Categoría: Organizaciones
Futuro de la aviación comercial: Operadores especializados
Quizás el factor más conocido y que ya no puede ser considerado emergente es la existencia de las low-cost que han venido para quedarse, al menos mientras no se produzcan alteraciones importantes que fuercen a un cambio de modelo de negocio.
Menos conocidos sin embargo son otros entrantes que van llegando casi de puntillas. Uno de los más originales es precisamente la antítesis de las low-cost y que, en consecuencia, podríamos llamar justamente las high-cost airlines. Un ejemplo de este nuevo fenómeno es el siguiente:
http://www.eosairlines.com/flyeos/overview/home.jsf
EOS es una aerolínea de origen británico (véanse las imagénes del vínculo porque vale la pena) que tiene sus aviones configurados exclusivamente para clase business. Ese simple cambio permite ofrecer a sus viajeros, sin incremento de precio respecto de las aerolíneas tradicionales, una calidad de servicio incomparablemente superior. ¿Por qué? Un ejemplo:
En los tiempos en que Iberia era de propiedad y gestión estatal, Iberia se veía obligada a realizar vuelos que se sabía de antemano que no eran rentables. La pérdida producida por estos vuelos se enjugaba total o parcialmente mediante un aumento de precio en los vuelos que sí eran rentables. Naturalmente, en el momento en que entró competencia nueva y que no tenía estas servidumbres, esa competencia podía entrar directamente a los mercados más rentables y hacerlo a un precio más bajo que Iberia.
La situación de las high-cost es muy similar. Al no tener otro tipo de viajeros, no está cargando un sobreprecio que sirva para financiar ofertas dirigidas a otros mercados menos rentables y, al alinearse en precio con las que sí tienen ese problema, puede utilizar parte de la rentabilidad obtenida en mejorar espectacularmente el nivel de servicio.
Otro entrante que está llegando por la puerta trasera es el constituido por los llamados VLJ, siglas de Very Light Jets que, con un máximo de siete plazas, pueden operar con un solo piloto y desde aeródromos con mucha menor preparación que los aeropuertos tradicionales.
Véase un ejemplo http://www.eclipseaviation.com/ que dista ya mucho de ser único. Fabricantes ya muy establecidos como Cessna http://mustang.cessna.com/specifications.chtml o como Embraer http://www.embraerexecutivejets.com/english/content/aircraft/phenom100_home.asp están entrando en ese mercado que va a representar una auténtica revolución tanto desde el punto de vista operativo como desde el de seguridad.
Esto es lo que ha frenado algo más su desarrollo porque, como bien dicen los controladores, en el radar ocupa lo mismo un 747 con 400 personas que un VLJ con 4 personas si están compartiendo el mismo espacio aéreo controlado. La perspectiva de duplicar en muy poco tiempo el número de aviones -sea cual sea el número de plazas- que comparten el espacio aéreo controlado está conduciendo a buscar con urgencia solucionesa un previsible colapso del sistema en su configuración actual.
En cuanto a la operativa, a pesar de su relativamente bajo precio, los VLJ pueden operar en aeródromos con pistas mucho más cortas que las de los grandes aeropuertos y con mucha menor preparación ya que los aparatos, siendo muy pequeños, llevan una dotación tecnológica que les permite operar con mucha menor ayuda desde tierra de modo que, por ejemplo, un sistema de aterrizaje instrumental (ILS) muy costoso y que requiere una compleja instalación en el aeropuerto pueda ser sustituido por un GPS de alta precisión instalado a bordo del aparato.
A pesar de que los problemas operativos y de seguridad no están aún completamente resueltos, todos, tanto fabricantes como operadores, empiezan a tomar posiciones para llevarse parte de un pastel que promete ser muy grande y que, en buena parte, les será arrebatado a los operadores tradiciones.
Sin salir de España, empiezan a aparecer algunos operadores como Pepe Jets, ( http://www.neurope.eu/articles/79892.php ) vinculado a Globalia y que podríamos definir como LCPA (low-cost private aviation) con una flexibilidad mucho mayor que la de los operadores tradicionales y pudiendo darse la situación de que, si viajan tres personas juntas, sea más barato volar en esta modalidad de aviación privada que en una línea aérea tradicional.
Las low-cost entraron por la puerta principal y rompiendo los cristales; estos otros entrantes están llegando de puntillas y por la puerta trasera pero van a tener mucho que decir en el próximo futuro.
¿Cómo es su evaluación de rendimiento?
