Categoría: Recursos Humanos

Modelo de mejora organizativa «El padrino»: «Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar»

Cualquiera que lea esto es muy probable que sepa perfectamente que es un «Q». Para quien no lo sepa, «Q» es el acrónimo de «quarter», es decir, trimestre.

La importancia de la Q o «el Q» en masculino consiste en lo que implica: Todas las grandes empresas presentan sus resultados por trimestres, no por años, y un «profit-warning» indicando que las cifras de resultados en el trimestre van a ser peores de lo esperado tiene tintes casi trágicos.

Si nos queremos consolar, todavía nos podemos dar con un canto en los dientes porque no llegamos al extremo de la televisión con su «share» minuto a minuto pero, si no nos ponemos calderonianos y no nos basta con aquello de que «mas al volver la cabeza halló la respuesta viendo que iba otro sabio cogiendo las hierbas que él arrojó», nos daremos cuenta de que todo es un despropósito.

Se hacen grandes odas a la sostenibilidad y al largo plazo pero, al mismo tiempo, lo que importan son los objetivos trimestrales. Algunas empresas intentan introducir un factor de corrección mediante el uso de incentivos vinculados a los resultados a largo plazo como, por ejemplo, «stock-options» pero la presión hacia el corto plazo es muy intensa.

En este demencial contexto, hace ya años que trabajan algunas empresas dedicadas a conseguir «mejoras de productividad» y que, para ello, utilizan como gancho comercial algo muy parecido a la célebre frase del Padrino: Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar.

¿Cuál puede ser esa oferta? Por ejemplo, garantizarle a alguien que se le van a rebajar en un 15% anual sus costes operativos y, a cambio, cobrarle sólo el ahorro del primer año.

En principio, la oferta podría ser perfectamente legítima pero a menudo no lo es y juega con el énfasis en el corto plazo y la determinación de las cargas de trabajo.

Un ejemplo sencillo aplicado a un único puesto: Supongamos que alguien se dedica en su puesto a atender a clientes y a archivar documentos. Está claro que no se puede dejar que una cola crezca en un mostrador salvo que uno sea Ryanair o similar.  En esos casos, el cliente ya lleva el mal servicio descontado a cambio del bajo precio pero, afortunadamente, no es lo habitual.

El analista, al determinar la carga de trabajo, contará con que el archivo puede esperar y se «olvidará» de esa función asignándole un tiempo marginal. Si esta misma operación se repite en un conjunto de puestos de trabajo, se acabará encontrando que, con las cargas actuales de trabajo sobran 5…o 50 personas. 

Una vez que la organización empieza a funcionar con el nuevo modelo, el analista cobra su factura y todo queda liquidado. Pequeño problema: Esas cosas que no requieren ser hechas con urgencia pero que necesitan un espacio empiezan a ir acumulándose hasta que crean incidentes más o menos graves. Solución habitual: Volver al modelo anterior pero con menos dinero en caja -el cobrado por el asesor- del que había antes.

Simplemente, se ha jugado con el tiempo y se han optimizado los resultados a corto plazo a costa del medio y largo. Si las empresas no estuvieran tan sensibilizadas a esa práctica, no aceptarían este tipo de ofertas: Es como quien tiene hambre y resuelve el problema comiéndose su propio brazo.

Falsas selecciones o la pesca en el río revuelto de la desesperación

¿Qué ocurre cuando alguien acude a un supuesto proceso de selección y acaban diciéndole que ha sido seleccionado…para pagar un joining fee o cuota de enganche sin una contraprestación clara?

La situación no es nueva y la «creatividad» se parece mucho a la que se produce en el mundo del transporte cuando a alguien le venden un montón de chatarra a precio de oro con la excusa de que, a cambio, le van a dar trabajo como transportista. El trabajo nunca llega o se paga a unos precios ínfimos pero el dinero sí se ha pagado.

Ese mismo modelo se está transplantando ahora al mundo de los servicios. De repente, alguien pide a un consultor con muchísima experiencia en el ámbito X para trabajar proyectos. Naturalmente, ésa es una oferta que interesa a todo aquel que trabaje total o parcialmente como «freelance» pero, al llegar al proceso de selección, se encuentra con que éste se ha transformado en una «sesión informativa» compartida con un conjunto de personas de similares características.

