Categoría: Gestión de conocimiento
Technology development model, safety and security: Time to change?
Many people had been warning about a wrong technological development years ago; you can find an example in the frame of this blog under the name «Improving Air Safety through Organizational Learning». However, the development model did not change at all and nobody paid attention. Statistical information, in a high level analysis, could justify this behavior but, in the last years, many things have happened that can be seen as a serious warning hard to ignore. The so-called «black swans», meaning facts impossible to forecast, start to become a full flock. Some cases:
- Economic crisis: We can speak about greed, opportunism and many other things. The fact is that the financial system was so complex that it was impossible to have a real surveillance and many people understand parts of it but ignore secondary effects in different parts of the same system. Perhaps, the best explanation about what happened is a humoresque one: http://youtu.be/mzJmTCYmo9g Opening any newspaper can show how hard is an agreement about the diagnostics and, hence, about the solutions. Depending on the expert one asks, forecasts are going to be different. Even, with emergent issues like BitCoin, there is not an agreement among experts about what the consequences are going to be.
- AF447: This air accident should mark a change: Experts with interest in the market went running to show that, at the end, everything was coming from a sensor and a human error. Is that right? If a faulty sensor and a tired pilot are enough to crash a plane…something is seriously wrong about air safety. Journalists ready to help manufacturers and regulators emphasized the time required by the pilot to go back to the cockpit. Have you ever seen the layout of a long-haul plane? Perhaps, you have observed a door in the middle of the plane where crewmembers come and go through. This door allows crewmembers to access the bunks that are downstairs. Now, watch in hand, try to find how long it takes to arrive from the bunk to the cockpit. Why bunks were removed from a position near to cockpit? The reality is that crewmembers got confused and a system that does not give enough information about what happens is, at least, questionnable because under unplanned events, it can produce confusion and inability to find the right action to perform.
- Cyberattacks: About two years ago, Iranian said to be able to get control over a U.S. drone forcing to land. The feasibility of that was rejected by U.S. officers but, only days ago, something happened inviting to think that it was a real possibility: http://www.businessweek.com/articles/2013-04-12/hacking-an-airplane-with-only-an-android-phone If a mobile phone is enough to get control over a manned plane…can we seriously affirm that it is not possible with more advanced technology over an unmanned one? Aviation is not the only activity where things like these can happen: http://arstechnica.com/information-technology/2013/04/the-spammer-who-logged-into-my-pc-and-installed-microsoft-office/ It’s said months ago that something bigger than 11S could come from powerful cyberattacks that could make useless vital installations. Even some technology managers are worried about the possibility of an undetected cyberattack that could convert a sophisticated weapon into something useless at the critical moment. Beyond cyberattacks, the feasibility of an EMP (http://en.wikipedia.org/wiki/Electromagnetic_pulse ) with similar but longer term effects is another real and present danger.
- Food fraud: Is it so hard identifying the kind of meat -if so- that hamburgers have inside? Perhaps it is hard for users but…also for regulators? Why every other day a new scandal appears with products containing something that it is not in the declared composition? Not only horse or moose meat but dogs…what else?
- Aviation safety: Beyond AF447…is the average passenger informed and concerned about what is the real safety level? Does the passenger know that, when crossing an Ocean in a twin plane, if one of the engines fails, the plane is certified to fly for hours with the remaining engine? Manufacturing processes are the ones that are certified or, as some people say, different? http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/03/19/is-boeing-s-737-an-airplane-prone-to-problems.html . What about the air quality onboard? http://www.achooallergy.com/air-quality-airplane-cabins.asp What about the practice in some airlines of having a flight student as a first officer paying to fly in a plane with passengers?…
In short, technology has kept the same track and it is more and more hard to understand and check. Regulators cannot be trusted -independently of their knowledge or professional attitude- if final user cannot check their work. If users cannot check how the regulators protect their interests, the expected results should be that the regulators should take care of their own interest, that not always could be the same that the ones of users.
The old Rassmussen rule, «the operator has to be able to run cognitively the program that the system is running», is not followed time ago. However, as times goes by, we find that the problem goes beyond operators. Designers themselves understand specific parts without a clear understanding of the full product and, hence, unable to foresee consequences coming from interactions among different parts of the system. AF447 was a big warning light but it is not the only one and, perhaps, it is not even the worst one. It should be the right time for an assessment of technology development model. Otherwise, consequences will be worse and worse.
