Categoría: Temas sociales y políticos

Libertad de mercado o intervención: To be or not to be

Parece que casi todos están de enhorabuena por el plan Bush para salvar el sistema financiero norteamericano y, de rebote, el mundial. Para muchos, la intervención es la prueba de que el libre mercado no funciona y señala el ocaso del imperio norteamericano.

Ambas cosas podrían estar equivocadas. El libre mercado sólo se puede dar en un entorno donde el Estado también haga su trabajo como regulador y no permita que se desarrolle una opacidad como la que se ha dado en el sistema financiero y, de alguna forma, el plan de Bush significa el pago -con cargo a los contribuyentes- del error cometido por los reguladores y los políticos que los controlan.

Llevamos años en que se está avisando desde diversos foros de que el gran tocomocho del mercado se llama China. China está mostrando unos crecimientos espectaculares pero, en buena parte, no hay forma de comprobar su veracidad ya que en una economía centralmente planificada y sin posibilidad de auditoría, las cifras de producción y crecimiento pueden ser las que el dirigente de turno quiera poner. Cuando estalle esa burbuja, es muy probable que deje muy pequeña a la actual crisis.

La situación china es, como comentaba ayer mismo con unos amigos, parecida a la de Rusia con respecto a Kyoto. Como nadie puede demostrar cuanto contaminan realmente por la opacidad de su sistema, venden derechos de emisión de CO2 a otros países aunque tienen en su haber y en su historia un incomparable record como contaminadores.

Sin necesidad de ser muy exhaustivo, la extinta Unión Soviética se cargó el que era conocido como mar Aral y sus dos ríos principales gracias a unos niveles de contaminación que el sistema fue incapaz de soportar.

Algo parecido podemos decir de los efectos de Chernobil, el mayor accidente nuclear de la historia, producido gracias a un diseño inestable y poco seguro y a un manejo imprudente. Si hablamos de lo que ocurría en la base de submarinos nucleares de Murmansk y las extrañas muertes que se producían por doquier en mitad de un auténtico cementerio nuclear, poco queda por decir…y éstos son los que, gracias al panfilismo europeo, todavía están sacándose dinero de Kyoto por venderles derechos de emisión de CO2 a otros que, con seguridad, emiten mucho menos que ellos.

Soros hablaba de fundamentalismo de mercado, es decir, de la invasión de la lógica del mercado de terrenos que no le corresponden y tiene razón si cuando se habla de mercado lo traducimos directamente a finanzas. Algunos autores como Sowell, Levitt o Harford han mostrado como la lógica de mercado es muy difícil de evitar en muy distintos ámbitos sin que ello implique su traducción a finanzas y, en contra de lo que algunos creen ahora, la intervención norteamericana no es el certificado de defunción del mercado libre.

Eso sí, es el reconocimiento de que ese mercado libre sólo se puede dar en un entorno donde el Estado y los políticos hagan su trabajo como reguladores y garanticen la transparencia de ese mercado. Las sub-prime o hipotecas ninja y su impacto no han sido un ejemplo, China tampoco lo es y Rusia tampoco. ¿No es hora de que los políticos de cualquier color se pongan a trabajar un poco en serio y dejen de echarle la culpa de sus tropezones al empedrado?

¿Debe intervenir el Gobierno ante una crisis como la actual?

Creo que, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a estar de acuerdo con George Bush. Bush es, sin duda, uno de los presidentes contemporáneos más incompetentes y sería difícil encontrar otro que le hiciera sombra en incompetencia aunque a algunos se nos venga rápidamente un nombre a la cabeza. Sin embargo, en este caso puede estar más acertado que el Congreso norteamericano.

La doctrina económica liberal, compartida tanto por republicanos como por demócratas en aquel país hasta el punto de cometer el «delito» impensable en España de desobedecer a su partido, es en buena parte responsable de la situación de superpotencia de Estados Unidos y, antes de quebrar esa doctrina, los políticos norteamericanos se lo piensan mucho.

La lógica es muy sencilla: Los recursos públicos que se están inyectando para salvar el agujero provocado por algunos irresponsables están limitando la capacidad de inversión en otros sitios donde pueden ser necesarios y, por añadidura, hay un elemento de justicia: Los que han sido más responsables son los que van a pagar la irresponsabilidad ajena. Armados con estos argumentos, los congresistas norteamericanos deciden ponerse frente a su presidente y rechazar la petición de fondos. ¿Hay que contemplar excepciones?

