Gestión de recursos humanos en entorno web 2.0

¿Tiene futuro la gestión de recursos humanos como área funcional separada? Probablemente sí pero es posible que necesite una reconversión que deje pequeña a la de la minería del carbón, al menos en lo que se refiere a las áreas de selección y reclutamiento.

Alguna vez en el aula he mencionado que la funcion que define a una empresa es la de recursos humanos y puedo decir que no se trata de una broma ni que esto significa que sea la función más importante. La explicación es mucho más simple:

Un trabajador por cuenta propia tiene todas las funciones de una empresa en embrión pero los problemas específicos de recursos humanos le surgen cuando necesita contratar a alguien, aunque se trate de un taxista que necesita a alguien para que el coche esté más horas en la calle:

  • ¿A quién selecciono y cómo?
  • ¿Dónde lo busco?
  • ¿Cuánto debo pagar?
  • ¿Cómo sé si lo está haciendo bien o mal?
  • ¿Me interesa una vinculación a largo plazo o es temporal?
  • ¿Qué puedo ofrecer para conseguir el tipo de vinculación que me interesa?
  • ¿Cómo incentivo para que se consigan los resultados que me interesan?

Todas estas preguntas, que se las puede hacer nuestro modesto taxista cuando está contratando a alguien, son la esencia de la gestión de recursos humanos y sólo surgen cuando nosotros mismos ya no podemos realizar el trabajo: Nos hemos convertido en empresa -real, aunque formalmente existan figuras jurídicas que no dan cuenta de este hecho- y, con ello, ha aparecido la gestión de recursos humanos.

Cuando alguien quiere enfatizar el papel de Recursos Humanos como área donde se prestan servicios internos a la empresa, suele olvidarse interesadamente o no que también tiene la función básica de mantener la disciplina interna y que, por medio de esa disciplina, la empresa tenga un comportamiento homogéneo en su relación con las personas sin convertirse las distintas áreas funcionales en reinos de taifas. No puede considerarse propiamente ésta una función «de servicio» sino de fiscalización y, desde luego, es necesaria.

En la práctica, sin embargo, Recursos Humanos se ha hecho fuerte a veces mediante formas de actuación que tienen poco que ver con las funciones anteriores: En muchas empresas, se ha convertido en un centralizador de información sobre salarios y sobre quién es quién tanto dentro como fuera de la empresa. Esta fuente de poder -la exclusividad en el acceso a la información- es la que ha quedado cercenada gracias a la aparición de la web 2.0. Cualquiera, no sólo alguien de Recursos Humanos, puede tener información precisa sobre quién es quién, su historial, qué dice en los foros profesionales en que pueda participar, cuáles son sus intereses tanto profesionales como extraprofesionales, conseguir referencias…el proceso de reclutamiento no es ya una exclusiva de Recursos Humanos sino que cualquiera puede buscar,  identificar y establecer contacto con las personas que le interesan.

Recursos Humanos sigue teniendo mucho que hacer en el ámbito de la organización interna y del mantenimiento de coherencia en las prácticas organizativas en relación con el trato de las personas, seguirá siendo quien utilice herramientas técnicas específicas tanto en las definiciones de puestos como de trayectorias profesionales como de estructuras salariales. Sin embargo, en todo lo relativo a reclutamiento y selección, sus decisiones estarán mucho más sujetas a escrutinio externo ya que, gracias a la web 2.0, ha perdido la exclusividad en la información. Cualquier puede, a coste cero, iniciar un proceso de reclutamiento o incluso ir más allá y hacer algunos tanteos a potenciales candidatos.

Para el candidato, por idénticos motivos,  Recursos Humanos perderá importancia ya que no será su referencia forzosa y podrá acceder directamente a las personas que le interesan en su área funcional. El papel de Recursos Humanos en la web 1.0 no se había modificado con respecto a la situación anterior a Internet ya que, simplemente, se había amplificado la potencia de salida de algunas prácticas gracias, por ejemplo, a la existencia de los portales de empleo. Sin embargo, la información seguía igualmente centralizada.