Tecnología ofensiva
De una vez para otra, siempre olvido la facilidad que tienen en Estados Unidos para llamar imbécil al que no vive allí con las cosas que deberían ser más sencillas en la vida:
Sacar un billete de metro en una ciudad desconocida es una aventura, entrar por una boca para después buscar la dirección adecuada puede ser un error importante porque, en muchas partes, eso hay que decidirlo antes de entrar ya que la entrada sólo lo es para UNA de las direcciones. Poner en marcha un microondas debería ser muy fácil pero resulta que, si no está ajustado el reloj, no funciona. Por supuesto, este detalle no está avisado en ningún sitio pero, eso sí, hay sitios en Internet especializados en almacenar manuales de usuario y que, por el módico precio de 12 dólares, están dispuestos a suministrar un PDF con el manual correspondiente.
Un simple ventilador puede ser todo un reto para el que busque un botón de puesta en marcha o una forma sencilla de hacerlo funcionar utilizando el regulador de potencia. Conseguir un café decente es prácticamente imposible porque hay tal variedad de marcas -y todas afirman ser las mejores- que encontrar el adecuado por ensayo y error puede suponer 100 años de tragar un café infame y, al final, se acaba haciendo la aparente paletada de traerse el café de España en la maleta. ¿Qué decir de esos grifos que tanto gustan a ingleses y americanos donde ducharse con el agua con su temperatura y caudal adecuados roza lo milagroso para quien los utiliza por primera vez?
Sólo encuentro una excepción a esa regla general: El tráfico. Hace mucho tiempo llegué a la conclusión de que en Estados Unidos, las señales de tráfico estaban hechas para idiotas mientras que en España estaban hechas por idiotas y, desde el punto de vista del usuario, prefiero con mucho la primera opción. Aún así, teniendo en cuenta la cantidad de gente que vive en medio del bosque, es imposible sobrevivir sin un GPS porque, en caso contrario, una vez que uno se haya extraviado en el bosque no va a encontrar ni al lobo de Caperucita para poder preguntarle el camino.
Otro precio de la crisis económica y política: Capital humano
Hace varios años me tocó dirigir un proyecto en El Salvador: A pesar de la amabilidad de su gente y de ser, al menos en ese momento, uno de los países donde menos corrupción visible había dentro del área geográfica llegué a la conclusión de que el país estaba muerto. La razón era muy sencilla: Un país donde una gran mayoría de sus ciudadanos tienen como máxima aspiración emigrar a Estados Unidos no tiene vida por delante.
Un país guiado por la máxima de Serrat de Escapad, gente tierna que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer no puede tener futuro. He tenido en los últimos años contacto con «españoles por el mundo» y, cuando les he preguntado por su intención de regresar, la respuesta ha sido unánime: Sólo de visita. En unas ocasiones porque no veían perspectivas en España, en otras porque sí las veían e incluso tenían buenas ofertas pero, si la aventura salía mal, no tenían donde ir y preferían estar en mercados mucho más abiertos, en otras, porque ya tenían hijos que habían nacido y estaban escolarizados en otro país y no veían ninguna ganancia para ellos con la vuelta a España…por unos u otros motivos, nadie tenía ningún interés en volver para quedarse.
Cuando se ha intentado en España poner coherencia en la política de inmigración, la lógica más evidente indicaba que se debía dar paso libre a los necesarios, es decir, aquéllos que fueran capaces con sus habilidades de hacerse un hueco en una sociedad que requería esas habilidades y, de esta forma, llegar a una situación de ganancia para ambas partes: Para el inmigrante y para el país que lo recibe. Ésa es exactamente la lógica que ahora están aplicando otros países cuando, por ejemplo, reclaman ingenieros o médicos en España para trabajar en países extranjeros. La falta de perspectivas en su propio país hace que cada vez sean más los que estén dispuestos a dar el paso y, una vez dado, si logran una situación estable, ven que hay otros mundos no necesariamente peores que éste y se adaptan a ellos, hay que dar su regreso por descartado.
Los que contemplan la situación desde la óptica macroeconómica afirman que el endeudamiento es tal que va a afectar a nuestros nietos. Es posible que no. Es posible que muchos de nuestros nietos nazcan ya fuera de España y, si no es así, marchen al inicio de su vida adulta y produzcan y paguen impuestos en otros países. Naturalmente, quien se va es quien se puede ir, es decir, quien tiene algo que ofrecer y encuentra alguien que se lo quiere comprar. Aquí se quedarán los golfos con coche oficial o sin él, los que hayan conseguido un nicho que les permita sobrevivir -y eso mientras no les toquen demasiado las narices- y los parados sin posibilidades en el exterior.
Ése es el panorama que tenemos. Mientras los políticos les ríen las gracias a los «indignados oficiales», está habiendo una revolución mucho más discreta: La de los que, como Santa Teresa, sacuden las zapatillas para no llevarse con ellos ni el polvo. En este caso, las zapatillas pueden ser unas Nike o unas Reebok y tienen poco polvo porque los aeropuertos suelen estar limpios pero el efecto es el mismo y produce empobrecimiento a medio y largo plazo, un empobrecimiento que nadie se ha molestado en cuantificar.