Ahora que estamos casi a fin de año y muchas organizaciones están cerrando el ejercicio, suelen producirse también las evaluaciones de rendimiento. Puede ser un buen momento para preguntarse si sirven para algo y si las prácticas que se utilizan en este terreno son adecuadas.
Respecto de su utilidad, creo que hay que empezar por un principio básico: Todas las organizaciones priman algo y las que no lo hacen también lo hacen. No cabe en este asunto la abstención; la omisión produce unos efectos tan claros como un sistema cuidadosamente diseñado. Un ejemplo:
¿Qué mensaje transmitimos si los sueldos se suben conforme a un convenio, no hay ningún tipo de diferenciación ni reconocimiento a los que lo hacen bien ni de reproche a los que lo hacen mal? Uno clarísimo y que es inmediatamente recogido: Da igual…y si da igual y van a conseguir lo mismo, las personas optan por la vía que les supone menos esfuerzo. Dicho de otro modo, si no diferenciamos entre personas que se comportan de forma distinta, estamos primando que exista un estándar común y que ese estándar sea el de menor esfuerzo y, por tanto, el más bajo. Por cierto, ésta es una lección que parecen no haber aprendido algunos ilustres pedagogos con sus diseños de sistemas educativos a pesar de que es muy básica.
Una vez que tengamos claro que por acción u omisión vamos a primar algo, parece claro que es mejor primarlo por acción pero, además, esa acción tiene que ser adecuada.
Sorprende, por ejemplo, el gran énfasis que se hace en un punto específico del proceso como es la entrevista de evaluación de rendimiento. No negaremos aquí su importancia pero la entrevista es un punto en el tiempo que tiene que ir ligada con un análisis de lo pasado y producir unos efectos en el futuro. Si estas condiciones no se producen, la entrevista de evaluación de rendimiento no sirve absolutamente para nada.
Hay quien entiende que, aunque así sea, siempre es positivo reunirse para comentar cómo ha ido el periodo evaluado y así puede ser una o dos veces pero, si no se producen unos efectos claros, nos encontraremos en una situación parecida a la de los experimentos de Elton Mayo en Hawthorne.
De modo casi accidental, Mayo descubrió que había introducido un factor extraño al tratar de determinar qué mejoraba el rendimiento. El efecto extraño era precisamente la atención prestada a un colectivo nada acostumbrado a muestras de atención, menos aún si esas muestras procedían de alguien con un estatus superior. Como el tiempo demostraría, las muestras de atención producen un efecto motivador…siempre que no se utilicen como una estrategia de motivación.
¿Motivo de la paradoja? Cuando la atención a las personas no nace de una inclinación genuina sino que pasa a ser un instrumento de una explotación más eficiente, esa atención puede incluso ser contraproducente porque es percibida -correctamente- como una forma de engaño. Algo parecido puede ocurrir con una entrevista de evaluación de la que no se deriva ningún efecto.
El énfasis, en mi opinión, no debería estar en la entrevista sino en cuáles son los instrumentos de medida que se van a utilizar, cuál es la relevancia de esos instrumentos de medida y qué efectos se producen como consecuencia de alcanzar unos u otros valores en las mediciones.
Cuando alguien dice -y hay quien lo dice- que el trabajo de los suyos es muy difícil de evaluar, se le puede ayudar con una sencilla pregunta: ¿En qué diferencias a uno que lo hace bien en su puesto de uno que lo hace mal? Su respuesta, sin duda, nos dará algunas claves para el establecimiento de los instrumentos de medida.
Hace poco tiempo, un directivo de una empresa afirmaba que, dados los cambios constantes en los proyectos, era muy difícil buscar criterios para evaluar a la gente pero, llevando al extremo esa línea de razonamiento, habría que concluir que no sólo no sabía quién era bueno en su trabajo y quién no sino que tampoco podía tener la más remota idea de cuanta gente necesitaba. Cuando alguien se enroca en una posición como ésa, sólo caben dos posibilidades: O es incompetente o está jugando sucio y está dando una excusa para eludir todo control y mantener una discrecionalidad total.
Un criterio básico de relevancia es que la unidad de medida esté claramente relacionada con el trabajo de la persona evaluada y que ésta pueda influir en los resultados de esa unidad de medida. De otro modo, no se consigue ningún efecto. Ejemplo: Hace varios años, el anterior presidente de Telefónica fue muy criticado por regalar una enorme cantidad de dinero bajo el epígrafe de stock-options a directivos de su empresa.