La transformación que nos convierte a todos, a la vez, en transmisores y receptores de información relativa a personas es la que obliga a un cambio fundamental tanto en el papel de Recursos Humanos como en su valoración por parte de candidatos externos. Quizás estamos ya en un momento en que el hecho de que un candidato envíe un curriculum a Recursos Humanos en lugar de buscar vías alternativas es ya una prueba de que ese candidato puede estar perdiendo el tren. Las cosas van a otra velocidad y tiene ya otras alternativas disponibles. El candidato se preguntará «¿Por qué no usarlas?» y Recursos Humanos, por tanto, deberá revisar cuidadosamente su propuesta de valor. La exclusividad en el acceso a la información no vale como respuesta.

El discurso del rey

Coincido: http://www.notasdecine.es/40876/criticas/critica-el-discurso-del-rey/

El trabajo de los dos principales actores, Colin Firth y Geoffrey Rush, es impresionante y no perdamos de vista el papel secundario de Helena Bonham-Carter. Colin Firth puede ser más conocido para muchos por «El diario de Bridget Jones» donde tenía un papel empequeñecido a mayor gloria de Hugh Grant y otros papeles menores con la excepción de «Un hombre soltero». Geoffrey Rush, por su parte, puede ser más conocido por su intervención en «Piratas del Caribe» y coindiciría con Firth en «Shakespeare enamorado».

Tom Hooper, el director, no se encuentra entre los «grandes reconocidos» del cine, tal vez porque se ha dedicado sobre todo a series televisivas pero, probablemente, es el artífice auténtico de la película. Alguien que es capaz de montar una película así con actores que no son de los que garantizan el lleno -aunque Firth ya fue candidato a un Óscar- y obtiene este resultado aún tiene mucho que decir en el cine, máxime si consideramos que ni siquiera ha llegado a los 40. ..y nosotros que lo veamos y lo disfrutemos.

Web 2.0, telebasura y consejos de ministros

Un video de Grupo 101 http://www.youtube.com/watch?v=uitAUu7cVSw nos da una idea de la importancia cuantitativa de las redes sociales.

Esto es sólo el principio; un cambio en la dimensión cuantitativa puede provocar cambios cualitativos como le ocurrió a Twitter o como le podría pasar en poco tiempo a Facebook: La base de usuarios puede dar lugar a que se inventen nuevas cosas que hacer con ellos y, con ser importante, seguimos estando todavía en el principio: En Socialnomics nos cuentan de forma muy gráfica cuál es la diferencia real:

En la Web 1.0 se reproducían los modelos comunicativos anteriores a Internet (del mismo modo que los primeros automóviles copiaban su diseño de los coches de caballos) y era una estructura organizada, unidireccional y, ocasionalmente y de forma limitada, bidireccional. Cierto que ya podían ocurrir cosas que antes de Internet no pasaban; por ejemplo, una información puede ser pública pero no publicada e Internet en su versión web 1.0 podía dar acceso instantáneo a esa información. Encontrar que una multa de tráfico publicada en un boletín provincial pone a la vista de todos el nombre, el DNI del propietario y la matrícula del vehículo es habitual; también puede ser habitual buscar el nombre de alguien de quien se sabe poco y encontrar, como el que no quiere la cosa, algo que no se estaba buscando como que la persona en cuestión ha sido condenada a una multa de X y que le han sido confiscadas las sustancias intervenidas.

La Web 2.0 es otra cosa: Hemos pasado de ser receptores pasivos a ser emisores de información pero no todo el mundo es escuchado ni por el mismo número ni por el mismo tipo de personas y esto es lo que nos lleva a un curioso paralelismo con la telebasura y con el Consejo de Ministros. Muchos chavales, convencidos de que la web 2.0 es la tierra prometida gracias a que les da esa posibilidad de convertirse en emisores, creen que son nuevos Zuckerberg o, como mínimo, «Dancing Matt».

La lógica de «si otros lo han conseguido ¿por qué yo no?» puede estar detrás del descomunal éxito cuantitativo de la Web 2.0 como lo está detrás de la compra de loterías -cuanto más grande sea el máximo premio mejor con independencia del número de los que lo consiguen- o de los que contemplan la telebasura o a alguien que ha llegado a ministro o más arriba y se preguntan «Si es@ ha llegado y no es más list@ ni ha trabajado más que yo ¿por qué yo no?».