¿Por qué el informe meteorológico del telediario no lo da un meteorólogo?
En una gran mayoría de los casos es así desde hace bastantes años como puede verse en este divertido video. Desde los tiempos de Mariano Medina y su «barco K» en las Azores a la actualidad, en que se buscan presentadores/as y se dan incluso casos como Minerva Piquero, que empezó presentando el informe meteorológico para continuar con una carrera como presentadora, ha llovido mucho…y el perfil de los que nos informaban de que llovía ha ido cambiando.
En realidad, no sólo en la televisión sino en las mismas organizaciones dedicadas a la previsión meteorológica, los meteorólogos han ido perdiendo peso en favor de sistemas cuyos resultados no pueden reproducir ni cuestionar. El aumento de bases y tipos de observación y el procesamiento de todos ellos ha dado lugar a un sistema que es materialmente imposible de ser replicado…en el caso de que el meteorólogo supiera cómo funciona el ordenador y conociera sus algoritmos para la preparación de la previsión.
Simplemente no puede y, si en su propio feudo el meteorólogo se ve desplazado ¿cómo no va a serlo en la televisión? La experiencia nos muestra que las previsiones meteorológicas, cuando son hechas para espacios breves de tiempo, aciertan mucho más que antes -es conocida la historia de un hombre del tiempo, Eugenio Martín Rubio, que se apostó y perdió el bigote en relación con una previsión- pero esas previsiones no pueden ser reproducidas y, de vez en cuando, los ordenadores hacen tonterías: Cuando se produce una situación excepcional que no estaba prevista, puede encontrarse que el algoritmo utilizado funciona bien casi siempre pero no en esa situación precisa pero, lamentablemente, no hay forma real de validar o invalidar una previsión.
La consecuencia es que han echado a los meteorólogos de la televisión pero lo más grave no es esto: También los han echado o los están echando de los sitios especializados en previsión meteorológica.
«The Future of Management» de Gary Hamel: Lecciones para la Administración Publica y para grandes empresas
Gary Hamel ha vuelto a hacer un gran libro a la altura de su ya clásico Compitiendo por el futuro. El libro es una enmienda a la totalidad dirigida hacia las actuales prácticas de dirección de las organizaciones y muestra algunos ejemplos como Wholefoods, Gore y Google de empresas que funcionan con distintos modelos de dirección.
Durante unos cuantos años les he llevado la contraria a los principales autores en el ámbito de la motivación, señalando que la principal fuente de motivación o desmotivación tiene un nombre: Significado. Cuando alguien percibe que su trabajo es importante y que hay una diferencia clara y visible entre hacer las cosas bien y hacerlas mal, ha encontrado la principal fuente de motivación que puede existir; por el contrario, cuando percibe su papel como el de una pieza insignificante dentro de un mecanismo indiferente a lo que pueda hacer o dejar de hacer…ahí tenemos la fuente de desmotivación y, andando el tiempo, del burn-out.
Simple e intuitivo ¿verdad? Además explica cosas: Explica por qué en muchas pequeñas empresas las personas pueden tener una motivación más alta que en grandes corporaciones, explica por qué cuando se habla de la ineficiencia de la Administración Pública, sigue habiendo mucha gente que prefiere ser operada en la Seguridad Social y, si tiene un incendio en su casa, llamará a los bomberos con la seguridad de que su caso recibirá la atención debida. ¿No son funcionarios tanto el médico como el bombero? ¿Cómo se compagina esa bonita canción tan apreciada por crítica y público del funcionario vago con la disposición a ser operado o atendido por un funcionario, incluso en presencia de otras opciones?
Muy sencillo: Tanto el médico como el bombero tienen la suerte de estar entre los pocos puestos que, por su naturaleza, tienen un acceso directo al valor de su contribución. Son puestos cuyos ocupantes pueden producir una diferencia visible para otros pero también para ellos. Naturalmente, la pregunta que sigue es: Si la percepción del significado de nuestras propias acciones puede hacer la diferencia entre motivación y desmotivación ¿por qué no procuramos diseñar organizaciones donde todos los puestos permitan que sus ocupantes observen en qué forma sus acciones son relevantes? Ésa es la precisamente la pregunta a la que trata de responder Gary Hamel.
Modas como el empowerment no funcionan por la sencilla razón de que, para empower a algunos hay que disempower a otros y es bastante dudoso que éstos se dejen: Hamel señala cómo es realmente difícil copiar la capacidad de innovación en management y cómo durante muchos años los principales fabricantes norteamericanos del automóvil han estado observando a Toyota sin que hayan sido capaces de reproducir sus resultados. No era tan difícil; simplemente se han quedado con lo anecdótico y han hecho bueno el dicho de «cuando el sabio apunta al cielo, el tonto mira al dedo».