La gravedad no debería ser un motivo de excepción. El viejo adagio de «si debes un millón al Banco estás en manos del Banco pero si le debes mil millones, el Banco está en tus manos» no puede ser motivo suficiente para subvertir los principios y salvar de las consecuencias de su mala gestión a los responsables de ésta con el dinero de los que no han tenido nada que ver ni se han enriquecido previamente gracias a sus dudosas prácticas.

Sin embargo, sí hay un motivo de excepción y es por ello que creo que Bush podría tener razón: La doctrina del liberalismo económico se asienta sobre la libertad de mercado pero, a su vez, ésta se asienta sobre una regulación que impida prácticas monopolísticas y sobre una información completamente transparente. ¿Se ha dado esa información transparente?

El profesor Abadía expresaba el problema en términos muy sencillos, al señalar que el problema no es que el inversor no sepa si su Banco está afectado por el impacto de inversiones poco seguras sino que el propio Banco tampoco lo sabe. ¿Dónde está, entonces, la transparencia de los mercados? ¿Quién es culpable de haber creado instrumentos y prácticas financieras que, al mismo tiempo que servían para agilizar las transacciones, permitían que situaciones como la actual escapasen a todo control? Sólo cabe una respuesta: Los organismos reguladores nacionales e internacionales.

Comparto el principio de no primar la mala gestión pero el problema está en que mucha gente y muchas instituciones pueden haber seguido políticas ortodoxas o incluso conservadoras y, aún así, haberse visto pilladas por el tsunami de la crisis.

En el caso de que Bush consiga imponerse al Congreso, los partidarios del liberalismo económico -entre los que me cuento- deben dejar a un lado las anteojeras y ver si la intervención es una puerta abierta al intervencionismo y a primar a los más incompetentes o los más irresponsables del mercado o es otra cosa: El tinglado financiero ha fallado porque los mecanismos de supervisión han permitido que funcionasen o han creado mecanismos que han permitido torear a esa supervisión.

Lo que estamos pagando no es sólo la irresponsabilidad y la corrupción de empresarios sin escrúpulos; es la incompetencia, en el mejor de los casos, de los que deben procurar que haya transparencia en los mercados, es decir, organismos reguladores manejados desde los poderes políticos. Sin esa incompetencia  o corrupción de los reguladores nunca podrían haber medrado los que han provocado y se han beneficiado de una situación como la actual.

¿Por qué estamos en crisis?

He recibido por el correo electrónico un magnífico artículo de Leopoldo Abadía explicando cómo se ha generado la crisis actual. Como no me gusta el pirateo, nada mejor que leerlo en sus propias palabras:

http://leopoldoabadia.blogspot.com/search/label/%2B%20ANEXO%201%20Crisis%20NINJA

o escucharlo:

http://es.youtube.com/watch?v=lU-j2mIwOpE

Sólo se pueden añadir dos cosas: La crisis tiene un origen muy semejante a la de 1929 pero su magnitud y la aparición de los instrumentos financieros a que se refiere el profesor Abadía la han hecho mucho más grave.

En contra de lo que se suele afirmar, la crisis de 1929 no fue bursátil sino que se debió a una subida del precio del dinero que obligó a gente que se había endeudado para comprar en una Bolsa que subía como la espuma a vender. Eso provocó el desplome y la crisis. Cámbiense activos bursátiles por activos inmobiliarios y veremos un origen común: La subida del precio del dinero.

Cuando alguien dice que en España estamos mejor y nos va a afectar menos, surge una duda metafísica: ¿Es idiota, nos toma por idiotas o ambas cosas?

Decir que a España no le afectaba el asunto de las hipotecas sub-prime resulta extraño, incluso sin conocer toda la mecánica de financiación de esas hipotecas, a cualquiera que haya oído hablar de las empresas que se dedicaban a la refinanciación de deudas. ¿A quién le refinanciaban las deudas esas empresas y de dónde procedía el dinero?

El modelo de crecimiento español basado en el ladrillo empezaba a mostrar síntomas de agotamiento hace ya cinco años, antes del cambio al actual Gobierno. Tal vez una de las pocas verdades dichas desde el Gobierno fue, cuando todavía no era Gobierno, que había una burbuja inmobiliaria que podía estallar. El diagnóstico era correcto pero ¿qué se hizo al respecto? Crear el absurdo Ministerio de Vivienda.