La reflexión puede tener sentido; cierto es que todos solemos vernos con bastante indulgencia y podría ocurrir que el «otro» realmente tenga méritos para haber conseguido algo que nosotros no podemos conseguir. Pueden haberse dado también fenómenos equiparables a la lotería, aunque ésta adquiera formas tan pintorescas como que el décimo premiado consista en una cópula ya añeja con un torero o encontrar un tonto que necesita a alguien aún más tonto para que no le haga sombra.

La Web 2.0 nos convierte a todos en «famosos» y más vale que lo recordemos en el momento de entrar en Facebook o sitios similares. Todos somos emisores pero eso no significa que tengamos todos el mismo público en calidad ni en cantidad. No hace mucho -las cosas van muy deprisa- había empresas que pensaban que, en el momento en que tenían una página web ya eran modernos y podían vender en todo el mundo: Cartonajes Calasparra con página web pasaba a ser un potencial Microsoft o Amazon. Hoy, la web 2.0 da lugar a un fenómeno similar, el del iluso que piensa que, puesto que puede emitir, todo el mundo le va a escuchar. Craso error.

Los 8 fallos más comunes del nuevo emprendedor

Después de haber ejercido como consultor en muchos proyectos de creación de empresa, unos «de papel» entendidos como un ejercicio académico de fin de Master y otros de verdad con dinero encima de la mesa, creo que puedo llegar a hacer una síntesis de cuáles son los errores más comunes que se cometen:

  1. No tener una estimación de la cifra de ventas: Cualquiera podría decir que mientras no comencemos no hay manera de saberlo; sin embargo, todos los recursos necesarios para el inicio del proyecto los vamos a poner en marcha para ser capaces de atender un volumen de operaciones. Si no tenemos esa estimación ¿por dónde empezamos? Nota de tranquilidad: Un proyecto bien planteado tiene que ser capaz de aguantar un error del 100% al alza o 50% a la baja sin hundirse. Cambiaría el momento en que se alcanza el breakeven pero, si se han tomado precauciones básicas en la política de inversiones, tiene que aguantar.
  2. No saber por qué se hunde una empresa: Una empresa, especialmente una PYME, no se va a hundir porque los valores del ROI, del VAN o del TIR sean inferiores a lo esperado ni porque, analizado el modelo de cinco fuerzas de Porter, encontrásemos una configuración no favorable: Se va a hundir porque un buen día abrirán el cajón del dinero y no hay con qué pagar la luz o la nómina.
  3. No contemplar el periodo de «travesía en el desierto»: Cuando se pone en marcha una empresa, hasta que alcanza su plena operatividad transcurre un tiempo en el que se gasta dinero pero no entra. Al calcular las necesidades de financiación, hay que incluir la cantidad necesaria para mantener viva la empresa hasta que tenga capacidad para sostenerse por sí misma con sus resultados.
  4. Contar con subvenciones para la puesta en marcha: En muchos casos, las subvenciones tienen un componente discrecional pero, incluso cuando no lo tengan, el emprendedor se puede tropezar con las crisis de liquidez y los periodos de pago de la Administración Pública. Mejor no poner en marcha una empresa si la subvención se necesita para pagar la nómina del mes.
  5. No separar la condición de socio de la condición de trabajador de la empresa: Es muy común que, si una empresa se empieza entre dos socios vayan al 50%, si se empieza entre 3 tengan un tercio cada uno y así sucesivamente.  Hasta ahí el problema no es grave; el problema aparece cuando todos los socios se asignan un sueldo igual e insisten en ser «iguales» en todo. Inevitablemente habrá un socio que entienda que está poniendo más y quiere que eso se reconozca por los demás económicamente. Solución: Como socios, en función de su participación; como trabajadores, en función de su trabajo. Mezclar las dos cosas es garantía de conflicto seguro.
  6. Falta de realismo en los plazos: Cuando la puesta en marcha de la empresa requiere como elementos previos construcción, instalaciones, desarrollo de software u otros, es muy común que los plazos vayan mucho más allá de las estimaciones con el consiguiente efecto sobre la caja. Solución: Plazos realistas y penalizaciones sobre incumplimientos.
  7. No evaluar adecuadamente las capacidades técnicas necesarias: En ocasiones se puede necesitar un especialista muy cualificado pero no tener el suficiente dinero para pagarlo y conformarse con otro que no da el perfil. Solución: Buscar a la persona necesaria y, lo que no se puede pagar en dinero, ofrecerlo en participación en la empresa.
  8. No evaluar adecuadamente las capacidades de gestión: El apartado «gestión» es mucho menos transparente que el relativo a las capacidades técnicas e implica un conjunto de elementos de tipo interpersonal, de ser capaz de evaluar la situación en su conjunto y de coordinar una serie de recursos de diferente naturaleza. Precisamente ese carácter difuso hace que muchas veces no sea evaluado este punto por el emprendedor, especialmente cuando lo que tiene que hacer es una autoevaluación. Solución: Pregúntese si su experiencia pasada le cualifica de alguna forma para la nueva aventura, por qué e incluso qué cosas de esa experiencia tiene que desaprender lo antes posible.

