien a su partido.
La única conclusión posible es que el PSOE va a tratar de ganar las próximas elecciones legislativas a cualquier precio y para ello necesita no sólo tomar distancia de Zapatero sino presentar a un candidato capaz de ganarlas. Por distintos motivos, ninguna de las actuales cabezas visibles parece que pueda ocupar ese lugar. ¿Quién, entonces? No descarto mi apuesta inicial por González; podría aparecer alguno más -por ejemplo, el actual presidente de Extremadura- pero «los tres tenores» actuales o, si se prefiere «los dos tenores y la soprano» no parece que puedan serlo…aunque tal vez ellos, como ocurría en «Los otros» de Amenábar, no sepan todavía que están muertos.
Tiempos interesantes. Mientras tanto, en el PP, su máximo líder sigue esperando que le caiga el Gobierno en sus manos mientras se dedica a su actividad favorita, es decir, ninguna. Haciendo un poco de política-ficción y en la hipótesis de que el candidato fuera finalmente Felipe González ¿se atrevería Rajoy a debatir con él públicamente cuando ni siquiera quiso hacerlo con Zapatero?

¿Es la pedagogía una ciencia?

Vínculo al artículo del mismo título de Ricardo Moreno Castillo, probablemente uno de los críticos más lúcidos del sistema de enseñanza actual:

http://www.forodeeducacion.com/numero11/006.pdf

Puede valer la pena también leer este otro del mismo autor http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas-mercurio-2010/mercurio-125/553-16alumnos-sumisos-y-profesores-autoritarios donde ataca a algunas de las «vacas sagradas» de la enseñanza en particular y de la onda «políticamente correcta» en general.

Hay en este mismo blog algunas referencias más a obras anteriores de Ricardo Moreno Castillo de quien, hasta ahora, sólo he discrepado abiertamente en su defensa de «Educación para la ciudadanía» pero hay sobrados motivos para la crítica a un sistema educativo que ha arrinconado el valor del mérito y que ha confundido la deseable igualdad en la línea de salida con forzar la igualdad en la línea de llegada, cosa que sólo puede hacerse equiparando a todos por abajo.

Hay motivos para la crítica y Ricardo Moreno puede ser uno de los más cualificados representantes de esa crítica.

Profesiones vocacionales: El caso de la enseñanza

Hace bastante tiempo descubrí por mera elaboración de la propia experiencia que el gran motivador/desmotivador no hay que buscarlo ni en la Organización Científica del Trabajo, ni en la pirámide de Maslow, ni en teorías X, Y o Z ni en la de los dos tipos de factores de Herzberg sino que había una realidad mucho más sencilla: Es el significado del trabajo lo que representa el gran motivador y es la falta de significado el mayor desmotivador posible.

Leyendo el último libro de Dan Ariely, The Upside of Irrationality, es fácil ver que Ariely ha llegado a idéntica conclusión aunque con un añadido importante: Ha diseñado experimentos para demostrar algo que otros podíamos intuir: Buscó a dos aficionados a construir robots Lego y les pagó una pequeña cantidad por vehículo construido; a ambos les avisaba de que, como tenían pocas piezas, el vehículo sería desmontado de nuevo para el siguiente participante en el experimento. Los participantes eran libres de hacer robots hasta que se cansasen e introdujo una variante entre las condiciones experimentales de los dos: El primero simplemente estaba avisado; el segundo, en el momento en que terminaba el robot y se anotaba la conclusión para que pudiera cobrarlo, era testigo de que el experimentador empezaba inmediatamente a desmontarlo ante sus ojos. Hubo una importante diferencia en la cantidad de robots que uno y otro estuvieron dispuestos a montar ¿Hace falta aclarar cuál abandonó mucho antes el experimento?

Hay puestos privilegiados, no necesariamente en el sentido económico, donde sus ocupantes tienen un acceso directo al valor de su propio trabajo, entre ellos, todos los que tienen una implicación física y directa en tareas que tengan que ver con la vida y con la muerte o aquéllos en los que puede ver avanzar una obra que pueda considerar en buena parte suya pero muchos otros no tienen ese privilegio o circunstancias externas los han ido colocando en la posición del constructor de robots desmotivado del experimento:

La eficiencia es hoy una auténtica «vaca sagrada» pero pocas veces se plantea que una eficiencia llevada a sus últimas consecuencias tiene también un grave coste en términos de motivación: Una de las formas más sencillas de conseguir eficiencia es la ultraespecialización y la fragmentación de tareas dentro de un proceso. Lamentablemente, con cada nuevo fragmento nos llevamos una parte del significado que la tarea tiene para aquél que la ejecuta hasta que, al final, acaba no teniendo ninguno. Tiempos modernos o la magnífica parodia de un call-center pueden mostrar hasta qué extremos de fragmentación y de robo de significado puede llegarse en la búsqueda de eficiencia.

Hace muy poco, alguien me preguntaba dónde colocaria la enseñanza y, a primera vista, no cabría ninguna duda de que entra en el capítulo de las profesiones vocacionales en las que se ve crecer algo en lo que uno está colaborando de una manera decisiva. Las cosas, sin embargo, no parecen tan claras. La existencia de una ya célebre carta de Sarkozy a los maestros franceses hace pensar cómo es un entorno en el que esa carta parece necesaria y recuerda una de esas situaciones chuscas que se daban en la extinta Unión Soviética en la que se negaba la existencia de racionamientos y, al mismo tiempo, se señalaba que un puesto de trabajo especialmente duro tenía acceso a un litro más de leche al día. Si la carta era necesaria, algo andaba mal…en Francia y, siguiendo a Dante, siempre hay un infierno peor, algunos de ellos más cerca.

¿Cómo se le puede robar el significado a un puesto que, a priori, lo tiene y matar cualquier elemento vocacional que pudiera haber en su ejercicio? Imaginemos una situación en la que agredir a un profesor puede salir gratis gracias a cuestiones como la Ley del Menor, donde el valor real de la enseñanza se demuestra con hechos como la promoción automática por edad, el pase de curso con varias asignaturas suspensas o el hecho de que, a mitad de curso, sea necesario empezar de nuevo con la materia porque han llegado varios alumnos nuevos a la clase sin libros y con un nivel de español entre dudoso e inexistente. ¿No es una situación equivalente a la del constructor de robots Lego? ¿cuál es el valor que se le atribuye a la enseñanza que pueda impartir el profesor? ¿podemos extrañarnos de que haya tantos profesores con baja por depresión? No se trata, como en otros casos, de que la búsqueda de eficiencia le haya robado a alguien el significado de su trabajo; se trata de demostrar con hechos que ese trabajo no es valorado. En ese contexto, la carta de Sarkozy resulta que sí podía ser necesaria e incluso serlo más en otros sitios en que aún nadie la ha escrito.