Puede decirse que hay tres grandes revoluciones, la última aún por consolidarse, en lo que se refiere al management: La primera vino de la mano de Frederick Taylor y su estricta separación entre planificación y ejecución; la segunda aparecería asociada a los sistemas de información y vino a profundizar en los efectos de la primera dando lugar a un nuevo tipo de taylorismo. Los sistemas de información rebajaron espectacularmente el coste de hacer disponible la información en distintos lugares y, con ello, rebajaron el coste de control facilitando una nueva centralización en la cúpula organizativa. La tercera revolución está viniendo de la mano de algunas organizaciones avanzadas y, como señala Hamel, está tomando como paradigma el funcionamiento de Internet.
Internet, en su versión web 2.0 ha introducido un cambio fundamental: No hay una división clara entre los que emiten y reciben información, división que sí se producía en la anterior configuración y que venía a reproducir un modelo clásico de organización. La web 2.0 dota a todos de voz y es su capacidad para ser escuchados la que define las posiciones de liderazgo; cierto que eso puede haber traído como subproducto indeseable una preocupación exagerada por los rankings y por las formas de engañar a los buscadores para situarse más arriba pero el principio permanece: Todo el mundo tiene una voz y una oportunidad para ser escuchado; el oscurantismo y la retención de información como fuente de poder no funcionan.
Las organizaciones analizadas por Hamel se basan en núcleos autónomos con una gran capacidad para decidir, con toda la información necesaria para tomar las decisiones y con unos indicadores de rendimiento muy claros tanto propios como comparados. Además de los núcleos formales existen otros informales y es de éstos de los que sale toda la capacidad de experimentación y de innovación de las empresas; de hecho el goretex salió de la observación por parte de Bill Gore de que Dupont no estaba aprovechando debidamente la capacidad de innovación que había en los miembros de la organización; más tarde, una vez puesta en marcha su propia empresa, aplicaría su conocimiento a la fabricación de un producto en principio tan ajeno a su mercado como las cuerdas de guitarra.
Ejemplos sumamente interesantes todos ellos y un mensaje duro: Sabemos qué es lo que funciona y sabemos qué es lo que no funciona; sin embargo, lo que no funciona aporta tranquilidad a aquéllos que tienen posibilidad de cambiarlo porque respeta su statu quo y su autoridad no es discutible. ¿Se pierden por el camino motivación y capacidad de innovación? Sin duda alguna; son daños colaterales que se llevan sufriendo tanto tiempo que forman parte del paisaje corporativo.
Automatismos e inteligencia de las máquinas y de los diseñadores
Hace tiempo me tocó sufrir las consecuencias del trabajo -malo- de un afamado diseñador que, como ocurre a menudo, ponía muy por delante la estética de la funcionalidad.
Su primera genialidad consistió en diseñar una barandilla que sólo tenia pasamanos. Puesto que el hueco de escalera era suficientemente amplio, una caída podría haber supuesto que alguien se fuera hasta abajo desde una altura de cinco pisos y, con todo el dolor de su corazón, tuvo que poner otra barra intermedia entre el suelo y el pasamanos.
En ese mismo edificio existía un patio interior iluminado desde arriba con luz natural y con unos focos halógenos de efecto decorativo en una serie de ventanas de las que sólo se abría un costado. Cambiar uno de estos focos -en los que ni siquiera había un sistema de clip para una fácil salida y era bastante complicado sacar uno cuando se fundía- requería todo un montaje de seguridad porque sólo se podia hacer desde una posición semisuspendida o desde un andamio en el piso de abajo y que subiera hasta el quinto piso. Consecuencia: Cuando un foco se fundía no se cambiaba hasta el momento en que se pintaba el patio y el efecto estético no era ni con mucho el pretendido.
Sería difícil encontrar un castigo más duro para algunos diseñadores que obligarles a vivir o a trabajar en un edificio diseñado por ellos mismos.
Hace unos días otra situación absurda: La receta para hacer que un descodificador de televisión por cable responda al mando a distancia es «encender la luz y apuntar al florero». ¿Por qué? La televisión provoca interferencias que se hacen mayores con la luz apagada y la forma de disminuirlas es colocar el aparato en una posición a 90 grados del televisor y apuntar a un espejo -que incidentalmente es un florero- para que, sentado frente al televisor, la onda rebote y alcance al descodificador. Como me contaban al relatar la chusca experiencia, «si no funciona el remedio, ahora trata de convencer a quien se lo has dicho de que no le estabas tomando el pelo». ¿No pensaron en esto al diseñar el descodificador? ¿No se les ocurrió que la frecuencia utilizada podía ser interferida por el propio funcionamiento de un televisor? Está claro que no.