¿Por qué no hay pantallas inalámbricas?

Seguramente ésta es una pregunta que no se puede permitir un experto pero sí un usuario avanzado y curioso. Probablemente hay dos motivos:

1- Si el enlace inalámbrico falla, nos quedamos colgando de la brocha. Nos puede fallar un teclado y recibir el simpático mensaje de Windows de «Teclado erróneo o ausente: Pulse F1 para continuar» pero siempre tendremos el ratón y la posibilidad de sacar un teclado proyectado en la pantalla pero, si lo que falla es la pantalla, no sabemos qué estamos haciendo.

2- Es posible que se requiera más ancho de banda. De hecho, es frecuente que la defensa de algunos Bancos contra los «keyloggers» sea precisamente proyectar las claves numéricas en pantalla y de forma aleatoria. Si fuera tan fácil capturar una pantalla como una pulsación de teclado, no tendría sentido tal tipo de protección.

Sin embargo, un motivo que hace que no me convenza demasiado la posibilidad del ancho de banda es el hecho de que podemos ver videos en Youtube o en canales de películas que tienen mucha mejor resolución mientras estamos conectados a una red inalámbrica. ¿No se le puede dar una IP a una pantalla igual que a una impresora inalámbrica y evitar la necesidad de una conexión física? Alguien podría plantear razonablemente que la utilidad del enlace inalámbrico es escasa porque siempre la vamos a tener ahí pero ¿no podríamos manejar ese mismo argumento con teclados y ratones inalámbricos? Cierto que el riesgo que corremos con la pantalla es mayor y tal vez ésa sea la justificación; no obstante, voy a contar por qué se me ocurre tan peregrina idea:

Los dos gadgets de moda, es decir, el nuevo IPhone y el IPad son prácticamente iguales a pesar de la obvia diferencia de tamaño. Lo mismo ocurre con sus dos más cualificados competidores en Samsung, el Galaxy S y el Galaxy Tab. Se diferencian en el tamaño de pantalla…y en el precio que parece ser función directa de la pantalla y del efecto de moda. Sin embargo, la pantalla grande -incluso las menos grandes como la del Galaxy Tab- también tiene un problema y es que el teléfono no cabe en un bolsillo normal, lo que obliga a tener dos, uno para cuando se lleva abrigo o, como mínimo, chaqueta, y otro para llevarlo en un bolsillo o en una funda de cinturón…y ahí viene mi pantalla inalámbrica:

Un único teléfono con su procesador, su memoria, sus aplicaciones y todas sus cositas…y una conexión inalámbrica con una pantalla grande que se puede utilizar como  Ipad, Galaxy Tab, Xoom o lo más nuevo que pueda salir al mercado; incluso como lector de libros electrónicos (de verdad; no de pantalla retroiluminada). De esta forma, tendríamos siempre el mismo teléfono pero, como un accesorio más de trabajo, podía ir acompañado por la pantalla cuando sea necesario y sólo cuando no lo sea.