Si en un país se han inflado los precios de la vivienda, ese país se llama España. Decir que es una crisis internacional y que estamos mejor preparados, cuando el factor sobre el que se ha producido la crisis tiene aquí la mayor de las importancias, es simplemente ridículo.

Cuando se dice que la situación va a mejorar en 2009, surge una pregunta: ¿En España también? El modelo de desarrollo basado en el ladrillo está liquidado. ¿Vamos a ser punteros en I+D con un sistema educativo que va batiendo records de altura en abandono escolar y de profundidad en calidad? ¿Podemos seguir siendo punteros en turismo con la aparición de destinos como el Mediterráneo oriental? La peseta permitía el recurso de la devaluación; el euro no. ¿Podemos ser competitivos en esas condiciones?

La idea de que la crisis se va a acabar está muy bien pero, en vez de dar fechas, convenía explicar cómo.

Centrales nucleares: Una controversia nacida del pensamiento icónico

A veces, pocas, hay que darles la razón a los políticos: Cuando un ministro afirma que la crisis tiene una parte buena y es que hace que desaparezcan las partes menos eficientes del sistema puede tener razón…pero podría ocurrir que nosotros mismos fueramos las partes menos eficientes del sistema gracias a una política energética más pendiente de iconos de la progresía -que no de la izquierda que puede ser algo más respetable- que del realismo.

Está claro que uno de los factores de competitividad de un país es el coste de la energía, aunque eso no signifique disposición a abaratar ese coste a cualquier precio, y está también claro que hoy por hoy las centrales nucleares son la opción que permite la generación de energía más barata. ¿Dónde están los problemas?

Los defensores de su eliminación rápidamente utilizan un argumento icónico: «¿A quién le gustaría vivir cerca de una central nuclear?». ¿No se podría preguntar lo mismo sobre cualquier otro tipo de central? ¿Se prefiere morir lentamente envenenado o asumir la muy remota posibilidad de un envenenamiento?

¿Por qué nunca se habla de radiación natural? ¿Por qué nadie cuenta que, por ejemplo, alguien que viva en Galicia está sometido a un nivel de radiación -de origen natural pero no por ello más beneficiosa- mucho más elevado que el que soporta alguien que viva a muy pocos kilómetros de algunas de las centrales nucleares?

Cuando los políticos intentan escaparse por la vía de las energías renovables y por el problema de los residuos y de la seguridad de las centrales nucleares, mienten y lo saben. Las fuentes de energía solar, eólica e incluso últimamente los combustibles de origen vegetal -no menos contaminantes que los de origen mineral, dicho sea de paso- caen siempre por el lado de la viabilidad económica. Sólo se sujetan sobre una cantidad ingente de subvenciones para suplir lo que no pueden conseguir por méritos propios.

¿Cómo se sustraen los políticos a esa realidad? Con otro icono: La evolución tecnológica convertirá en viables esas energías que hoy no lo son. Vayamos de nuevo a las comparaciones. ¿Los otros tipos de energía no están sujetos a evolución tecnológica? En particular, hay una energía nuclear limpia y sin riesgo y es la procedente de la fusión. Esta energía existe ya pero tiene todavía un carácter experimental ¿por qué no se trabaja en esa línea en lugar de destrozar todas las vertientes con picadoras de aves-aerogeneradores? Lo mismo puede decirse en cuanto a la vida de los residuos y en cómo ésta va disminuyendo a paso agigantado y, por último, vamos a la seguridad:

¿Es más segura una central nuclear vieja o una nueva? Cuando alguien se encuentra pegado a sus propias contradicciones, no quiere construir centrales nuevas pero, antes de cerrar las viejas, opta por no hacer nada…y no hacer nada significa hacer algo, es decir, significa permitir el envejecimiento de centrales que, aunque viejas, son necesarias porque se ha creado un escenario donde no hay una alternativa real.

¿Es más segura una central francesa o una española? En la hipótesis difícilmente creíble de un Chernobil francés, sufriríamos los efectos casi en la misma medida que si ocurriera en España pero, a pesar de ello, se cubren las carencias energéticas comprando energía nuclear de origen francés…y, al hacerlo, invitándoles a que construyan nuevas plantas.