En la «sesión informativa», los «candidatos» se encuentran con que, «en caso de que sean seleccionados», les exigirán el pago de una cantidad de cierta importancia. A cambio de esta cantidad, recibirán un curso inicial y…una tarjeta que les permita identificarse como miembros de una prestigiosa institución pero que no conoce absolutamente nadie.

Se supone que los asociados se comprometen a pasarse negocio unos a otros ya que confían ciegamente en la elaborada metodología de la prestigiosa institución y-pequeño problema- las tarifas utilizadas son bastante bajas, mucho más bajas si se tienen que compartir entre el referente y el que ejecuta el trabajo.

En unos pocos meses, he conocido dos nombres comerciales que funcionan con este sistema. Ni que decir tiene que en ambos casos decliné el «honor» de ser seleccionado.

Hay que estar muy desesperado para pretender pescar en esas ciénagas.

Humor involuntario sobre formación de directivos

La flexibilidad de los directivos

Charles Handy y la idea del «donut invertido»

Hay autores que escriben un libro en su vida y lo repiten muchas veces.

Peter Senge podría ser un ejemplo; escribió «La quinta disciplina» y la repitió muchas veces más con ligeras variantes llegando a componer una especie de bolero de Ravel del management con mínimas variaciones sobre el original.

Charles Handy, a pesar de una edad mucho más avanzada que la de Senge, se ha mantenido en el punto justo del autor que evoluciona en sus planteamientos sin olvidar, en el mejor estilo político, que es lo que dijo ayer.

Es así como pueden encontrarse obras de Handy como The Age of Unreason y The Empty Raincoat donde el autor viene a decirnos que se equivocó y que la idea aportada en la primera obra de la «organización federal» o el «trébol irlandés» que supondría que todos seríamos felices y comeríamos perdices se aleja mucho de la realidad a la vista de la evolución de las cosas.

Según Handy se ha producido una separación progresiva entre los puestos que aportan valor y los puestos que no lo hacen siendo muy difícil que los ocupantes de los segundos puedan pasar a los primeros.

Precisamente para explicar el concepto del nuevo puesto de trabajo, Handy acuñó un concepto que puede calificarse de aparente estupidez y que más tarde muestra ir más encaminado de lo aparente. Este concepto es el del «donut» invertido.

Como casi todos hemos comprobado experimentalmente, un «donut» es una rosquilla que, como tal, tiene un agujero en el centro rodeado de un dulce azucarado y, a veces, bañado en chocolate. Pues bien, Handy inventó un «donut» donde el dulce ocupaba el lugar del agujero y el agujero el lugar del dulce. 

Hasta ahí la tontería. Sin embargo, la explicación nos aclara que se trata de que la descripción del puesto y las normas y procedimientos a que éste se encuentra sujeto constituyen el lugar del dulce en el «donut» invertido mientras que el «agujero» que lo rodea es un contorno impreciso y difícil de definir que representa la aportación de su ocupante.

Dicho de otro modo, la parte estructural de la organización sólo aporta una fracción del valor que puede aportar una persona en su puesto a través de la aplicación de su iniciativa en terrenos que formalmente no están descritos como obligación suya.

Puesto que la iniciativa y la proactividad son las cualidades de moda, parece que este modelo apuntaría a cómo se organizan las empresas más avanzadas pero ¿es verdad? ¿realmente se quiere iniciativa en todos los puestos? ¿No hay muchos puestos donde se prefiere la controlabilidad y la previsibilidad a la iniciativa? ¿No estamos vendiendo un panorama dorado que sólo existe para unos cuantos privilegiados?

Éste es el tema que Handy trata en The Empty Raincoat cuando descubrió que el futuro ya no es lo que era.

  

El nudo gordiano de la motivación

Hace pocos días, hacía una reseña aquí mismo del excelente libro Freakonomics. Una de las cosas más interesantes precisamente era su tratamiento de la motivación y cómo lo iba aplicando a distintas situaciones generalmente poco estudiadas.

La idea de que existen incentivos económicos, sociales y morales está bien y suena al más elemental sentido común. No es un sentido tan común, y sin embargo también existe, el hecho de que hay intercambios entre los tres tipos de motivos y que esos intercambios no siempre funcionan en el sentido esperado.