Seguramente habrá quien piense que es mejor tener dos teléfonos móviles, uno personal y otro de trabajo; de esta forma, el de trabajo puede ser el voluminoso tablet y el personal uno cuanto más pequeño mejor y sin necesidad de grandes prestaciones: Mi experiencia, si a alguien le puede servir, es que es una forma de liar al personal, especialmente al personal más cercano y que pueda tener los dos: O se carga con los dos abiertos permanentemente o no saben dónde llamar; mejor un único número, sobre todo si se tiene un tipo de terminal que permita restringir las llamadas a grupos predeterminados de contactos.

La mejor combinación: Una pantalla grande (inalámbrica) como accesorio de un teléfono pequeño y de altas prestaciones. ¿Es mucho pedir?

Motores de avión: Pilares que nos mantienen a 10.000 metros del suelo

Hoy mismo publicaba Skybrary un excelente artículo http://www.skybrary.aero/index.php/Uncontained_Engine_Failure especialmente relevante ya que, gracias a este tipo de problema, el «superjumbo» de Airbus estuvo muy, muy cerca del «estreno» del modelo. El avión tiene cuatro motores pero no es lo mismo que falle uno, incluso en un momento especialmente delicado, que una explosión que empieza a romper cosas alrededor como conducciones de combustible, de líquido hidráulico y, con un poco de mala suerte, la cabina de los pasajeros.

Hay un problema siempre que se toca la seguridad y es que el «no pasa nada» es interpretado como una invitación a ampliar los intervalos entre revisiones o a intentar que se aumente el tiempo autorizado a volar con un solo motor en aviones ETOPS o al reducir el número de tripulantes en cabina o…

Hace pocos días, mantenía una discusión sobre cuál es la información real sobre la que se toman decisiones sobre la fiabilidad de los motores referida en concreto a los casos ETOPS (aviones de dos motores autorizados a realizar vuelos transoceánicos, para ponerlo en corto y para profanos aunque pierda algo de precisión). La situación, y si hay alguien que me pueda corregir le pido por favor que lo haga es la siguiente:

  1. Para calcular la potencia al despegue de un avión, tiene que tener un empuje igual al 15% de su peso máximo autorizado.
  2. Si tras la V1, también conocida como velocidad de decisión, un motor falla, el avión tiene que ser capaz de irse al aire.
  3. Si el avión tiene cuatro motores, esto significa que tiene que dar la potencia capaz de levantar el avión sólo con un 75% de su potencia nominal.
  4. Si el avión tiene dos motores y por idéntica lógica, el avión tiene que dar esa potencia con sólo un 50% de su potencia nominal.
  5. Ergo…si todo va bien, el avión de dos motores está más sobremotorizado que el de cuatro, es decir, tiene más potencia excedente.
  6. Sin embargo, en caso de fallo de un motor, el avión de cuatro se queda con tres mientras que el de dos se queda con uno.
  7. Tras la certificación inicial, la experiencia operativa con un tipo de motor y su fiabilidad demostrada representan la base para solicitar ampliaciones del tiempo funcionando en monomotor.
  8. La normativa ETOPS establece distintos niveles en función de la fiabilidad demostrada de forma que un avión bimotor ETOPS, en la eventualidad de fallo de uno de sus motores, puede continuar LEGALMENTE volando por encima de 3 horas si no encuentra antes un aeropuerto antes. Los planes de vuelo se preparan contando con que el avión nunca esté volando más tiempo del autorizado con un solo motor y hasta un aeropuerto que, en el momento de la salida del vuelo, se encontrase operativo.
Hasta aquí, las cosas parecen muy claras e incluso es fácil de entender por qué un bimotor en perfecto funcionamiento puede tener más potencia que un cuatrimotor ya que, por condiciones de certificación, necesita tener una potencia excedente superior. Sin embargo, ahora viene el problema:
  1. Los motores son muy fiables y, a lo largo del tiempo, el tiempo entre fallos ha ido creciendo de forma ininterrumpida.
  2. Los motores ETOPS de aviones bimotores pueden ser aún más fiables, no sólo por los cuidados especiales que reciben sino porque trabajan en unas condiciones más holgadas debido a ese mayor excedente de potencia.
  3. Los datos estadísticos sobre la fiabilidad de los motores, debido a ese grado de fiabilidad, provienen en su mayor parte de aviones con sus dos motores en perfecto funcionamiento. Una vez que uno de los dos motores ha fallado ¿tenemos información suficiente para saber cuál es la fiabilidad del que queda? No olvidemos que está trabajando en unas condiciones mucho más forzadas que las habituales y aunque, por certificación, no deba salirse de los parámetros de funcionamiento normal en esas condiciones anómalas, podemos tener información insuficiente para contestar a una pregunta simple: ¿La fiabilidad de un motor trabajando en solitario es la misma que la de ese mismo motor en condiciones normales?
Fallos como el del 380 de Quantas y la posibilidad de que hubiera acabado en desastre nos dicen que incluso aviones con cuatro motores pueden ser destruidos si un motor se comporta como una bomba y empieza a esparcir en forma de metralla sus propias piezas alrededor. Fallos menos espectaculares como una simple parada de motor sobre el océano en un avión que tenga sólo dos nos invitan a pensar si la fiabilidad es tan alta como nos dicen o la base de cálculo es incorrecta por falta de datos. Creo que la opción correcta es la segunda pero escucharé y publicaré con sumo agrado a cualquiera que me pueda demostrar que estoy equivocado.