Ayer mismo me encuentro con otro ejemplo, en este caso de diseño de automovil: En una compañía de alquiler de coches me dan un Citroen. Cierto que es una marca de la que han salido coches especialmente bonitos como los modelos DS-21 (el célebre Tiburón), el Citroen SM también conocido como Citroen Maserati o el Citroen XM (una derivación para un público más amplio del diseño del SM) pero no es menos cierto que ha tenido algunas ocurrencias que hacen recordar el viejo chiste de que «en el infierno los organizadores son italianos, los policias alemanes, los cocineros ingleses y los diseñadores…franceses».
El vehículo que me tocó en suerte tenía detalles como que, si se utilizaba el apoyabrazos central, la posición para manejar la palanca de cambios era especialmente forzada y que los famosos «satélites» estaban tapados por el volante y tenían un montón de mandos que eran totalmente invisibles. El asunto no tiene demasiada importancia para un conductor habituado al vehículo pero no suele ser ése el caso en una compañía de alquiler de coches.
Uno de los satélites tenía una variante de un programador de velocidad pero que, en realidad, era un limitador para evitar pasarse accidentalmente de la velocidad autorizada. Hay que reconocerle cierto ingenio aunque, a cambio de reducir el riesgo de multa, puede introducir otro más grave. El sistema no tiene la comodidad del programador de poder llevar el pie fuera del pedal pero, a cambio, la entrada en una curva que no se conoce sólo requiere levantar el pie y no se precisa desactivar el programador, artefacto que también requiere cierto hábito.
La parte negativa, sin embargo, está en el propio funcionamiento del sistema: ¿Qué pasa en un adelantamiento si tenemos limitada la velocidad? ¿Nos acordaremos de poner la limitación en pausa buscando un botón que no vemos cuando necesitamos aceleración y el coche no acelera más? Algunos modelos resuelven el problema con otro automatismo -Mercedes, por ejemplo- y un pisotón enérgico al acelerador desactiva el limitador; en este caso, no vi que ocurriera esto.
Hoy mismo, otra exhibición de inteligencia de las máquinas y sus diseñadores: Manómetro moderno en una gasolinera, de los que se marca la presión objetivo y deja la rueda en la presión seleccionada. Lo utilizo para la bicicleta y me encuentro con que en la rueda trasera funciona correctamente pero, al ponerlo en la delantera, en lugar de inflarla, extrae todo el aire que tenía y la deja a cero. ¿Explicación? Ninguna razonable.
Cuando veo diseños ajenos cuando no contrarios a la funcionalidad y automatismos cuya mayor contribución a facilitar la vida a sus usuarios sería no existir, no puedo evitar acordarme del latiguillo de que el 80% de los accidentes se producen por error humano.
¿Cuántos de esos errores se producen por diseños o automatismos absurdos? ¿Cuántas veces es la persona quien se da cuenta del absurdo y evita un problema que, de haber quedado la decision en manos de una máquina mal diseñada, se habría producido?
A estas alturas, si alguien cuenta aquello de que «los ordenadores nunca se equivocan» puede obtener como respuesta la risa floja de cualquiera habituado a tratar con ellos. El hecho es que estamos rodeados de diseños, tanto en dispositivos como especialmente en software, que pueden hacer buenos a los famosos «objetos imposibles».
Google y la torre de Babel
La última innovación de Google consiste en la posibilidad de utilizar el teléfono móvil como intérprete, es decir, ha llevado su traductor al lenguaje hablado.
La aventura no es fácil y habrá que ver si realmente funciona como promete. El traductor de lenguaje escrito tiene un funcionamiento muy digno e incluso una prestación tan interesante como es el reconocimiento automático de idioma.
Como anécdota, durante bastante tiempo he hecho creer a una persona que habla ruso como idioma nativo que yo hablaba ruso. El sistema era muy sencillo: Un texto redactado de la forma más sencilla posible era traducido al ruso y el texto resultante puesto en un mensaje de correo electrónico.
Cuando recibía la respuesta en ruso, hacía el proceso inverso para saber qué era lo que me contestaban y, de nuevo, contestaba en ruso. Si la persona a que me refiero lee este post, se enterará de que no tengo ni idea de ruso pero durante un tiempo muy razonable he podido mantener el engaño.
¿Será capaz Google de llevar esta posibilidad al lenguaje hablado?
¿Llegará un momento en que, en lugar de un MP3, llevaremos un teléfono de Google con los auriculares puestos para entender a todos los que nos rodean, hablen en el idioma que hablen? La conjunción del reconocimiento de voz y el reconocimiento automático de idioma así parecen prometerlo.