En el ámbito de los recursos humanos, hay un precedente: Un libro que levantó bastante polvareda llamado Punished by Rewards donde el autor mostraba cómo uno de los efectos de los incentivos era externalizar la motivación y esto podía ser aplicado a múltiples ámbitos. Así, en el ámbito escolar, establecer premios por aprobar asignaturas podía significar una pérdida del interés en el estudio en sí y sustituir éste por un interés en la recompensa.

Los autores de Freakonomics daban un paso más y señalaban cómo la cuantía del incentivo tiene un efecto importante en la modificación de la conducta, cosa que dicha así suena absolutamente obvia pero que tampoco es tan evidente. Nuevamente, tenemos un referente anterior para este asunto y es la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger.

Festinger señalaba cómo alguien podía estar realizando una tarea que no le gustaba si la recompensa era muy alta. A medida que se iba bajando la recompensa, sin embargo, se producía un efecto interesante: Llegaba un momento en que la recompensa misma era insuficiente para justificar la realización de la tarea y, en ese momento, el sujeto alteraba su percepción de la tarea como desagradable para llegar a concluir que, aunque la recompensa era insuficiente, la tarea tenía su atractivo y, juntas ambas cosas, recompensa y atractivo de la tarea, podía tener una justificación para realizarla.

Cuando queremos plantearnos en una organización qué motiva o desmotiva a hacer algo, más que confiar en las teorías modelo El Corte Inglés que, supuestamente, son aplicables a todos los casos haríamos bien en analizar este tipo de intercambios.

Casos, como el analizado en Freakonomics de una guardería, donde establecer una multa para los padres que se retrasan provoca un aumento de los retrasos no tienen explicación para las teorías generales de la motivación. Sí la tienen cuando se trabaja con la idea de intercambio de incentivos:

Hay un desincentivo moral para el retraso y es el hecho de que los padres saben que están abusando del tiempo de personas que ya se tenían que haber marchado. En el momento en que se establece la multa, desaparece el desincentivo moral porque, simplemente, han empezado a pagar por un servicio y, a partir de ese momento en que desaparece el desincentivo moral, hacen sus cuentas y ven si les compensa el coste del servicio para contratarlo o no. Aquí es donde tiene gran importancia la cuantía del incentivo: La persona que introduce la sanción tiene que saber que, instantáneamente, va a acabar con el otro tipo de incentivo y, por ello, tiene que establecer cuantías que no compensen el retraso.

En el ámbito de la gestión del conocimiento, la idea de la motivación es igualmente vital. Se ha intentado dar un enfoque de software a un asunto que precisa una respuesta previa: ¿Por qué usarlo?

¿Cuál es mi motivo, si soy propietario de un conocimiento clave, para compartirlo? En última instancia, no compartirlo es una especie de seguro de vida de forma que, mientras sea valioso ¿por qué compartirlo? La idea de que es una manifestación de compromiso, etc. está muy bien pero exige que el compromiso se produzca por ambas partes y, mientras no sea así, poco hay que hacer al respecto.

A todo esto, todavía hay que unirle los motivadores individuales. Cuando nos preguntamos por qué trabaja la gente, la idea de incentivos económicos, sociales y morales también nos vale. Incluso, en parte, nos puede explicar no sólo por qué sino en qué trabaja la gente pero nos falta un elemento fundamental:

¿Qué le gusta hacer a la persona concreta con nombre y apellidos? La aproximación de Schein -ver su modelo de anclas de carrera en este blog- puede ser una de las mejores. Las organizaciones utilizan con frecuencia aproximaciones El Corte Inglés también a este asunto sin percibir que lo que le interesa a uno puede ser muy distinto de lo que le interesa a otro.

¿Alguien puede imaginar la oferta profesional que le podía hacer una empresa del tipo de la extinta Arthur Andersen a alguien con la mentalidad de hippie de los años 70? Evidentemente, son mundos distintos  y ambas partes saldrían espantadas una de la otra.

Sin embargo, y para complicar la cosa, también existe la evolución. Lo que nos interesaba ayer puede ser muy distinto de lo que nos interesa hoy. Recogiendo parcialmente el ejemplo anterior, la Unión Europea editó un libro llamado Guía del euro cuyo autor, Daniel Cohn-Bendit, fue precisamente uno de los líderes de las revueltas del año 68. O el señor Cohn-Bendit era un cínico redomado en el 68 o ha cambiado mucho.