La iniciativa fue muy criticada y, como suele suceder cuando no se sabe muy claramente de qué se habla, lo criticado fue el mecanismo de las stock-options y no la desproporcionada cantidad de dinero que se había regalado bajo ese epígrafe. Como una forma de eludir las críticas, el presidente decidió que «stock-options para todos» y, al hacerlo así, terminó de redondear la chapuza.
Vaya por delante que las stock-options son un buen método de retribución siempre que se cumpla una condición básica: La persona que las recibe tiene una posición en la organización suficientemente relevante para afectar con su trabajo al valor económico de la empresa en el plazo al que se haya fijado la opción de compra de acciones. Cuando este modo de retribución se extiende a todo el personal, ha perdido todo tipo de especificidad e inevitablemente es visto por muchas personas -con toda la razón- como una especie de lotería que puede o no tocar con independencia de que se haya trabajado bien o no.
Ni uno ni otro de los casos señalados corresponden a empresas muy pequeñas lo que muestra que las grandes organizaciones también cometen errores básicos. Tratar de responder a ese problema sólo mejorando la técnica de entrevista es rascar la superficie sin entrar a fondo en el asunto. La clave está en tener los criterios adecuados de medición y en los efectos de la medición. Mientras no se entre ahí a fondo, el resto son juegos florales.
Artículo de Learning Review España
Implantación de tecnología y modelo del rumor
El valor de la resistencia a la presión (Alonso .vs. Hamilton)
Aún recuerdo un partido de tenis, una final de Roland-Garros, entre McEnroe y Lendl donde McEnroe ganó los dos primeros sets y, a pesar de ello, Lendl se impuso ganando tres sets y el partido.
Los entendidos del tenis hablaban de la capacidad física y de la resistencia de Lendl pero había algo mucho más asombroso que todo eso: La capacidad de funcionar bajo presión.
Más recientemente, hemos tenido varios recitales de funcionamiento bajo presión en la Fórmula-1. A estas alturas, no se sabe quién ganará finalmente el campeonato pero sus protagonistas destacan por algo más que por conducir deprisa y es, precisamente, por su capacidad de resistencia a la presión.
Fernando Alonso demostró de lo que era capaz cuando aguantó varias vueltas pegado a su rueda al varias veces campeón del mundo Schumacher sin descentrarse y haciéndose con la carrera. No hace mucho, él mismo actuó como Schumacher corriendo tras su compañero de equipo Hamilton que también le aguantó la embestida.
Las apuestas y las presiones han subido porque ya no solamente son las que se dan en el circuito sino alrededor de él. El feo asunto del espionaje de Ferrari, la preferencia descarada del patrón de McLaren por uno de los pilotos y el enfrentamiento abierto por ese motivo con el otro, dos pilotos rapidísimos con coches idénticos gracias, entre otras cosas, al espionaje en el interior del equipo merced a una negociación poco hábil por parte de Alonso…
¿La salida de pista de Hamilton hay que ponerla en la lista de las «cosas que pasan» o atribuirla a una mala decisión motivada por una presión creciente? ¿En qué situación se encuentra un Alonso que no se fía -con razón- del equipo en el que está que se inclina abiertamente hacia su contrincante? Incluso la propia FIA está ejerciendo como árbitro casero con sus diferencias en el trato a la hora de remolcar un coche según sea pilotado por uno u otro.
Sin duda, la suerte también va a jugar su papel en lo que queda de campeonato pero hay una absoluta igualdad en los vehículos y una virtual igualdad en la capacidad de los pilotos para conducirlos con rapidez.
La resistencia a la presión va a jugar un papel clave aunque es cierto que la presión que sufre uno y otro es de un tipo y de una intensidad distintas: Alonso se encuentra rodeado, no ya de adversarios sino de enemigos. Si, en ese contexto con todo contra él, consigue hacerse con el título, no habrá demostrado ser un gran piloto (eso ya sabemos todos que lo es, al igual que también lo es Hamilton) sino que demostrará ser capaz de sobreponerse a cualquier cosa.
Si es Hamilton quien se lleva el título, inevitablemente quedará ahí la idea de que «así se las ponían a Felipe II», con su patrón y padrino ayudándole y con la FIA consintiéndole cosas que a otros no le admiten y permitiéndole marcharse de rositas tanto del espionaje de Ferrari como de una conducta cuestionable en la pista.