Política española: ¿Tendremos un «tapado» verdaderamente sorprendente?

Recién entrado el primer gobierno de Zapatero circuló un chiste acerca de las entonces cabezas del PP a los que se llamaba «Los otros», haciendo referencia a la película de Amenábar. La razón era, según el chiste, «que estaban muertos pero ellos no lo sabían» como en la película.

La situación de la política actual recuerda a esta espléndida secuencia de Monty Python http://www.youtube.com/watch?v=KKl0bh_FbkQ donde el presunto muerto no sólo no tiene la menor intención de dejarse enterrar sino que va enterrando a todos aquéllos que le podrían hacer sombra. Bono, y las informaciones sobre su inexplicable patrimonio oportunamente pasadas a medios amigos y enemigos -el que medios amigos pasen la noticia da la pista de quién se la pasó a tales medios- fue el primero y ahora viene el que parecía sucesor, Rubalcaba, enredado hasta arriba con el turbio asunto del chivatazo de la policía a ETA.

La opción de Carmen Chacón parece una broma a cualquiera que no sea ella misma y, si conserva un poco de conciencia situacional, también a ella. ¿Quién queda?…Pista: ¿Quién dijo hace pocos días que estaba seguro de que sacaría en unas elecciones mejores resultados que Zapatero o que Rubalcaba o cualquier otro? El mismo; Felipe González.

A estas alturas, el conjunto del Partido Socialista tiene claro que acudir a unas generales con Zapatero como cabeza de lista es una debacle absoluta por mucho que cambien frecuencias de televisiones no-amigas en vísperas electorales y se juegue con los tiempos de los jueces amigos para conseguir sacar la porquería que pueda afectar al PP en el momento en que sea más oportuno para sus intereses. Como son muchos los puestos que están en juego, es dudoso que haya muchos cargos socialistas dispuestos a quemarse en la hoguera con Zapatero pero éste, que no se deja enterrar al igual que el personaje de Monty Python, va liquidando a todos aquellos potenciales candidatos que pudieran ser más o menos creíbles. Quedan muy pocas opciones y, entre ellas, una que se ha jactado de que conseguiría mejores resultados que cualquier otro y que es conocido por no dar puntada sin hilo, es decir, Felipe González.

Seguramente, si alguien quiere conservar a toda costa a Zapatero y que se presente a las elecciones, sólo puede ser encontrado entre los miembros de su partido que le deben absolutamente todo, que nunca soñaron en llegar donde han llegado y que saben que van a pasar directamente de la política a la jubilación forzosa o…entre los miembros del PP. Mariano Rajoy, aconsejado por Arriola con su eterna receta de «perfil bajo y déjale que se estrelle él sólo» se llevaría el susto de su vida si, después de años de haber hecho de la insignificacia calculada una práctica política, encuentra que se tiene que enfrentar a todo un Felipe González…que bien podría ganarle las elecciones si el Partido Socialista consigue vender (y tal vez pudiera hacerlo) que «todo es culpa de Zapatero».