Habrá que verlo. El lenguaje escrito ya tiene sus dificultades en el sentido de que muchas palabras exigen una interpretación contextual; el lenguaje hablado añade sus propias dificultades derivadas del habla individual y de que parte de la comprensión del lenguaje proviene de que se oye lo que ya se está esperando oir.
Hawkins, en su magnífico libro On Intelligence , interpretó el hecho anómalo de que en las áreas sensoriales del cerebro hay tantas fibras salientes como entrantes o, dicho de otra forma, estas áreas no sólo reciben información de los órganos sensoriales externos sino del interior del cerebro. La interpretación que Hawkins hacía de este hecho está en que, gracias a esa construcción, podemos anticipar lo que viene y que esto es uno de los rasgos distintivos de la inteligencia.
La traducción en tiempo real del lenguaje hablado exige esa capacidad de anticipación salvo que, en lugar de una traducción simultánea, sea una traducción sucesiva. En este caso, todavía habría bastante complicación derivada de la capacidad para reconocer las variantes individuales del habla; si, además, la traducción es simultánea, la cosa es mucho más difícil.
Hay que estar atentos para ver cómo evoluciona el nuevo invento de Google: Prometedor pero muy difícil.
Web 3.0: Expectativas muy altas
Web 2.0 puede definirse como la explosión de las redes sociales en Internet. Google mismo ha sido desplazado por Facebook en Estados Unidos como el lugar con más visitas. Poco más se puede pedir del desarrollo de las redes. Sin embargo, cuando se comenzó a hablar de Web 2.0, algunos anticiparon la idea de “web semántica”, idea que poco a poco quedó aparcada y vuelve a emerger como la característica central de la Web 3.0 en ciernes.
Un pequeño repaso histórico puede servir para saber de dónde venimos y hacia dónde podría dirigirse la Web 3.0 y si, realmente, estamos en condiciones de que el concepto de “web semántica” sea una promesa que se puede mantener y bajo qué condiciones.
Tras una visita al museo de robótica del M.I.T. se comentaban aquí mismo las causas del fracaso de la inteligencia artificial, causas que van indisolublemente unidas al concepto de semántica: Searle, con su experimento de la “habitación china” pondría de manifiesto la enorme diferencia que existe entre operar un sistema y comprender un sistema y todavía hoy algunas de las viejas glorias de la Inteligencia Artificial no se han dado cuenta de ello:
La “habitación china” era una respuesta a Alan Turing mostrando cómo es posible engañar a un observador externo chinoparlante haciéndole creer que se sabe chino cuando, simplemente, se están siguiendo instrucciones sin saber sobre qué se está conversando.
Ahí está el gran fracaso de la inteligencia artificial o GOFAI, como es conocida por muchos. Esto no significa, sin embargo, que el desarrollo de una auténtica inteligencia artificial que vaya más allá de los number-crunchers al estilo de la máquina que derrotó a Kasparov jugando al ajedrez a pesar de no saber qué es el ajedrez pero la inteligencia artificial, tal como era concebida primero por Turing y después por Minsky y demás acompañantes es más que probablemente una vía muerta.
No entraré ahora a fondo en los motivos por lo que creo que ese modelo de inteligencia artificial es una vía muerta pero una síntesis de los motivos pasada por el Winzip daría lugar a una única palabra: Significado.
¿Podemos añadir significado a la web cuando no hemos sido capaces de añadírselo a la forma de operar de los ordenadores? La respuesta es afirmativa y hay dos formas: Una inmediata y otra posible en un futuro más o menos lejano.
Forma inmediata de añadir significado o, si se prefiere, inteligencia: Utilizar la inteligencia de los usuarios. Muchos lectores de este artículo pueden ser usuarios de Alexa, y si no lo son, hacen mal. Alexa introdujo una modificación que, paso a paso, va introduciendo también Google: Utilizar a los usuarios para añadir en las búsquedas el criterio que le puede faltar a una máquina por potente que sea el algoritmo.
Algo tan aparentemente sencillo como presentar en la barra de Alexa cuáles son las páginas que suele visitar la gente que visita ésa en la que estamos ahora mismo requiere un esfuerzo importante de ingeniería social parecido al realizado por Amazon –uno de los iniciadores de Alexa– quien, cuando se compra un libro en su web indica qué otros libros suelen comprar aquellos clientes de Amazon que han comprado ése y, basados en compras anteriores, cuando sale algo que está siendo comprado por otros que tienen un historial de compra parecido hacen sus recomendaciones.
¿Ordenador capaz de trabajar con significados? De ninguna manera: Uso inteligente de la información de los usuarios que son quienes aportan el significado. Esto nos da una pista sobre por dónde podría ir la Web 3.0: Aplicación de modelos tipo Alexa o Amazon sobre las redes sociales perfilando a sus usuarios y, en lugar del “personas que podrías conocer” de Linkedin, mostrar a “personas con intereses similares a los tuyos”. Bien implantado, puede ser un paso importante y, desde luego, muy lejos de la dirección en que se movía la célebre “GOFAI”, anagrama de Good, Old Fashioned Artificial Intelligence.