Sin embargo ¿qué ocurre si Hamilton no se lleva el título? Probablemente asistamos a un rápido desinflado del personaje porque si, con todo a su favor, no es capaz de hacerlo ¿será capaz de resistir en unas circunstancias más adversas, incluso aunque no sean siquiera comparables como las actuales de Alonso? Difícilmente nadie creería ya en Hamilton, ni siquiera el propio Hamilton.
Vale la pena seguir el desarrollo de los acontecimientos. Hace tiempo que esto ha dejado de ser un duelo de tecnología y de caballos en el motor para pasar a serlo de voluntad y, lamentablemente, también de navajazos.
En un libro de Asimov dedicado a divulgar temas científicos, contestaba a la pregunta de «¿Qué ocurre si una fuerza irresistible impacta con un objeto inconmovible?» contestaba, con gran sentido común, que en un universo que existiera una fuera irresistible no podía existir un objeto inconmovible y viceversa. Prácticamente, contestó más en términos del significado de las palabras que en términos científicos.
A todos nos gustaría, en un duelo como el de Alonso y Hamilton, contemplar un choque como el que planteaba el interrogador de Asimov; sin embargo, es de esperar que el final de temporada se cierre con un conjunto de escándalos y reclamaciones sobre asuntos que ya, estando el final más lejos, se han podido ver como, por ejemplo, manejar las paradas en carrera por parte del equipo McLaren-Mercedes de forma que Hamilton no pudiera ser adelantado.
El duelo de voluntades siempre es interesante, no sólo en la Fórmula-1 o en el tenis sino también en el mundo empresarial (véase el caso de Manuel Pizarro y su defensa numantina de Endesa, por ejemplo) pero es frecuente que ese hermoso espectáculo se diluya en la ciénaga del juego sucio, la trampa y el navajazo.
Más sobre el libre mercado: Los autobuses de Santiago de Chile
Hace tiempo que no voy por allí y, por el bien de sus habitantes, espero que algo haya cambiado porque lo que voy a relatar se refiere a la situación de hace tres años.
Este caso es otra anomalía del libre mercado como la que contaba en el «post» sobre Afinsa y Forum Filatélico (https://factorhumano.wordpress.com/2007/10/01/afinsa-forum-filatelico-y-el-libre-mercado/ ) o, tal vez habría que matizar, de lo que ocurre cuando un mercado es parcialmente liberado y eso da lugar a situaciones casi peores que las de total monopolio.
Al visitante, Santiago de Chile le llama la atención por dos cosas:
- Es una bella ciudad dominada por los Andes al Este y cuya belleza es en parte estropeada por la calima provocada por una inversión térmica casi permanente.
- Hay un nivel de ruido infernal. Nótese que quien dice esto es nacido en Madrid que no está precisamente entre las ciudades más silenciosas del mundo.
Sobre la belleza, poco se puede hacer tanto si la ciudad la tiene, como es el caso, como si no pero los principales causantes del ruido son los autobuses. Cantidades ingentes de autobuses amarillos se podían ver por las principales avenidas de Santiago, la mayoría de ellos cayéndose a trozos y la mayoría de ellos a unas velocidades más propias de un circuito que de una gran ciudad.
¿Por qué? Una pretendida liberalización que permitía a cualquiera que tuviera un autobús pintarlo de amarillo y dedicarlo al servicio urbano con el compromiso de cobrar un precio establecido.
Había compañías que tenían uno o dos autobuses y llegaban a competir en velocidad con autobuses de otras compañías que hacían la misma ruta para recoger a los pasajeros en la parada antes que el competidor; se decía que, por eso, los conductores de autobús odiaban a los niños y a los ancianos por el tiempo que les hacían perder.
No resulta muy difícil de imaginar que, al mismo tiempo que este espectáculo se daba en las principales arterias de la ciudad, es muy probable que hubiera zonas que no le interesasen a nadie y, simplemente, quedasen sin servicio de autobús.
Si se preguntaba a cualquier ciudadano, era casi seguro que la respuesta que se iba a tener sobre la razón de esa situación era «la liberalización» que pasaba así a ser la culpable de todos los males. Por supuesto, para que la liberalización hubiera sido auténtica, faltaba otro componente: La libertad en el establecimiento de precios. Obviamente, una ciudad no puede tener miles de autobuses de forma que cada uno tenga un precio distinto pero sí podría fijar precios de acuerdo, por ejemplo, con un código de colores.
