Etiquetado: temas sociales y políticos
Reconciliación (autobiografía de Juan Carlos I)
Leído. Bien pero con muchas ausencias.
Normalmente, una autobiografía —aunque sea precisamente eso, una autobiografía— no se centra en el personaje sino en los contactos con muchas otras personas a lo largo de su vida y en cómo han sido esos contactos. No es el caso.
Los reproches, que los hay, hay que leerlos entre líneas. Repite con mucha frecuencia y referido a distintos personajes que separa la relación personal de la relación como Jefe de Estado…y lo repite con tanta frecuencia que sólo cabe suponer que está lanzando una crítica hacia su hijo, el actual rey, en el sentido de que éste no lo está haciendo en su relación con él.
La parte más interesante del libro es la relativa a la transición. No aparece, como había oído en algún comentario en la radio, como el único artífice sino que menciona y lo hace en términos muy positivos a Torcuato Fernández Miranda y a Adolfo Suárez aunque, eso sí, se reserva el papel de «director de orquesta», dándoles a éstos un valor más instrumental que otra cosa.
Sobre Torcuato hace una mención que es un dardo claro a los gobernantes actuales y, además, al igual que hace con la separación entre tipos de relación, es un asunto que repite más de una vez: Comenta que a Torcuato le ofreció elegir entre la presidencia del Gobierno o la presidencia de las Cortes y éste le contestó que le gustaría la presidencia del Gobierno pero creía que sería más útil en la presidencia de las Cortes. A partir de esta anécdota, reflexiona, más de una vez, sobre una casta de políticos que anteponía la idea del servicio a sus ventajas personales.
Otro personaje inevitable de la época previa a la transición es el propio Franco y, tal vez, las referencias a él se encuentran entre las más matizadas. Un aspecto que destaca es cómo Franco sabía que la dictadura moría con él y trató de protegerlo, impidiéndole la asistencia a aquelarres del Movimiento para que no se viera identificado con el régimen y destacase el perfil institucional. Menciona también su propia inquietud cuando su primo Alfonso de Borbón se casó con la nieta de Franco, los rumores sobre un posible cambio en la sucesión y cómo Franco acabó con esos rumores nombrándole oficialmente sucesor.
De los presidentes, aparte de Suárez, el más mencionado es Felipe González, sobre todo por su presencia y su papel durante la transición. Calvo Sotelo, Aznar y Rajoy pasan prácticamente desapercibidos y de Zapatero menciona dos elementos: Que él mismo se vio obligado a pedir disculpas en Estados Unidos por el incidente zafio provocado por Zapatero de no levantarse al paso de la bandera americana y el incidente con Hugo Chávez, cuando éste estaba insultando a Aznar con el beneplácito de la persona que dirigía la reunión, Michelle Bachelet. No hay forma de atisbar qué opinión le merecía cada uno de ellos; prácticamente están desaparecidos.
Cuando entra al momento actual presenta, se centra más en su vida en Abu Dhabi y en los problemas para volver que en lo que está ocurriendo en España y en cómo está navegando su hijo la situación.
Alguna vaga mención sobre sus relaciones, sobre regalos recibidos y cómo algunos de estos fueron cedidos a Patrimonio, lo que en algunos casos fue tomado como una ofensa por el donante, y ahora los disfrutan como privilegios propios del cargo los presidentes del Gobierno -dardo a Zapatero y a Sánchez- y proclama la inocencia de su hija Cristina porque, al parecer, como todos supimos en su momento, era tonta y no se enteraba de nada.
Tampoco está muy afortunado al calificar de «franquistas» a las víctimas de la masacre de Paracuellos cuando la variedad de éstos era mucho mayor de lo que implica tal calificativo y, en todo caso, se podría afirmar que no eran afectos al Frente Popular lo que, obviamente, no es lo mismo e incluso hubo víctimas que se encontraban en edades entre los 13 y los 18 años. Ciertamente, un desliz importante.
Conclusión: Puede ser interesante para todo interesado en la historia de España reciente, pero no debe esperarse algo del nivel de lo que escribió Kissinger sobre su etapa como Secretario de Estado. El tono egocéntrico, incluso para una autobiografía, la ausencia de referencias a la actualidad y la omisión de información sobre muchos aspectos importantes pueden frustrar las expectativas de todo el que espere una visión desde la posición del Jefe de Estado de los acontecimientos ocurridos en su época.