¿Conclusión? Ninguna. Si alguien busca algo parecido a un algoritmo de la motivación, mejor será que vaya abandonando la idea. El trabajo de alguien que quiera entender este asunto no se parece al de un ingeniero ni al de un matemático sino al de un malabarista que sabe que existen una serie de factores que están alterando su posición constantemente y la alteración en uno de ellos provoca la alteración de otros. Mantenerlos todos en el aire al mismo tiempo es su trabajo y, en buena parte, la esencia del trabajo en recursos humanos.

Freakonomics (Steven Levitt y Stephen Dubner)

Aunque el libro lo firman dos autores, puede decirse que las ideas que están detrás de éste son de uno solo (Steven Levitt) que es un economista atípico.

Los autores señalan -y es cierto- que no han querido hacer un tratado más o menos lineal sino que han querido aplicar conceptos de la economía a un conjunto de ámbitos distintos de la propia economía o, en otros términos, han intentado utilizar un modelo económico como causa explicativa de fenómenos que, en principio, son totalmente ajenos a la economía.

El concepto de fertilización cruzada siempre es atractivo y no puede resultarle ajeno a alguien -como es mi propio caso- que ha tratado de extraer del ámbito de la seguridad aérea modelos de mejora organizativa para la gestión empresarial. Sin embargo, también tiene sus riesgos. Quizás el autor que mejor ha tocado estos riesgos es Gareth Morgan en su excelente estudio sobre las ventajas y limitaciones del uso de las metáforas.

Puede decirse, por ello, que el libro parece carecer de un hilo conductor pero es una apariencia falsa. Cosas como comparar las prácticas de los profesores de los colegios americanos con las de los luchadores de sumo pueden sorprender pero siempre se encuentra una lógica común: El incentivo.

Lo primero que se puede recomendar de un libro como Freakonomics es, desde luego, su lectura. Está ya publicado en ediciones muy baratas y será difícil encontrar mejores formas de invertir cantidades del entorno de los 5 o 6 euros.

Lo siguiente es mencionar la parte negativa del libro que, curiosamente, coincide con la positiva y es su originalidad.

Se dice de algunos autores o conferenciantes que venderían su alma al diablo por una frase brillante. Creo que es el caso de estos autores. Como ejemplo, atribuyen la disminución de la delincuencia juvenil a la lucha de una persona por la legalización del aborto. Según su lógica, abortan más las personas de entornos marginales y, una vez que el aborto fue autorizado, los niños que, por crianza, estaban casi predestinados a convertirse en delincuentes, simplemente no nacieron.

No tengo elementos de juicio para apoyar o contradecir la idea de que la legalización del aborto tuviera incidencia sobre la delincuencia juvenil pero considerar que este factor ha sido el motor principal de la disminución de la delincuencia lleva a recordar una frase de Mariano Yela: Todo tiene que ver con todo pero no del todo.

Cualquiera que no sea simplista en sus planteamientos estará persuadido de que la lógica sistémica funciona y que realmente existe el efecto mariposa pero la utilización constante de este tipo de ejemplos da la sensación de que los autores han buscado sobre todo la originalidad, la espectacularidad y, en suma, epatar al lector.

Algunos ejemplos son muy claros y muy bien estudiados como, por ejemplo, la demostración bastante clara de la existencia de trampas en el sumo basándose en la idea de incentivos diferenciales de ganar o perder en distintas situaciones y para cada uno de los contendientes. Los autores establecen las probabilidades de victoria en función de un historial previo y muestran cómo determinadas situaciones dan lugar a unos resultados completamente distintos de lo esperado en el cálculo probabilístico. Naturalmente, la situación sólo se explica mediante el recurso a la trampa.

Para no extenderme más, los ejemplos utilizados son brillantes -incluso demasiado brillantes- y eso hace que algunos mensajes muy sólidos del libro acaben quedando apagados por la originalidad y el brillo desplegado en temas que, probablemente, lo merezcan mucho menos. Una muestra:

Los autores establecen como ideas fundamentales que los incentivos constituyen la piedra angular de la vida moderna, que la sabiduría convencional a menudo se equivoca, que los efectos drásticos frecuentemente tienen causas lejanas, incluso sutiles y que los «expertos» -desde criminólogos hasta agentes inmobiliarios- utilizan su información privilegiada en beneficio propio.