Cada dueño de autobús podría pintar su autobús del color que prefiriese sabiendo que ese color iba asociado a un precio y, a partir de ahí, a ver quién se hace con más mercado. Las rutas que no están bien servidas podrían pasar a estarlo si se utiliza el color que representa el precio más alto y en las más frecuentes, en lugar de competir en velocidad entre autobuses igualmente maltratados, cada uno podría elegir la comodidad asociada a un precio.
En Madrid existió hace años algo similar -los microbuses- que pretendían ser algo a caballo entre el autobús y el taxi. Se trataba de autobuses más pequeñosy más cómodos que hacían las mismas rutas que los autobuses grandes a un precio más alto. Como en el caso de Santiago, era una liberalización de mentira. Puesto que la ciudad, en aquel entonces, no tenía suficientes autobuses para sus necesidades, el ciudadano que estaba en la parada simplemente se limitaba a subirse al primero que llegaba, sabiendo que si era un microbús le costaba más y que, si hacía tiempo que el autobús «normal» no había pasado, el microbús iba a ir igualmente atestado. Finalmente se quitaron.
Con este tipo de situaciones, creo que se puede concluir que no existe una liberalización a medias. Un mercado está o no liberalizado pero no está «un poco liberalizado» del mismo modo que no se puede estar «un poco embarazada». Este tipo de experiencias, presentadas como liberalización, acaban trayendo lo peor de dos mundos: Lo peor del monopolio y lo peor de una situación de competencia extrema.
Modelo de mejora organizativa «El padrino»: «Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar»
Cualquiera que lea esto es muy probable que sepa perfectamente que es un «Q». Para quien no lo sepa, «Q» es el acrónimo de «quarter», es decir, trimestre.
La importancia de la Q o «el Q» en masculino consiste en lo que implica: Todas las grandes empresas presentan sus resultados por trimestres, no por años, y un «profit-warning» indicando que las cifras de resultados en el trimestre van a ser peores de lo esperado tiene tintes casi trágicos.
Si nos queremos consolar, todavía nos podemos dar con un canto en los dientes porque no llegamos al extremo de la televisión con su «share» minuto a minuto pero, si no nos ponemos calderonianos y no nos basta con aquello de que «mas al volver la cabeza halló la respuesta viendo que iba otro sabio cogiendo las hierbas que él arrojó», nos daremos cuenta de que todo es un despropósito.
Se hacen grandes odas a la sostenibilidad y al largo plazo pero, al mismo tiempo, lo que importan son los objetivos trimestrales. Algunas empresas intentan introducir un factor de corrección mediante el uso de incentivos vinculados a los resultados a largo plazo como, por ejemplo, «stock-options» pero la presión hacia el corto plazo es muy intensa.
En este demencial contexto, hace ya años que trabajan algunas empresas dedicadas a conseguir «mejoras de productividad» y que, para ello, utilizan como gancho comercial algo muy parecido a la célebre frase del Padrino: Le voy a hacer una oferta que no podrá rechazar.
¿Cuál puede ser esa oferta? Por ejemplo, garantizarle a alguien que se le van a rebajar en un 15% anual sus costes operativos y, a cambio, cobrarle sólo el ahorro del primer año.
En principio, la oferta podría ser perfectamente legítima pero a menudo no lo es y juega con el énfasis en el corto plazo y la determinación de las cargas de trabajo.
Un ejemplo sencillo aplicado a un único puesto: Supongamos que alguien se dedica en su puesto a atender a clientes y a archivar documentos. Está claro que no se puede dejar que una cola crezca en un mostrador salvo que uno sea Ryanair o similar. En esos casos, el cliente ya lleva el mal servicio descontado a cambio del bajo precio pero, afortunadamente, no es lo habitual.
El analista, al determinar la carga de trabajo, contará con que el archivo puede esperar y se «olvidará» de esa función asignándole un tiempo marginal. Si esta misma operación se repite en un conjunto de puestos de trabajo, se acabará encontrando que, con las cargas actuales de trabajo sobran 5…o 50 personas.
Una vez que la organización empieza a funcionar con el nuevo modelo, el analista cobra su factura y todo queda liquidado. Pequeño problema: Esas cosas que no requieren ser hechas con urgencia pero que necesitan un espacio empiezan a ir acumulándose hasta que crean incidentes más o menos graves. Solución habitual: Volver al modelo anterior pero con menos dinero en caja -el cobrado por el asesor- del que había antes.