¿No es hora ya de que, en lugar de darnos una de pensamiento icónico con el «Nucleares no, gracias» se planteen seriamente las alternativas REALES y se haga un análisis real de costes, incluyendo en éstos los potenciales riesgos, y beneficios y, sobre todo, que ese análisis se haga con luz y taquígrafos para impedir que, en un tema que habría de ser debatido, se acaben tomando decisiones sin más base que la monomanía de un iluminado?

Juegos Paralímpicos ¿camino de integración o profundización en la exclusión?

 Éste es un “post” políticamente incorrecto. No lo es por el placer de llevar la contraria a la mayoría que impone un pensamiento único “políticamente correcto” en los medios de comunicación sino porque nace de una reflexión que intenta compartir.

Estamos en un sistema de pensamiento icónico, es decir, un sistema que pretende imponer una imagen más o menos hábilmente construida sobre la capacidad de reflexión y las conclusiones a que ésta nos pueda llevar. En España, el uso de imágenes sin nada detrás es algo llevado a sus últimas consecuencias desde el advenimiento de Zapatero pero no es, ni mucho menos, un caso único.

Una vez construida la imagen, ésta se convierte en incuestionable y cualquier argumento que se le quiera oponer es descalificado con nuevas imágenes.

El viejo dicho de que una imagen vale más que mil palabras es hábilmente utilizado por algunos políticos que anulan las palabras que componen cualquier argumento mediante una imagen.

Hago este preámbulo para prevenir a cualquiera que esté afectado por el pensamiento icónico e invitarle a que se deshaga de él y reflexione. Respetaré cualquier desacuerdo que venga de un razonamiento y de unos argumentos pero sí pediré que no se sustituyan los argumentos por un conjunto de imágenes como se hace desde la onda de lo políticamente correcto. Voy al asunto:

Tras la finalización de los Juegos Olímpicos han comenzado en el mismo lugar los Juegos Paralímpicos muy alabados como muestra de espíritu de superación, etc. ¿es así?

Éste ha sido un terreno siempre difícil. Hubo un tiempo, aún no muy lejano donde se hablaba de “inválidos” para referirse a los que iban en silla de ruedas. El carácter insultante de la denominación hizo que se cambiara al estúpido “minusválido”, estúpido porque seguía manteniendo el carácter insultante y, por tanto, no conseguía el objetivo perseguido.

Imagínese a un Stephen Hawking y llámesele minusválido. ¿Minus-válido que quién? ¿Se atreverá cualquier imbécil a mirarle por encima del hombro por el hecho de estar en perfecto uso de sus brazos y sus piernas? Si es así ¿a quién tendríamos que denominar minusválido?

Ni siquiera es necesario recurrir a casos tan excepcionales como el de Hawking. En la Facultad tuve un compañero ciego que, entre otras cosas, era capaz de hacer el cubo de Rubik en un tiempo record. Todo lo que necesitaba era que le acompañasen la mano señalándole donde estaba cada color en la configuración inicial. A partir de ahí, lo hacía él solo entero. ¿Otro minusválido? Por cierto, la expresión que utilizaba más frecuentemente era “no lo veo claro”. Al principio, esto causaba cierta violencia entre sus acompañantes; una vez adquirida confianza, siempre habría alguien que le dijera “¿Qué c… vas a ver si eres ciego?” a lo que su respuesta más habitual solía ser “Pues es verdad”.

La expresión “disminuido físico” resulta más acertada por eliminar ese carácter insultante y, al mismo tiempo, reflejar la realidad de que una persona tiene carencias físicas que la mayoría de la gente no tiene.

Es de derecho en cualquier sociedad civilizada que se intente facilitar la vida a sus miembros y, puesto que nadie ha elegido nacer o convertirse en disminuido, que se intente construir una sociedad que pueda acoger a la mayor cantidad posible de personas permitiendo que los medios de esa sociedad se utilicen en conseguir una vida lo más normalizada posible.

Sin embargo ¿entra dentro de ese concepto de vida normalizada la imitación de unos Juegos Olímpicos para personas con deficiencias físicas? Permítaseme ilustrar la pregunta con unos ejemplos:

Un apasionado del baloncesto mide 1,50 y, por tanto, podemos concluir que no va a poder asistir a unos Juegos Olímpicos en su equipo nacional. ¿Debemos crear una competición para jugadores por debajo de 1,50 con unas canastas más bajas?