Señalan también cómo por cada persona inteligente que se molesta en crear un esquema de incentivos, existe un ejército de gente, inteligente o no, que inevitablemente invertirá incluso más tiempo en tratar de burlarlos.

En relación con la disminución de linchamientos por el Ku-Klux-Klan, a pesar de permanecer la situación de miedo, señalan algo que es perfectamente extrapolable a situaciones como la vivida en España en relación con ETA: La gente responde fuertemente a los incentivos fuertes. Y existen pocos incentivos más poderosos que el miedo a la violencia aleatoria que, en esencia, es la causa de que el terrorismo sea tan eficaz.

Su clasificación de incentivos en económicos, sociales y morales es también de gran interés así como los ejemplos en que se muestra cómo se pueden transformar unos en otros y qué efectos produce esa transformación.

En resumen, un libro muy interesante donde los autores se han visto atrapados por su propia brillantez que ha llegado a ahogar algunas de las ideas centrales del propio libro que tienen un enorme calado.

Los gurús de la ética empresarial

Hay pocas cosas que a ciertas alturas puedan sorprender a alguien que lleva mucho tiempo viendo los movimientos del mercado pero la capacidad de sorpresa es inagotable.

Es cierto que puede encontrarse material serio en lo relativo a ética empresarial. Valgan como ejemplo los excelentes trabajos de Rafael Alvira o el texto de Harvard Can Ethics Be taught? pero permítaseme que, en lugar de tratar las contribuciones de estos trabajos -lo mejor que se puede hacer es leerlos y sacar las propias conclusiones- vaya, como Darth Vader, por el «reverso tenebroso» y dedique unas líneas a algo que me ha llamado mucho la atención.

No sé si éste es un fenómeno extrapolable a otros países pero, al menos en España, se da la casualidad de que varios de los más celebrados ponentes sobre ética son reputados golfos. No daré, lógicamente, sus nombres en este foro pero sí contaré algunos hechos representativos de estos «gurús de la ética»:

Uno de ellos cantaba las excelencias de su empresa de entonces en el terreno de la ética y dio un hermoso ejemplo: La empresa estaba en contra de una determinada guerra y ¡oh, sorpresa! el Gobierno que promovía esa guerra sacó a pública subasta un concurso para proveer de determinados alimentos a los soldados. El contrato era muy sustancioso y perderlo significaba abrir la puerta a otro competidor. La empresa ganó el contrato pero, dada su inmensa sensibilidad ética, decidió donar los beneficios de ese contrato a obras de caridad…o sea, lo mismo que hacen los narcotraficantes colombianos para ser unos personajes queridos por su entorno más próximo. Las prácticas personales del ponente, en este caso, son plenamente coherentes con lo que predica.

Otro caso aún más divertido: Hace varios años pretendía que un entonces poco conocido personaje impartiera un seminario sobre uso de sistemas de información para gestión de Recursos Humanos. El personaje aceptó y simplemente desapareció. Finalmente, el seminario tuvo que ser cancelado y llegó un buen día en que me di de narices con éste en una conferencia pública a la que asistíamos ambos. Sabiendo que había continuado normalmente con su actividad en una universidad privada, me soltó nada menos que había desaparecido porque había tenido una falsa alarma de cáncer y le habían estado tratando en la Universidad de Navarra. Ante mi cara de sorpresa -puesto que sabía que había continuado en todo momento en la Universidad- debió interpretar que se trataba de credulidad y quiso rematar la faena diciendo «¿No recibiste la carta que te mandé?». Pues bien, este personaje da también ponencias sobre ética.

Como todo puede ser mejorado, otro sujeto que se presentaba a sí mismo como gurú de la estrategia empresarial , tras su aparición como una especie de comercial de una escuela de negocios que se encontraba en cierto declive, decidió practicar sus habilidades en este terreno. Para ello, nada mejor que conseguir que le abrieran las puertas de algunos despachos gracias a la tarjeta de esa escuela para, a renglón seguido, tratar de vender los servicios de su chiringuito particular. Además de esto, no se privaba de difamar a personas que formaban parte de la misma institución, extremo que fue denunciado por algunos de los visitados por tal individuo y que se escandalizaron por tal actuación. No paró ahí la cosa sino que, a codazo limpio, se abrió paso para controlar un programa del área de Recursos Humanos con el fin de poder ganar acceso a más despachos aunque fuera a costa de liquidar el programa, como así sucedió. ¿Y sobre qué diserta nuestro buen amigo? Premio. Sobre ética.