Simplemente, se ha jugado con el tiempo y se han optimizado los resultados a corto plazo a costa del medio y largo. Si las empresas no estuvieran tan sensibilizadas a esa práctica, no aceptarían este tipo de ofertas: Es como quien tiene hambre y resuelve el problema comiéndose su propio brazo.
Falsas selecciones o la pesca en el río revuelto de la desesperación
¿Qué ocurre cuando alguien acude a un supuesto proceso de selección y acaban diciéndole que ha sido seleccionado…para pagar un joining fee o cuota de enganche sin una contraprestación clara?
La situación no es nueva y la «creatividad» se parece mucho a la que se produce en el mundo del transporte cuando a alguien le venden un montón de chatarra a precio de oro con la excusa de que, a cambio, le van a dar trabajo como transportista. El trabajo nunca llega o se paga a unos precios ínfimos pero el dinero sí se ha pagado.
Ese mismo modelo se está transplantando ahora al mundo de los servicios. De repente, alguien pide a un consultor con muchísima experiencia en el ámbito X para trabajar proyectos. Naturalmente, ésa es una oferta que interesa a todo aquel que trabaje total o parcialmente como «freelance» pero, al llegar al proceso de selección, se encuentra con que éste se ha transformado en una «sesión informativa» compartida con un conjunto de personas de similares características.
En la «sesión informativa», los «candidatos» se encuentran con que, «en caso de que sean seleccionados», les exigirán el pago de una cantidad de cierta importancia. A cambio de esta cantidad, recibirán un curso inicial y…una tarjeta que les permita identificarse como miembros de una prestigiosa institución pero que no conoce absolutamente nadie.
Se supone que los asociados se comprometen a pasarse negocio unos a otros ya que confían ciegamente en la elaborada metodología de la prestigiosa institución y-pequeño problema- las tarifas utilizadas son bastante bajas, mucho más bajas si se tienen que compartir entre el referente y el que ejecuta el trabajo.
En unos pocos meses, he conocido dos nombres comerciales que funcionan con este sistema. Ni que decir tiene que en ambos casos decliné el «honor» de ser seleccionado.
Hay que estar muy desesperado para pretender pescar en esas ciénagas.
Afinsa, Forum Filatélico y el libre mercado
Me encontraba leyendo «Basic Economics», probablemente la defensa más brillante que puede encontrarse del modelo de economía liberal (pondré la reseña cuando acabe de leerlo) y, como de costumbre, a medida que leo el libro voy discutiendo con él.
El libro me ha recordado un caso más que conocido en España, Afinsa y Forum Filatélico, y me preguntaba qué nos enseña ese caso sobre el modelo de libre mercado.
Hace ya muchos años, lo que indica que me voy haciendo mayor, tuve ocasión de conocer a fondo Afinsa y a algunos de los personajes que hoy aparecen como taimados estafadores.
En particular, conocí más a dos de ellos, Juan Antonio Cano y Vicente Martín Peña, y me resulta difícil pensar de ellos que fueran unos estafadores. Bastante distintos entre sí, tenían, no obstante, un punto común: Eran sumamente rígidos, cosa que no suele ser precisamente la carta de presentación de un estafador. ¿Por qué se llegó a lo que se llegó?
Empiezo por una opinión: Creo que pusieron en marcha un mecanismo que les rebasó. Dejando de lado ahora las opiniones, intentaré detallar al máximo el funcionamiento de Afinsa que, creo, es aplicable punto por punto a Forum Filatélico:
La idea de negocio era atractiva de puro simple: La filatelia de buena calidad es escasa y es pagada a un buen precio por los coleccionistas. Si centran su esfuerzo en filatelia especialmente escasa, pueden conseguir que su revalorización en el mercado del coleccionismo vaya subiendo. Por tanto, todo consistía en elegir bien el tipo de sellos, retirarlos del mercado y esperar. Recuerdo que Juan Antonio Cano decía que «este es un negocio muy sencillo y hay que ser muy tonto o tener muy mala leche para hacerlo mal».
Además de esto, Afinsa confesaba que vendía por encima del precio de mercado en un 30% y lo justificaba diciendo que su objetivo era que sus sellos no retornasen al mercado sino volver a comprarlos, es decir, ser la mejor oferta para el vendedor que quiere liquidar su inversión y repetir el ciclo.
Simple y fácil de mantener indefinidamente en el tiempo pero tiene algunas debilidades:
- La filatelia escasa es, valga la redundancia, escasa y eso implica que nadie puede montar una gran empresa basándose en ella.