Mira que si, a consecuencia del susto, el PP decide llamar a Aznar y el duelo se produce entre los que, a la vista de lo que ha venido después, nunca han dejado de ser los primeros espadas de sus respectivos partidos. Sería divertido y, además, es posible.

Operadoras telefónicas e infidelización de clientes o políticas comerciales absurdas

Después de varios años con Telefónica y con un consumo de telefonía móvil bastante alto, decido que voy a cambiar de terminal: Contando con la antigüedad, el sistema de puntos, la zona azul de compromiso a dos años, la bendición de Su Santidad el Papa, etc. son…240 euros el terminal por el que quería cambiar.

Voy a Vodafone y conseguir ese mismo terminal haciendo portabilidad del número me cuesta…49 euros y la cuota ligeramente más baja. Miro en Telefónica de nuevo  y encuentro que, si se trata de una portabilidad…¡¡¡Telefónica está regalando el terminal por el que me quería cobrar 240 euros!!!

Naturalmente, tramito la portabilidad. Cuando finalice el periodo de compromiso con Vodafone, si quiero cambiar de terminal de nuevo, me volveré con Telefónica. ¡Viva el concepto de fidelización del cliente!

Egipto: Una historia muy antigua

Hablemos de Pinochet en Chile, de Somoza en Nicaragua, de Noriega en Panamá, de Reza Pahlevi en Irán, de Saddam Hussein antes de volverse malo, de Hassan II y ahora de Mohamed VI de Marruecos, de Túnez y ahora de Egipto. ¿Qué tienen todos estos casos en común? El apoyo a dictadores sin escrúpulos por miedo a un mal mayor. El mal mayor se llamaba antes comunismo y ahora se llama integrismo pero el principio es el mismo: Olvídémonos de escrúpulos morales, apliquemos el principio (creo que se hizo explícito con Noriega) de «ya sabemos que es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta» y contengamos la respiración.

¿Qué pasa ahora en Egipto? Lo mismo que pasó en España hace treinta y cinco años pero más grave. En España, estar, haber estado o decir que se estaba en contra de Franco confería a cualquiera patente de demócrata, error garrafal cuyos resultados estamos viendo ahora. Los que apoyan a los manifestantes en Egipto parecen ignorar, no sé si deliberada o inocentemente, que no todos los que se manifiestan buscan establecer un Estado democrático y que muchos son manejados por el más rancio de los integrismos.

Si alguien tiene dudas al respecto, piense quién puede tener interés en asaltar un museo con piezas del antiguo Egipto. ¿Los mismos que destruyeron a morterazo limpio en Afganistán unos Budas inmensos que ofendían a su exquisita sensibilidad religiosa, tal vez? Cuidado a quién se apoya porque junto con gente que desea un Estado democrático hay otros que lo que buscan es una evolución del estilo iraní: Sustituir a un dictador (Pahlevi) por otro (Jomeini) que, encima, está convencido de que es el instrumento de Dios y eso le da derecho a todo.

Que todo esto pueda desembocar en una caída de Egipto en las manos del integrismo es bastante probable; que hay quien así lo está intentando y está provocando movilizaciones en distintos países para ver si consigue que caigan todos como fichas de dominó es bastante evidente. Es tan evidente como que apoyar a dictadores para que nos libren de males supuestamente mayores nunca ha sido buen negocio en el largo plazo: Que les pregunten a los americanos cómo les fue su apoyo a los talibanes contra los soviéticos y su apoyo a Saddam Hussein y al propio Ben Laden. Se recoge lo que se siembra.

Convergencia tecnológica: ¿GPS o «Smartphone»?

Conducir por una ruta desconocida o, más aún, entrar en una ciudad grande que no se conoce sin un GPS es algo que muchos conductores ni siquiera contemplan como posibilidad. Sin embargo, a los GPS de automóvil les ha surgido una durísima competencia en forma de «smartphones» o de «tablets» de pequeño tamaño que, en determinados sitios, se permiten incluso mejorar los resultados de los GPS en navegación.