Last but not least hay un conocido personaje que, entre otras cosas, se permitió utilizar una posición como contratante para contratar a ponentes amigos a precios astronómicos esperando la devolución del favor, fue capaz de derivar un contrato de la empresa que le pagaba el sueldo a una propia y fue capaz, dado su nulo dominio del inglés, de montar un guirigay con una consultora americana con la que acordó -sin darse cuenta de que lo había hecho- fechas para un seminario para luego retirarse discretamente de la escena y culpar a un tercero del desaguisado. Este mismo personaje, cuando ya sabía que salía de la empresa, logró que su jefe y amigo le firmase mientras salía por la puerta un sustancioso blindaje y es ponente de…¡¡¡ÉTICA!!!

No sé a qué obedece que haya tanta gente que se dedique a disertar precisamente sobre aquello de lo que más carece pero no es éste el único caso. Hablando con una persona, a la que entonces conocía mínimamente, sobre un conferenciante de mobbing me soltó a bocajarro: «No me extraña que hable sobre mobbing. Sabe mucho de eso porque lo ha practicado intensivamente». Si entonces me sorprendió que una persona casi desconocida me hablase de alguien en esos términos, más tarde, conociéndola mejor y sabiendo que se trataba de una persona sumamente discreta, el hecho me resultaría aún más sorprendente.

Por último, dentro de esta galería de horrores éticos, está el caso de un también conocido escritor en el ámbito de la autoayuda y asiduo colaborador de programas de radio y televisión donde ejerce como una especie de psicólogo de guardia. En una ocasión, alguien habló sobre el maltrato infantil y este personaje dijo algo así como «Maltratar a un niño…nunca, nunca». Casualmente, en ese momento estaba escuchando la radio y se me debió escapar algún exabrupto del estilo de «¡Será c…..!». El motivo del exabrupto estaba en que conocía a esta persona de bastantes años antes, cuando le tuve como profesor en mi colegio. El personaje era bastante fantasma y se jactaba de sus habilidades en el terreno de las artes marciales e incluso de cantar bien y, de vez en cuando, nos contaba unas historias donde el héroe principal y único era él y que nos transmitíamos entre las clases. Aparte de estos puntos más o menos folklóricos, tal profesor también tenía una mano bastante larga y la longitud de la mano tenía menos que ver con la gravedad de la falta cometida que con factores propios como -supongo- el tratamiento que ese día hubiera recibido en casa. Escuchar a tal personaje años después impostando un rasgamiento de vestiduras por un maltrato infantil me parece tan hipócrita como todos los casos anteriores.

Sólo encuentro una lección que se pueda extraer de todos estos casos: Puesto que hay gente que tiene una habilidad especial para decir lo que otros quieren escuchar, lo mejor que podemos hacer es no creer lo que se dice sino lo que se hace. Va a resultar que Revel tenía razón cuando afirmaba que la primera de las grandes fuerzas que mueven el mundo es la mentira.

Portabilidad y criticidad como bases para una estructura salarial correcta

Hace ya tiempo, cuando aparecieron los primeros sistemas de valoración de puestos, intentaron hacer compatibles la idea de equidad interna con la de ajuste a mercado en cuanto a niveles salariales se refiere.

 

La intención era, sin duda, buena pero puede estarse persiguiendo un oxímoron.

 

Asumiendo que un sistema de valoración está correctamente diseñado tanto en sus variables como en el peso que les da a las mismas, sería teóricamente posible diseñar una estructura salarial que garantizase la equidad interna.

 

En el colegio, antes de empezar a trabajar con el álgebra, nos enseñaban a resolver problemas matemáticos mediante el método llamado de falsa posición. Pues bien, asumamos la falsa posición de que, tras la aplicación impecable de un sistema de valoración perfecto hemos establecido una estructura salarial que garantiza al 100% la equidad interna.