- El valor de referencia de la filatelia es lo que el coleccionista, que es el consumidor final, está dispuesto a pagar.
Ninguna de esas dos debilidades habrían tenido mayor importancia si Afinsa y Forum se hubieran conformado con un tamaño pequeño. No lo hicieron; ése fue su gran error. ¿Cuáles fueron las consecuencias?
- Se vieron obligados a introducir en la rueda filatelia que ya no era tan escasa. Afinsa comenzó trabajando con serie Europa con 10 años de antigüedad, empezó ampliando a 5 años para, finalmente, trabajar con casi todo tipo de filatelia con la única condición de que estuviera controlada su emisión. Se rechazaban las series básicas o la filatelia de países que no destruían el molde y, en cualquier momento, podían inundar el mercado de un determinado modelo de sello.
- Una vez que Afinsa y Forum crecieron, el valor de referencia de mercado no era lo que un coleccionista estaba dispuesto a pagar. ELLOS eran el mercado ya que la inmensa mayoría de las transacciones eran las realizadas precisamente por ellos mismos.
A partir de ese momento, sus iniciadores se vieron pillados en un sistema piramidal que, casi con total probabilidad, habían iniciado sin ser conscientes de haberlo hecho.
Cuando se produjo la intervención y el escándalo consiguiente, se dijeron numerosas tonterías. Por ejemplo, se llamó a «expertos» que afirmaron que estaban vendiendo los sellos muy por encima del valor de mercado. ¿De qué mercado? Se había llegado a una situación donde lo que quisiera o no pagar un coleccionista era totalmente irrelevante porque la gran masa del mercado, y que establecía los precios, estaba compuesta precisamente por los dos principales actores implicados.
Miembros de Afinsa, entre ellos los citados, defendieron que Hacienda los había tratado como una entidad de inversión que tenía que mantener unas reservas como respaldo del dinero recibido cuando eran otra cosa. En realidad, ellos no tenían por qué mantener reservas, como en el caso de un Banco, porque el cliente se llevaba consigo aquello por lo que había pagado, es decir, no era una operación de depósito sino una compra con garantía de recompra futura.
En rigor, es cierto. Sin embargo, en una situación donde el mercado habían llegado a ser ellos mismos estableciendo los precios de venta sin ninguna referencia real externa, la «inversión en tangibles» era cualquier cosa menos tangible. El sello valía lo que alguien, que era a la vez operador en un mercado y el mercado mismo, quisiera decir que valía.
Por supuesto, en el momento en que se produce la intervención, se dispara el pánico y todo el mundo quiere saber lo que vale «realmente» la filatelia que tiene en su poder. Sin embargo, eso significa recurrir a una referencia externa que hacía tiempo que era marginal, es decir, lo que pagaría un coleccionista. Por añadidura, con un mercado inundado de filatelia que había desaparecido del mercado, los coleccionistas están dispuestos a pagar mucho menos lo que provoca un hundimiento de ese mercado primario.
¿Podría haberse actuado de otra manera? Sin ninguna duda. Desatar el pánico como se desató pudo venir bien para tapar otras historias pero dejó a casi medio millón de damnificados. Haber obligado a ambos operadores a que fueran ajustando progresivamente sus precios -aunque conservasen el sobreprecio confesado del 30%- a la única referencia externa, es decir, el mundo del coleccionismo habría supuesto años de trabajo discreto pero habría evitado la inundación del mercado y la ruina de empresas y particulares.
¿Se debe exigir responsabilidad al Estado y al Gobierno de turno? Tal vez sí al Gobierno por la torpeza con que manejó el asunto provocando con su acción un enorme daño patrimonial pero ¿al Estado?
El Fondo de Garantía de Depósitos está hecho para garantizar la solvencia de instituciones que reciben dinero a cambio de nada pero no para garantizar el hecho de que alguien haya hecho una mala compra y éste era el caso.
¿La inacción era una opción? No, salvo que se esperase que la burbuja le estallase a otro y sacar ventaja política de ello. Hubo un precedente de estas dos empresas, Cafisa, que muestra qué cosas pueden ocurrir. Cafisa era un modelo de negocio igual a Afinsa y Forum Filatélico que quiso hacer las américas. Le pilló la subida del dólar de la época Reagan y eso afectó también a su negocio filatélico.