Una web semántica, por tanto, iría muy apoyada sobre la Web 2.0 y el hecho de que los ordenadores continuasen ciegos al significado diría poco sobre su potencial en el terreno semántico puesto que el significado lo aportarían los usuarios.
Si pensamos en el largo plazo, podría no ser la única solución pero dudo mucho de que ésta fuera en la dirección de la “GOFAI” y su particular “Esperando a Godot” en el que ordenadores más rápidos y con más capacidad conseguirán comportarse inteligentemente…a pesar de que dispositivos físicos mucho más lentos que los ordenadores actuales como las humildes neuronas los baten por goleada en algunos terrenos.
Posiblemente, el autor que más clara vio la evolución futura en el ámbito de la inteligencia artificial fue Jeff Hawkins y lo más recomendable es leer su libro “On Intelligence”. No es de esperar en modo alguno que la Web 3.0 llegue a los niveles que Jeff Hawkins establece como propios de una máquina inteligente pero, aún así y aún teniendo en cuenta la ceguera al significado, sí podría hacer honor al nombre de “web semántica”.
El futuro inmediato nos lo dirá.
Curiosidades de la complejidad tecnológica
Hoy mismo me he pasado a la televisión por cable y ha habido un curioso incidente tecnológico: El mando a distancia del descodificador respondía de forma intermitente, es decir, el tipo de avería que más suele enloquecer a los técnicos. Cuando, después de la instalación, ha venido uno que parecía que llevaba mucho recorrido comentó que tal vez el televisor estaba interfiriendo con la frecuencia del mando a distancia. Razón para creerlo: Ya le había pasado más veces.
Orientó el descodificador 90 grados con respecto al televisor y milagrosamente desapareció la avería y otra más que tenía detectada con un disco duro multimedia con un comportamiento un tanto bizarro también. El técnico se quedó muy satisfecho hasta que se me ocurrió hacerle una pregunta: «Y si, en lugar de colocarme en una posición de 90 grados, coloco un espejo en la pared ¿reflejaría las ondas de forma que pudiera utilizar el mando desde la posición normal para ver la pantalla?». Después de mirarme con una cara que podía significar «¿De dónde se ha escapado este marciano?» me dijo que no lo sabía pero que tenía lógica y tal vez sí.
Casualmente había un florero moderno con el exterior en espejo que, colocado en el ángulo conveniente, podía servir para el uso propuesto y, tal como había imaginado, el invento funcionó: Apuntando al espejo con el mando a distancia se consigue que respondan tanto el descodificador como el disco duro. Me doy un autohomenaje al ingenio pero a continuación me pregunto: Si este tipo de cosas pueden ocurrir en una casa normal ¿qué no puede ocurrir en un entorno de mayor complejidad tecnológica?
Tomando como ejemplo el ámbito de la aviación y sin otra causa para ello que mi familiarización con su tecnología -estoy seguro de que similares consecuencias se podrían extraer en muchos otros ámbitos- encuentro que ya no les valen los aviones fly-by-wire, es decir, aviones donde no existe una conexión física entre los mandos y las superficies controladas. Se habla ya del desarrollo de los aviones wireless, es decir, aviones donde la unión entre control, ordenador y superficies no se hace mediante cables sino utilizando el sobresaturado espectro radioeléctrico. Al mismo tiempo, algunas aerolíneas comienzan a ofrecer conexión cómo no wireless a Internet durante el vuelo y siempre hay algún despistado que se deja encendido el teléfono móvil. Los sistemas de navegación inercial han cedido su sitio a los GPS que, a diferencia de los primeros, también implican utilización del espacio radioeléctrico y la presión por meter más aviones en el mismo espacio aéreo conduce a la necesidad de que los aviones en vuelo se transmitan información entre sí y que se exija una precisión en altimetría que puede estar por encima de la capacidad de los instrumentos tradicionales basados en la medición de la presión atmosférica. A todo esto, y para completar el paisaje, los UAV -aviones sin piloto para los profanos-empiezan a ser cada vez más comunes.
No dudo de que esta pequeña descripción de lo que está ocurriendo en aviación es trasladable a muchos otros terrenos. Si en una simple casa no excepcionalmente sofisticada en el terreno tecnológico pueden ocurrir interferencias como éstas ¿Qué puede ocurrir en otros sitios?