Llevemos idéntica situación a la edad. ¿Debemos organizar unos juegos Gerontolímpicos para mayores de 75 años? O al peso ¿Juegos Obesolímpicos o Anorexilímpicos?

No es una broma. Se trata simplemente de la reducción al absurdo para mostrar un hecho sencillo: Todos, absolutamente todos, tenemos carencias y tenemos que elegir entre vivir girando alrededor de ellas o tratar de superarlas lo mejor posible.

Me pregunto en cuál de las dos direcciones van grandes fastos del estilo de los Juegos Paralímpicos aunque me sospecho que se acercan más a la primera. Se supone que la normalización persigue que nadie tenga que vivir en una especie de “gettho” donde su vida se organice alrededor de la carencia física pero, cuando comenzamos a hacer competiciones ajustadas a esas carencias físicas ¿estamos contribuyendo a la normalización o estamos generando “microgetthos” en función de las carencias?

Una persona con prótesis en las piernas o con una silla de ruedas puede correr y otra invidente también pero ¿deben correr en la misma carrera o deben ser carreras distintas? Cuanto más vayamos fragmentando más vamos cayendo en aquello de lo que se huía que era precisamente la exclusión.

Me parece perfectamente legítimo, por poner un mero ejemplo, que alguien que vaya en silla de ruedas quiera jugar al baloncesto y encuentre otros con igual situación y puedan formar equipos y campeonatos. Sin embargo, cuando se organizan grandes eventos mimetizando hasta el último detalle otros realizados donde los protagonistas no tenían carencias físicas relevantes para su actividad deportiva, es muy fácil caer en la parodia.

La onda políticamente correcta alabará el espíritu de superación y demás pero, con mucha frecuencia, al hacerlo estarán haciendo gala del pensamiento icónico al que me refería y que les impide plantearse si estos eventos van en la dirección correcta o no, entendiendo como correcta aquélla que facilita la máxima integración. En otros casos, simplemente estarán mostrando una buena dosis de hipocresía.

 

 

En organización, cuando no quiera hacer nada…invéntese un cargo

Hace años, conocí un caso en una empresa alemana en que un buen día le exigieron a la filial española -que funcionaba como una especie de virreinato independiente- que contratase a un director de calidad porque así lo exigía el programa de certificación que estaban poniendo en marcha.

El presidente español, que sabía jugar sus cartas y no quería que nadie se metiese en sus asuntos, se limitó a buscar a la persona más incompetente que pudo encontrar, le puso un despacho y dejó que las cosas siguieran funcionando como hasta entonces, eso sí, con el añadido de alguien que se paseaba con un walkman por los pasillos y cuya contribución se reducía a arengas a la tropa del estilo Chicos, vamos a hacer grandes cosas...o sea, nada.

¿Qué ocurrió cuando se puso de moda la gestión del conocimiento? Muchas empresas se limitaron a nombrar un director de gestión de conocimiento y con  esto ganaron algún titular de prensa. ¿Efectividad? Escasa o nula. Con la gestión del conocimiento ocurre algo parecido a lo que ocurría con los círculos de calidad: Las organizaciones donde los círculos funcionan son aquéllas muy abiertas a las ideas que vienen de la base y funcionarían igual sin círculos de calidad porque las ideas encontrarían su camino. Sin embargo, si esa apertura no existe, los círculos no la van a lograr y ello nos plantea una duda sobre la efectividad del instrumento. Lo que vale es la actitud de apertura y no el instrumento organizativo.

Si vamos a la política reciente, tenemos hermosos ejemplos de cargos inútiles como el Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, el Ministerio de Igualdad o el Ministerio de Vivienda. En la anterior etapa socialista hubo otro ejemplo notorio y fue el puesto de reinona que le dieron a Baltasar Garzón, puesto cuya inutilidad era tan manifiesta que acabó marchándose e intentando procesar de nuevo a aquél de cuya mano entró en la política activa.

En todos los casos, la dinámica es idéntica: Alguien no quiere o no puede hacer o no sabe qué hacer y, para ocultar esa situación, se inventa un cargo. A partir de ahí, no habrá resuelto el problema pero habrá salvado su posición. Si las cosas no se arreglan, ya tiene un culpable. ¿No se trataba de eso?