 

Al cabo de un tiempo de poner en funcionamiento nuestro sistema perfecto, podríamos encontrar que aparece un fenómeno de elevada rotación selectiva. La rotación será selectiva porque afectará precisamente a aquellas posiciones que son especialmente demandadas en el mercado y el argumento de la equidad interna difícilmente retendrá a quienes ocupan esas posiciones.

 

Por el contrario, en las posiciones menos demandadas en el mercado, es de esperar que la rotación se mantenga a niveles bajos porque, comparativamente con el mercado, sus ocupantes se verán mejor tratados.

 

Ésta es la situación. ¿Qué suele hacerse y qué debería hacerse?

 

Una salida habitual consiste en la utilización de los llamados complementos personales, es decir, pretender ajustar el nivel salarial de una posición al mercado recurriendo al argumento de que no se está retribuyendo a esa posición -puesto que esa retribución viene ya marcada en el sistema previamente diseñado- sino el hecho de que la persona que ocupa esa posición es excepcional y lo que se está retribuyendo es esa excepcionalidad.

 

La trampa cae por su peso cuando se descubre que, casualmente, todos los que ocupan las posiciones más cotizadas en el mercado son seres excepcionales que tienen retribuciones por encima de lo que marcaría el sistema que había garantizado la equidad interna.

 

Para decirlo en muy pocas palabras, cuando la rotación se nos dispara selectivamente, no queda más remedio que buscar un posicionamiento en el mercado a costa de la equidad interna. La idea de complemento personal es un subterfugio para evitar decir que es exactamente eso lo que se ha hecho.

 

Las posiciones más cotizadas fuerzan, por ello, a una ruptura de la equidad interna tanto si se confiesa abiertamente como si se recurre a alguna vestimenta que permita evitar esa confesión.

 

¿Qué ocurre con el otro extremo? Cuando se optó por la equidad interna, se decidió retribuir a algunas posiciones por encima de lo que marcaba el mercado. Si consideramos que en muchas empresas los costes salariales representan alrededor del 50% de los costes totales, ésta es una práctica que puede resultar muy peligrosa en términos de competitividad.

 

Probablemente, por muchas vueltas que le demos, es difícil que podamos escapar de dos variables al definir una estructura salarial: Portabilidad y criticidad.

 

La portabilidad significa que una determinada posición puede encontrar acomodo en multitud de sectores. Como ejemplo, las posiciones de los ámbitos financiero o informático pueden encontrarse en todas las empresas medianas o grandes de cualquier sector.

 

¿Tiene sentido que busquemos comparar los salarios de nuestra empresa con los salarios que está pagando el sector para esas posiciones? Obviamente no. La persona que ocupa este tipo de posiciones sabe que su mercado profesional es mucho más amplio que el sector en que está trabajando en este momento y hará unas comparaciones más amplias. ¿No debe hacer lo mismo la empresa y comparar a estas posiciones con un mercado general?

 

La criticidad hace referencia al valor que una determinada posición tiene para una empresa concreta. ¿Vale lo mismo un informático para Microsoft que para un concesionario de Renault? Obviamente no. Un informático especialmente diestro en un lugar poco sofisticado puede tener un conjunto de habilidades que no se utilizan y, por tanto, no se pagan mientras que en otro lugar puede ser clave para la competitividad.

 

La consecuencia lógica es que, cuando un puesto sea crítico para el éxito de la empresa, ésta intentará posicionarse en una banda de mercado alta de forma que su capacidad de elección -aumentará el número de candidaturas- crezca y tenga acceso al personal más cualificado. Paralelamente, si el puesto es poco crítico y no necesita a alguien con un especial nivel de destreza, tenderá a posicionarse en una banda de mercado más baja.

 

Por reflejar esto mediante un ejemplo ¿Qué porvenir habría tenido una Maria Joao Pires en una banda de pueblo supuesto que dicha banda tuviera piano? Poco. ¿Sus habilidades como pianista iban a ser apreciadas o relevantes en el contexto de un concierto dominical en la plaza del pueblo? Ni iban a ser adecuadamente apreciadas ni pueden ser adecuadamente retribuidas. La única solución que le quedaría a nuestra virtuosa pianista sería ir pasando a otras bandas u orquestas de mayor nivel donde sus habilidades sí pudieran ser apreciadas y retribuidas. Éste es un movimiento normal que se da en todos los ámbitos profesionales.