El sistema piramidal puede seguir engordando casi indefinidamente pero, cuando la empresa decide meterse en otros negocios -por ejemplo, arte o inmobiliario- éstos agravan la situación de riesgo y pueden provocar un desplome súbito. El riesgo, por tanto, iba creciendo y había que intervenir. Otra cosa es que tuvieran que hacerlo como el hipopótamo en la cacharrería.
¿Qué lección podemos sacar de aquí? No jugar con nuestro dinero en mercados que son poco transparentes salvo que seamos unos auténticos entendidos en el funcionamiento interno de esos mercados.
El modelo de Afinsa y Forum cambió un mercado. La referencia dejó de ser el coleccionista para pasar a ser ellos mismos. Si ese hecho se desconoce, el inversor está perdido y el gestor, llevado por su ambición de crecimiento, creyó haber descubierto un filón y ser más listo que nadie. Al final, se encontró con un tigre cogido por el rabo y la torpeza del regulador quiso romper la situación con una escopeta pero, en lugar de dispararle al tigre, le disparó al que iba agarrado al rabo. ¿Consecuencias? Las ya conocidas.
Aportaciones de la consultoría
Hace ya años, trabajaba en una de las compañías componentes del entonces «Big Eight» y un chiste bastante común consistía en decir que los consultores no hacían huelga porque no se iba a notar y se llegaría a la conclusión de que no servían para nada.
Obviamente, es un chiste y la consultoría tiene un hueco muy claro en el mundo empresarial: Del mismo modo que cuando alguien quiere un vaso de leche no se compra una vaca, hay momentos puntuales donde se necesitan conocimientos específicos que, en circunstancias normales, no son necesarios para el normal desenvolvimiento de una organización.
Éste -introducir temporalmente un tipo de cualificación que no se necesita permanentemente- es un uso funcional y plenamente legítimo de la consultoría pero, desde luego, no es el único.
En uno de mis primeros trabajos de cierta envergadura, recuerdo que me tocó el diseño de un plan de formación para la Alta Dirección de una de las mayores empresas españolas. Yo era el «experto» aunque puede decirse que acababa de estrenarme en Primera División y llevaba conmigo a una consultora recién llegada y recién salida de la Facultad.
Al llegar, nos encontramos a un Director de Formación que, muy claramente, conocía a fondo su oficio y nos miraba con cierto escepticismo. En un momento, apareció nuestro jefe y dio una charla contando, por ejemplo, que cosas como los planes de carrera estaban pasados de moda (año 1987) mientras nuestro cliente le miraba sin decir nada.
Al día siguiente, me llamó aparte para decirme: «Mira, tu jefe tiene mucha experiencia y le puedes enviar a organizar un partido de fútbol y lo hará bien; le puedes enviar a organizar una corrida de toros y también lo hará bien…pero, por favor, que no pretenda dar clases de fútbol o de toros porque entonces ya se le nota mucho que no sabe de qué habla».
Tenía toda la razón. A lo largo del proyecto, mantuvo una posición secundaria en las presentaciones públicas pero estuvo moviendo los hilos todo el tiempo. El proyecto fue un éxito y fuimos felicitados pero me quedó una inquietud: ¿Para qué nos necesitaba este hombre?
Respuesta funcional: Para nada. Respuesta práctica: Se trataba de presentar un plan para unas personas que estaban varios niveles organizativos por encima de él y donde se jugaba el cuello. Buscaba simplemente tener un seguro, es decir, un sello de una empresa externa conocida que le sirviese de parapeto a la vez que se aseguraba de que las cosas salían como él quería.
¿Cuánta consultoría se vende apoyándose en una lógica estúpida de que el que está más arriba es más listo y, por tanto, el que está más abajo no se atreve a asumir determinados riesgos? No culpo al Director de Formación; hoy, con bastante más experiencia, puedo decir que habría hecho lo mismo en su lugar. Culpo a un modelo generalizado de funcionamiento organizativo que presupone que no pueden venir de abajo las soluciones y que, como toda profecía autocumplida, consigue que así sea.
Hay otro caso igualmente antifuncional: Organizaciones que, debido a su modelo de funcionamiento interno, son incapaces de realizar proyectos que puedan requerir una movilidad funcional o geográfica, incluso cuando ésta sea temporal o, peor aún, que requieran una dedicación que nadie está dispuesto a aportar.
Bienvenida sea la consultoría cuando aporta lo que debe aportar: Una capacidad que no se necesita durante todo el tiempo. El resto, y puede ser mucho, se debe a modelos de funcionamiento organizativo perversos y que tratan de poner parches a su propia incapacidad en lugar de resolverla.

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