Cuentos de gallegos

Los argentinos tienen lo que llaman «cuentos de gallegos» («gallegos» somos, para ellos, genéricamente todos los españoles) para referirse a chistes del estilo de los que en España se cuentan de Lepe.

Pues bien, he ahí un letrero en un tren de cercanías de Renfe que ya me dirán si no es digno de un cuento de gallegos o de un chiste de Lepe 🙂

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El fiasco de los biocombustibles

Hay, en este momento, varias fábricas de biocombustibles concluidas y que no se han puesto en funcionamiento. ¿Motivo? Las fábricas se construyeron contando con un precio de la materia prima -plantas oleaginosas- que se ha triplicado y, por tanto, su funcionamiento no es rentable ni siquiera contando con el actual precio del petróleo.

Los aerogeneradores, aparte del destrozo paisajístico y de su papel como picadora de aves en muchas zonas, sólo se sustentan en un sistema de subvención como el que obliga a las compañías eléctricas a comprar la energía producida a un precio exageradamente alto y lo mismo podemos decir de los huertos solares.

Ahora, algunos se empiezan a caer del guindo y a darse cuenta de que actualmente no hay una alternativa real a la energía nuclear -otros todavía no han llegado ahí siquiera- pero es un poco tarde. Llevamos años importando energía de Francia, con una escasez crónica de energía y a unos precios especialmente caros lo que ni que decir tiene que afecta seriamente a la competitividad de cualquier país.

En el supuesto de que alguien se diera cuenta hoy de que no hay más alternativa y se empezasen a construir unas cuantas plantas, tendríamos que esperar varios años a su puesta en funcionamiento. Eso es lo que ocurre cuando, en lugar de tomar decisiones guiadas por la racionalidad económica y ecológica, se toman basándose en lo que dicen los grupos de presión. Por cierto, se sigue teniendo muy calladito que uno de los fundadores de Greenpeace acabó también cayéndose del guindo con este tema y reconociendo que no había alternativa.

La guerra de las corbatas y la «onda verde»

Como, al parecer, no hay temas más importantes de qué ocuparse, ahí estamos enfrascados en la cuestión de la contribución de la corbata al cambio climático.

Hace ya tiempo, recogí una reseña de la «Guía políticamente incorrecta del calentamiento global» y, a raíz de su lectura, me mantuve más atento a las noticias que iban saliendo sobre el tema y parece que hay más de autobombo y de distracción de atención que de seriedad en todo el asunto.

Es cierto que hay un calentamiento, no es cierto que sea global, no hay nada claro sobre el papel de la actividad humana en ese calientamiento o si es un fenómeno natural y el tan cacareado protocolo de Kyoto, en caso de llevarse a cabo al 100%, tendría un impacto económico brutal y ecológico ridículo.

Por añadidura, las últimas informaciones nos dicen que, con los modelos de clima que actualmente se están utilizando, no se explica la rapidez con que el Polo Norte -que es uno de los puntos donde sí hay acuerdo general sobre el proceso de calentamiento- se está descongelando. En suma, sabemos que en determinados puntos de la Tierra se está produciendo un aumento de la temperatura pero no podemos explicar si es un fenómeno natural o inducido por la actividad humana. Hasta ahí los puntos de acuerdo; Kyoto o quitarse la corbata no son la solución.

A pesar de ello, se sigue cayendo en los mismos errores. Ayer mismo escuchaba al ministro-sin-corbata Miguel Sebastián decir que había que primar el uso del tren porque no consume petróleo, afirmación que resulta de lo más sorprendente.

La energía eléctrica, gracias al parón en la construcción de centrales nucleares, proviene en buena parte directamente del petróleo. Una cosa es que el tren no consuma petróleo -que tampoco es cierto en todos los casos- y otra cosa es que, si la locomotora es eléctrica, la electricidad que mueve el tren no provenga en su mayor parte de ese mismo petróleo y, en el caso español, así ocurre.

Cierto que cualquier transporte público, incluido el tren, es más eficiente en el consumo energético por pasajero que el transporte privado utilizado por una sola persona. Eso sí pero, por favor, díganse las cosas como son y sin utilizar el argumento de que el tren no consume petróleo cuando, además, consume mucho más de lo que debería gracias a una política energética errónea que venimos arrastrando desde hace bastantes años.

Lo que sí es cierto, tanto si la actividad humana tiene algo que ver con el proceso de calentamiento como si no, es que cuanto menos porquería echemos mejor porque vivimos en nuestro propio basurero.