Mercadona en Harvard
Hace sólo unos pocos días se presentaba públicamente el caso Mercadona realizado por Harvard. Espero que pronto se traduzca al español y, si se precisa, aquí hay un voluntario disponible y no por generosidad sino por el interés de poder utilizarlo en España lo antes posible.
El caso presenta un panorama bastante realista sobre el funcionamiento de Mercadona desde su inicio y, como ocurre con frecuencia, concluye con una pregunta que no es lo más interesante del caso. Cierto que deja en evidencia algún fallo en la construcción del sistema de incentivos y que pone a prueba los principios de sus máximos directivos pero tiene muchas otras cosas, relativas a la planificación de plantillas, a la mejora de procesos y a cómo es utilizada la inteligencia de las personas que están en contacto con el cliente en ese esfuerzo de mejora.
Es cierto que Mercadona tiene algunos elementos que no comparte con todo el sector de distribución y que pueden permitirle garantizar la estabilidad laboral. Una vez que la inestabilidad ha dejado de formar parte del diseño organizativo, como ocurre en la mayoría de las grandes empresas del sector, esto permite asumir mayores costes en el área de formación y tener personas más expertas. Sin embargo, no hay secreto o, para decirlo con más exactitud, el secreto está a la vista de todos: Cuando alguien se dedica a artículos de consumo diario, como alimentación y limpieza, está poco sujeto a la estacionalidad y le resulta más fácil garantizar la estabilidad laboral que si funciona por campañas: Navidad, temporada de libros de texto y otras y tiene que recurrir a personal temporal que, una vez finalizada la campaña, desaparece de la organización.
La comparación de Mercadona con otras empresas como Carrefour o como Hipercor no es correcta, salvo que expresamente se restrinja a tiendas del tipo Carrefour Express, Opencor u otras de perfiles muy similares al de Mercadona en el sentido de estar poco sujetas al fenómeno de estacionalidad en las ventas. La autora trata de mostrar en el caso cómo la práctica de Mercadona de utilizar la inteligencia procedente del lugar más cercano al cliente funciona y, por extensión, que un trato digno a las personas es un factor clave para conseguir una posición de rentabilidad sostenida en el tiempo.
Nada me gustaría más que poder estar de acuerdo al 100% con el planteamiento de que ética -¿decencia?- y rentabilidad van siempre de la mano pero los hechos nos muestran que una afirmación de tal tipo tiene que llevar tantas matizaciones y tantas cautelas que, al final, como afirmación general queda bastante descafeinada.
El caso muestra como muchas ideas nacidas de la base de la pirámide generan rentabilidad y en un lugar donde el compromiso mutuo empresa-trabajador no exista o donde el conocimiento y experiencia del trabajador no permitan el nacimiento de ideas útiles ese fenómeno no se va a producir. De acuerdo; es difícilmente discutible pero el que opta por una línea de mínimo coste mediante la reducción salarial y la conversión de costes fijos en costes variables a costa de la estabilidad laboral no sabe qué se está perdiendo -las ideas no aparecidas son costes de oportunidad- pero sí que se está ganando en forma de reducción inmediata de los costes.
De hecho, puede encontrarse alguna conocida cadena de supermercados dirigida a conseguir la máxima reducción posible de precios y no tiene, ni de lejos, la política de recursos humanos de Mercadona sin que, que se sepa, los números le estén diciendo que su política no funciona. Si el cliente busca bajo precio y prefiere no mirar demasiado a los procedimientos utilizados para conseguirlo, encontrará alternativas más baratas que Mercadona y la máxima de que un tratamiento correcto de las personas siempre es rentable no funcionará. Lamentable pero cierto.
Quizás en otros mercados se esté asumiendo un riesgo por un tratamiento indigno de las personas. Siempre me ha gustado comparar el distinto tratamiento de las personas entre distintas compañías aéreas low-cost mostrándose cómo algunas muy conocidas por su maltrato de las personas consiguen, a pesar de todo, un excelente resultado económico gracias a muchos consumidores que sólo miran el extracto de su tarjeta de crédito. Sin embargo, siempre ha habido una pregunta abierta: ¿Qué ocurrirá el día en que una de estas compañías tenga un accidente grave? Probablemente todas las malas prácticas en los terrenos de formación, presión sobre sus trabajadores, mantenimiento y muchas otras emergerán y es posible que la existencia misma de la compañía quede seriamente comprometida.
En esas condiciones podemos preguntar si realmente es rentable maltratar a las personas a pesar de los resultados actuales que nos dirían que sí. Si el componente de riesgo no existe, como puede ocurrir en el sector de distribución, la pregunta pierde sentido y todo se reduce al coste de oportunidad, poco visible y que, siguiendo la célebre falacia de McNamara…lo que no se puede contar no existe y esto es lo que hace difícil suscribir al 100% el principio de que el trato digno es siempre rentable. Ojalá.

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