 

Éstos son los hechos pero ¿dónde quedó la equidad interna? Probablemente en el argumentario de ventas de algunos consultores pero es difícil de llevar más allá.

 

 

Mercado de trabajo y encuestas salariales

Pocas cosas hay tan difíciles en Recursos Humanos como definir cuánto hay que pagar a cada uno y por qué.

A menudo, la contratación de una persona se convierte casi en una compra en el mercado donde el único criterio es hacerlo por el mejor precio posible. Al poco tiempo, esa persona se encuentra con que ha habido otros que, haciendo lo mismo o menos, han negociado mejor y tienen niveles salariales más altos con la insatisfacción consiguiente.

Teóricamente, los niveles salariales individuales son casi un secreto de Estado en la mayoría de las empresas; en la práctica, suele ocurrir que todo el mundo sabe el salario del vecino al céntimo y ése es uno de los índices que cada uno utiliza para saber dónde está. No es por casualidad que María Callas definiese lo que iba a cobrar por una representación en términos relativos: Un dólar más que el que más cobre. Este simple hecho -la dimensión comparativa- es uno de los olvidos en que suelen incurrir los estrategas de la compensación.

En cuanto a lo que se refiere a la comparación externa, los problemas no son menores. Si, por ejemplo, observo que mis informáticos abandonan la empresa, sirve de muy poco asegurar que soy el que mejor paga a los informáticos de mi sector.

La comparación con el sector es útil cuando se trata de puestos cuya movilidad está limitada por las fronteras sectoriales; así, si tengo un taller de automoción, no voy a enterarme de cuánto cobran los mecánicos de coches en el sector lácteo porque no existe tal figura. Sin embargo, son muchos los puestos que no son específicos de sector y, en tal caso, restringir la comparación a nuestro propio sector es de nula utilidad.

El carácter más o menos crítico de un puesto o familia de puestos para una organización es determinante de dónde debe estar ese puesto situado salarialmente. Existe un equilibrio entre el factor coste y el factor atracción y, como es lógico, cuanto mayor sea el atractivo salarial que quiera tener, mayor será el coste mientras que cuanto menos me preocupe el atractivo salarial, menor será el coste que asuma. Lógicamente, cuanto más crítico es un puesto para la organización, más posibilidades quiero tener de elección y ello implica aumentar el atractivo; por el contrario, cuanto menos crítico es el puesto, menor interés hay en hacerlo atractivo. Ello implica menores posibilidades de elección y asumir que, normalmente, habrá una mayor rotación en esos puestos.

Sólo con estos elementos, ya nos encontramos con un problema: Supuesto que disponga de buenas encuestas salariales, tendré que utilizar las sectoriales para los puestos específicos y las generales para los puestos que tengan movilidad en el mercado. Tendremos que contar además con cuál es la definición del sector porque puede haber empresas de muy distinto nivel haciendo que la comparación entre ellas sea poco o nada relevante.

No terminan aquí los problemas. Hasta aquí, el criterio para la definición de niveles salariales sería un puro posicionamiento en el mercado. El posicionamiento estaría asociado a la criticidad del puesto y la definición del mercado a la movilidad del puesto a través de sectores o a la heterogeneidad del sector. ¿Dónde queda la equidad interna?

Comenzábamos con el problema que se presenta cuando alguien intenta contratar al mejor precio posible sin entrar en otras consideraciones. Aquí tenemos otra faceta del mismo fenómeno. Los sistemas de valoración de puestos han tratado de establecer criterios de equidad pero, sin entrar en los detalles técnicos de tales sistemas, lo cierto es que, cuando se tropiezan con el mercado, las valoraciones de puestos suelen salir perdiendo. Las escasas excepciones a esta regla suelen encontrarse en empresas con una elevada conflictividad donde la valoración es aceptada como la solución menos mala.

Hasta aquí, algunas consideraciones sobre cómo definir el nivel salarial para un puesto o familia de puestos pero ¿qué ocurre con el individuo? ¿en función de qué lo situamos por encima o por debajo del nivel establecido para su posición? ¿estas diferencias tienen que ir en forma de salario fijo o variable? ¿hay que incentivar resultados inmediatos o de largo plazo, individuales o colectivos?…

No entraremos en más por ahora. Lo dicho puede ser suficiente para mostrar que éste es un tema no trivial y en el que las empresas se juegan mucho.