Eso es importante, con o sin Kyoto y con o sin calentamiento global; tener una política energética errónea desde hace bastantes años también lo es y ambas cosas son mucho más importantes ecológica y económicamente que la cortina de humo de las corbatas.

El conflicto de Air Berlin

De aquellos polvos vienen estos lodos. En nuestra, ahora lo sabemos, rematadamente mal hecha transición se partió de una premisa falsa: Todo el que estuviese en contra del dictador era demócrata.

Bajo esa falsa premisa, se les otorgó credencial democrática a partidos racistas y partidarios de llevar a cabo una limpieza étnica en su zona de influencia y se pensó contentarles recurriendo a cuestiones como la cooficialidad de los idiomas. En lugar de contentarles, les dieron un arma sumamente peligrosa que está siendo utilizada para la limpieza étnica de zonas tradicionalmente bilingües.

España no es el único país que tiene más de un idioma oficial y eso no tiene por qué suponer ningún problema. Por ejemplo, Sudáfrica tiene dieciséis; eso sí, tomaron precauciones como la de establecer que el único que se tiene obligación de conocer en cualquier ámbito es el inglés y la discriminación laboral o de cualquier otro tipo basada en la exigencia del conocimiento de un idioma distinto del inglés puede conllevar incluso penas de cárcel.

No creo que sea exagerado decir que hay partes de España donde, con el idioma como vehículo, se está llevando a cabo una limpieza étnica mediante la exclusión del español a la mayor velocidad a la que les es posible. Véase un ejemplo:

http://blip.tv/file/912060/

Asuntos como la libertad de residencia establecida en la Constitución se reducen a papel mojado ante exigencias del conocimiento del idioma local que pasa a ser un requisito mucho más valorado que conocimientos específicos de alto nivel. La dificultad para escolarizar a los niños en español en algunas zonas de España lleva a que ofertas de trabajo en esas zonas sean rechazadas e incluso a un éxodo silencioso que se ha ido produciendo durante años por parte de las muchas personas que rechazan ese estado de cosas.

En España, estamos aún sufriendo las secuelas de un sarampión por el que había que comulgar con ruedas de molino si estas ruedas llevaban el letrero de»antifranquista» y los partidos nacionalistas han sido una de las principales ruedas de molino con que se ha comulgado. En Alemania, país al que no creo que podamos dar clases de funcionamiento democrático, se lo saben un poco mejor y, por ejemplo, los partidos de corte independentista están prohibidos.

No es de extrañar, por ello, que sea precisamente una empresa alemana la que dé el puñetazo en la mesa que los políticos jamás se han atrevido a dar.

No es de extrañar tampoco que sea un político nacionalista (por cierto, no balear sino catalán), es decir, de los que patrocinan una limpieza étnica utilizando el lenguaje y, con ese mismo vehículo, intenta conseguir la expansión de Cataluña a lo que considera su «área de influencia natural», es decir, Baleares, Valencia y parte de Aragón. No mencionan el reino de las Dos Sicilias y la zona catalanofrancesa tal vez porque a franceses e italianos los ven menos «blanditos». En fin, que tenemos los dos elementos claves del nazismo: Expansionismo y limpieza étnica. Pues bien, es ese político el que, en su página web, acusa a Air Berlin de nazismo: http://joanpuig.blogspot.com/2008/06/429-boicot-air-berlin.html

Paradojas de la vida: Si algo hay parecido a un nazi es precisamente un nacionalista, cosa que ya avisó Churchill hace más de cincuenta años. Lecciones de democracia de este tipo de personajes, ni una. Air Berlin tiene razón; lo lamentable es que sea una empresa privada extranjera quien tenga que decir algo que deberían decir los políticos españoles -sin distinción de color político- o, mejor aún, actuar sobre ello.

Por cierto, en este mismo blog puede encontrarse una entrada sobre el libro «Identidades asesinas» de Amin Maaluf. Creo que es muy relevante para el caso; Amin Maaluf, nacido en Líbano y residente de muchos años en Francia niega que tenga dos identidades -francés o libanés- y que se tenga que decantar por una. Simplemente, señala que tiene una identidad; en su caso, es la francolibanesa y en otros otra cosa pero las identidades no se componen como un juego de «Lego» aunque haya quien hace carrera política vendiendo esa moto averiada.