Hace unos meses tuve la curiosa y algo inquietante experiencia de comprobar que el GPS se perdía en el centro de Boston. Creo que no hace falta explicar demasiado qué tiene de inquietante la experiencia de encontrarse extraviado en un automóvil en el centro de una ciudad grande pero quizás resulte más interesante explicar por qué el GPS se perdía…y por qué los «smartphones» no lo hacían a pesar de que, en su caso, el GPS es un accesorio teóricamente menor:

El GPS necesita «ver» el cielo y captar varios satélites para ser capaz de determinar una posición. Una vez determinada ésta, si el vehículo no está en movimiento, puede no saber exactamente dónde está si, por ejemplo, está detenido en una esquina. A pesar de que algunos modelos añaden un sistema más o menos rudimentario de navegación inercial que les permite mantener la navegación por túneles o lugares donde no cabe la recepción del satélite, esta prestación también necesita como punto de partida una posición y una orientación correctas. En Boston, y probablemente en muchas otras ciudades, hay una combinación mortal para un GPS: Edificios altos en calles relativamente estrechas y arboladas y ciudad llena de túneles. Dicho de otra forma, el GPS ve poco cielo en el centro y tiene pocas oportunidades para orientarse y, en consecuencia, se pierde y hace que se extravíe su confiado usuario.

¿Por qué un «smartphone» da mejor resultado en ese entorno? Porque tiene su secretito consistente en utilizar las torres de telefonía móvil para situarse por triangulación (como en las películas de la II Guerra Mundial para localizar desde donde emitía la radio del espía) y, de esa forma, conseguir con bastante rapidez una posición muy aproximada y sin necesidad de ver el cielo. Cualquier usuario de GPS habrá comprobado que, si lo apaga en un punto y lo enciende en otro, el GPS tarda en establecer la localización mientras que, por el contrario, el «smartphone» lo consigue casi inmediatamente gracias a su «información privilegiada» procedente del posicionamiento utilizando las torres de telefonía móvil.

A medida que los «smartphones» van teniendo más posibilidades, mayores pantallas, etc. va surgiendo una pregunta que incomodará mucho a los Tom-Tom, Garmin, Magellan y otros: ¿Por qué pagar por un GPS más las actualizaciones de cartografía cuando un «smartphone» me va a dar una posición más rápidamente, con independencia de que los satélites sean o no visibles y, además, con acceso a cartografía gratuita como la de Google Maps? En un momento en que los teléfonos o «tablets» pueden tener pantallas tan grandes o mayores que las de un GPS sólo se encuentra un motivo válido: En ausencia de conexión a Internet, el GPS funciona correctamente; el «smartphone» puede darnos unas coordenadas geográficas pero no la cartografía puesto que ésta no la tiene cargada sino que se encuentra en Internet.

Ésta es la situación actual que, en buena lógica, debe caminar hacia una convergencia todavía mayor: Si los GPS quieren permanecer en el mercado y no ser barridos por los «smartphone», deberán incluir sistemas de localización complementarios al satélite y ello nos puede llevar a sistemas muy parecidos a la telefonía: Aparatos de precio reducido pero con una cuota mensual que permita el acceso a una red telefónica para el posicionamiento y para tener una base de datos siempre actualizada, utilizando por defecto la existente en Internet y, en ausencia de ésta, la almacenada en el dispositivo.

¿Cuál puede ser el siguiente movimiento de los «smartphones»? Tener la cartografía almacenada en el aparato para eliminar el inconveniente que actualmente tienen con respecto a los GPS. Sin embargo, eso puede significar incluir en los contratos cuotas derivadas de la actualización de la cartografía.

¿Cuál puede ser el siguiente y posiblemente último movimiento? Unificación de dispositivos. Algunos GPS ya disponen de la posibilidad de ser utilizados como «manos libres» pero el paso siguiente sería fabricar dispositivos con todas las capacidades de un teléfono y poder así disponer de teléfonos Garmin o Tom-Tom o de GPS Samsung o Nokia. Cualquier otra opción significaría la desaparición en el medio plazo del GPS como dispositivo. Su aportación sobre los «smartphones» actuales es escasa; sobre un «smartphone» evolucionado y con su propia base de datos de cartografía sería totalmente nula.